caelan.
“Confiaré en ti, tienes cara de ser buena onda.” sonrió. Su madre lo estaría regañando si viera la facilidad con la que confiaba en la gente, pero Caelan no podía evitarlo. Veía a la gente y para él todos eran colores brillantes y hermosos. El mundo era maravilloso. Tomó la mano de la chica, besándola cual caballero en aquellas historias de antaño. “Hola, Danielle.” guiñó un ojo. “Mi nombre es Caelan, Bee para los cuates. Así que puedes decirme Bee.” asintió. “Sí, la guitarra, y la batería. Puedes imaginarte lo felices que estaban mis padres cuando practicaba. ¿Y tú? ¿Cantas o algo así?”
“¿Tengo cara de ser buena onda?” Repitió con una risilla, de tantas cosas que había escuchando en su estadía en el reino, esa era nueva y había conseguido alegrarle el día. “Oh vaya, eres todo un caballero,” dijo con un sonrojo en las mejillas al el joven haberle besado el dorso de la mano, Danielle sólo había leído de cosas así en libros de cuentos. “Pues, sólo en la ducha. No me animo a cantarle a nadie porque no creo que sea nada especial. Me gustaría mucho a prender a tocar el ukelele.” Asintió recordando el pequeño instrumento que se había conjurado ya hacía unos meses pero que se había quedado arrumbado en un rincón de su habitación. “El problema es que no tengo a nadie que me enseñe.”















