Dani✨
“Estoy bien,” dijo la bruja asintiendo con la cabeza, una sonrisa tonta asentada en las comisuras de sus labios; la realidad era que estaba más que bien, el suave tacto de Avalon la hacía sentir reconfortada y segura, así como jamás nadie la había hecho sentir. “El té puede esperar.” Salió de inmediato de su boca y un sonrojo en sus mejillas pronto se apoderó de su rostro al escuchar qué tan desesperada se encontraba. Rezó a todos los dioses de los cielos por que Avalon no lo hubiese notado, pero al estar tan cerca la una de la otra era obvio que la hada habría de haber notado la manera en la que sus manos la sostuvieron con más fuerza para que se quedara en sitio. “¿Huh?” Se separó de la contraria momentáneamente cuando sintió algo entre las piernas. Al bajar la mirada, la bruja se encontró a su gato quien daba pequeños brincos. “Gato tonto, ¿no ves que estoy en medio de algo importante?” Le habló así como si nada, sabía que Avalon no la juzgaría por verla entablar conversación con su mascota. “Vete por allá, ándale.” Trufa maulló y para que no hubiera más problemas, la bruja conjuró unas mariposas de papel brillante que revolotearon llamando la atención del minino quien las persiguió animado hasta la sala. “Quiero besarte un ratito más…” Murmuró antes de ponerse de puntillas, deteniéndose cuando sus labios contactaron contra los de Avalon, podía sentir su aliento pegándole en la mejilla. “Si eso es lo que quieres…”
Avalon contempló la escena en silencio, acaso riendo con suavidad. No podía culpar a Trufa, estaba acostumbrado a ser el centro de atención, como todo felino. Se quedó boquiabierta al ver las mariposas revoloteando, un simple reflejo de las sensaciones que llevaba por dentro, pensó. La magia de Danielle le parecía maravillosa. “No sé cómo haces esas cosas, pero creo que son hermosas.” sonrió. En otro momento se habría guardado esos pensamientos, pero este parecía el día para sincerarse con Danielle. Ante las palabras de la bruja, ella no pudo más que reír con nerviosismo. Vaya, al parecer no era la única con un impulso de valentía. Sintió el calor invadir su rostro, y su corazón latió deprisa ante la idea de seguir besando a la chica. “Claro que sí.” dijo casi de inmediato. Qué importaba si lucía como una desesperada. Realmente lo estaba. “Quiero que me beses todo lo que desees.” replicó, cerrando los ojos, embriagándose con el perfume de Danielle. Sus manos acunaron el rostro de la chica, tal como alguna vez había esperado poder hacerlo.
















