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𝄢 you can call me Arista I’m 20+ yrs old ♎️ Thai 🇹🇭
𝄢 I was into this franchise since I was little 🤏🏻 It’s kinda dead fandom here where I’m living. Then university hit so hard I became normie for 4 years 🙈 BUT i’m back now!
𝄢 Aries Mu is my bias he’s so pretty so sweet so perfect🐏✨. But the ship i’m in is Camilo💜💙 I LOVE THEM
𝄢 suck at arts but will create more hehe ;)
𝄢 now I’m back to exploring other fandoms, I might post some stuff from the other shows
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Deja que la luna se torne roja.
Famine
El crepitar de las antorchas marchando por el frondoso camino a la torre simulaba los rayos del cristo redentor por la mañana, cálidos y acogedores, aunque con intenciones equivocadas.
Entre la muchedumbre las palabras rudas se soltaban entre los dientes filosos, los rostros furiosos de los pueblerinos danzaban entre sombras mientras cruzaban el puente hacia aquella guarida que por milenios vio los astros extinguirse y los árboles crecer y florecer, ahora, iban con la intención que ese rito infinito llegara a un fin.
Un hombre con barba fue el primero en llegar a la vieja puerta de madera, con las bisagras tan oxidadas que ni el aceite podría aflojar su rechinar. Dio tres golpes coléricos contra las vetas de la entrada, sacudiendo la placa haciendo que de uno de los balcones emerja una figura.
El escándalo se hizo afasia y entre el silencio resonante, aquella criatura de largo cabello negruzco se asomó envuelto en un paño negro, como si estuviera de luto eterno. Sus ojos rojos paralizaron a la horda, expectantes ante su reacción. Solo obtuvieron eso, una mirada llena de desasosiego y resentimiento, pero ni un otro movimiento de aquel hombre.
—¡Baja ahora, monstruo!
Una voz logró tomar valor, motivando al resto a elevar sus hachones.
—¡Bestia!
—¡Engendro!
—¡Fenómeno!
Rodó los ojos para dar media vuelta, volviendo a entrar a su torre cuando un rugido partió el cielo como un rayo y lo hizo detenerse.
—¡Vampiro!
Aquel hombre, si podía llamarse así, salió de nuevo, esta vez con la capa entre los hombros, mostrando su vestimenta oscura y elegante a los pueblerinos, se veían turbulentos ante su presencia y él solo sonrió mostrando los colmillos.
—¡Devuelve a nuestro líder, chupa sangre!
—¿Qué les hace creer qué él quiere regresar?
La risa se le escapó de los labios, resonando por las montañas, intimidando a más de uno, entre sus carcajadas miró hacia dentro, donde la figura desahuciada de su compañero lo observaba con bruma en las pupilas. Levantó una mano para acercarlo a él, el cabello rubio como el oro brilló bajo el clamor de la luna, sus ojos apagados reflejaron las estrellas y entre los rasguños de su cuello los dos depresiones verticales adornaban su piel canela.
—Es un poco tarde para eso.
Los gemidos de asombro se ahogaron en sus garganta, pudieron ver el azul de la realeza hacerse plata, igual que la luna, sus ojos también se tornaron carmín y mirando a su verdugo aspiró aire lento y depravado, con un hambre que le calaba desde las entrañas y que no podía saciar.
—Mu…
Lo llamó buscando su consuelo, el pelinegro le acarició los rizos plateados y con una suave sonrisa apuntó al sur.
—¿Hambre, Saga? —El mártir asintió despacio —Allí tienes comida, ve a saciarte hasta que tus garras y dientes se tornen vino.
Lo último que se escuchó esa noche fue el carbón restallar sus últimas chispas y los gritos de horror bajo el cielo nocturno ante el nacimiento de la segunda criatura.
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Hi I'm deeply sorry to ask this but I'm sharing my commission for important matter (I got myself cut living expensive by parents and I might not get enough to pay for studies and medical help)
So I'm sharing them in case anyone is interested to commission me it would be a pleasure to work on it and even get a little help (I'm ashamed to share that but I'm in a situation I can't it ignore)
sharing some example of my works
I appreciate the time you took to read this,contact me for further information
i have forgotten to upload the alone/tenma & just regular alone art onto here MY BAD (i was reminded bc i’m trying to work on this comic & i went huh…. did…. i upload my new alone art? (no i did not) i’m behind on uploading stuff
the 2nd alone/tenma art is a base btw! i was having minor artblock when i made that one
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A veces el mundial es buena excusa.
—Qué caripela.
Daidalos llegó con el café a medio tomar, si ya tenía la jeta torcida ahora parecía que lo había pateado un caballo, todas las arrugas se acumulaban entre las dos cejas y el mentón estaba tenso, Asterión podría jurar que si fuera de piedra estaría todo quebrado por la fuerza que estaba haciendo.
—Déjame adivinar, te viste con un canario.
—Es más pesado que locro en enero, no me lo puedo sacar de encima —Se frotó la sien completamente agotado y ni siquiera había empezado la clase.
—Dicen que cuando ves a alguien nuevo te lo encontrás en todos lados, aunque no me sorprende, el loco va con nosotros a las mismas materias, seguro que lo ves mínimo dos veces más a la semana.
—A este paso me doy de baja de una materia.
—Andá, exagerado, no les des bola al pibe, teneme el café que imprimo y subimos.
La clase de diseño industrial era lo único que le podía sacar el malhumor de la mañana. Las clases donde su cabeza decidía explorar rincones creativos que llegaban de madrugada, con la pava sobre la hornalla y los bizcochitos de grasa, solo él y su lápiz junto al compás de los trazos suaves de su ingenio. El café le había reactivado las neuronas y Asterión prácticamente abrazados a él, medio sueño, medio friolento, se juntaron los dos con cara de pocos amigos a escuchar la clase.
Dos mesas más atrás, en otro grupo docente, Albiore sentía que se le cerraban los ojos. Estaba cansado, se había hecho el boludo todo el fin de semana y ahora sufría las consecuencias, pero no era su culpa, había estado rato largo cargando a todo país que había perdido o empatado en el mundial, además se había estado intercambiando figuritas con unos primos y ahora, en la clase de diseño, que poco le importaba el pasar del tiempo y los temas del país no eran de suma importancia como lo eran en su cabeza, así que con un mate en la mano y dos horas de sueño fue a cursar mientras Babel le comentaba como una abejita sobre el partido de España y él tenía los ojos fijos en aquel tucumano que parecía mil veces más descansado, lo había notado mientras todavía estaba manija, ahora, le gustaría estar con el Diego.
—¿Qué onda, pa? Todavía con la almohada en la jeta.
—Babu, estoy más cansado que padre en cumpleaños, pero que partidazo el de Japón.
—Se te ve arruinado —Dos golpecitos en la espalda le hicieron agarrarse la cabeza.
—Y mañana juega la escaloneta.
—¿Nos juntamos o tenés cita con tu amorcito?
Fue en ese instante cuando se sintió Ricardito Ford, iluminado frente a la realización que podía hacer una juntadita.
—Sos un genio, Babu.
Tan pronto dieron receso Albiore saltó del banco y agarró a Asterión de la capucha del buzo, el muchacho lo miró como si fuera a navajearle el cogote, pero se relajó al ver quien estaba parado frente a él.
—Que te pasa, salame.
—Bueno, che, ni un hola. No nos hablamos desde primero.
—Motivos nos sobran, Ballenato.
—Daaale. Encima que venía con la buena onda de juntarnos un ratito mañana.
—Es el partido —Asterión dijo y notó que Daidalo lo estaba viendo desde la puerta —No te voy a dar el número o me las corta, Albiore.
—Nooo, no papá, no va por ahí, cuchame —Le dijo mientras sacaba el teléfono —Mañana juega Argentina a las diez, no conozco a nadie que curse de noche y estaba planeando con Babel de juntarnos en mi depto a ver el partido porque queda cerca de acá a la uni y de ahí cada quien ve si se quiere rajar a su casa o si hacemos viajecito escolar en el 37. Traemos una birritas, pedimos empanadas y la pasamos bien un día en mitad del cuatrimestre, ¿cómo te queda el moño?
Asterión pareció premeditarlo al menos diez segundos, la idea le venía joya, más porque significaba no levantarse a las cinco y llegar a horario a la facultad y si convencía al tucumano amargo que tenía de amigo, el rubio le iba a besar las manos. Dos pájaros de un tiro no era algo que quería desperdiciar.
—Deja que le consulto a don amargo.
—Sisi, tenés mi número, mandame cualquier cosa.
Albiore miró a Daidalos quién ya parecía denso como remar en dulce de leche, le guiñó un ojo y le dio un codacito de despedida a Asterión quien seguía pensando mientras se acercaba a su amigo.
—¿Y ese ahora te agarró a vos? —Dijo mirando al rubio quien había pasado por su lado a lo que creía que era ir al kiosco.
—A los dos, la verdad, nos invitó a ver el partido a su casa.
Daidalos se quedó mudo un toque —¿A los dos?
—El loco es sociable, te había dicho.
—Pero porque me invitó a mí, es más conocido tuyo que mío.
—Y te haces la pregunta, vos también —El de zona sur se rio, pero subió los hombros —Yo creo que, si voy, me conviene dormir más y venir a la facu temprano. ¿Vos?
—Ni de onda, ura. No le voy a dar el gusto.
—Daaale Dai, ni le des bola, seguro te dormís cuando termina el partido y le usaste la casa.
—Yo no vivo lejos.
—No, pero vas a socializar un toque.
—Tenemos que hacer cosas.
—Juega Argentina Dai, hasta a vos te interesa eso.
Daidalos suspiró —Tengo cábalas.
—Las rompiste cuando pisaste Buenos Aires —Le dijo y Daidalos lo miró fijo —Acompañame esta, te prometo que no te rompo más las bolas después, solo quiero que salgamos un rato.
—Me estás hablando muy bonito para ser vos.
—Y vos estás cediendo como un nene con caramelos.
Y debía admitir que sí, lo estaba haciendo, no tanto por ir a ver el partido en sí o la casa de aquel rubio careta, sino porque en el fondo quería pasar un rato más con Asterión, sabía que vivía lejos, muy lejos si se ponía quisquilloso, a veces lo invitaba a quedarse cuando las horas apretaban y más cuando eran las entregas, pero el resto de días Asterión se subía a ese 45 y viajaba hora y media de acá a su casa junto a sus auriculares rotos y apoyado a la ventana dormitando lo que no podía de noche, No podía fallarle, podía estar algo incómodo una noche.
—Bueno dale, mañana y ya después si necesitas nos quedamos en casa.
—Sos el mejor sabelo.
Albiore recibió la buena respuesta que ellos dos se unían y creó por la tarde el grupo para acordar hora, comida e incluso quienes se quedaban o no. Tan pronto como el número de Daidalos fue agregado por Asterión lo guardó antes de que salga despavorido cuando estuviera en casa y sonrió contento por su plan.
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Aquel quien gobierna el Santuario se arrodilla ante el silencio del carnero.
El poder era algo que hacía que Saga abriera los ojos cada día.
Sentarse en el trono del Patriarca con sus ropas papales, casco, túnica y alhajas, la máscara había pasado a un segundo plano cuando ahora era reconocido en su puesto, no lo estaba usurpando, no había manchado sus manos, o sí, ya que esta vez no era sangre sino barro, todo el esfuerzo que hizo antes de volver a ser elegido, probablemente también por la influencia que Aiolos rechazó el puesto está vez, sintiendo que los años de Saga, por tanto buenos o malos que habían sido, eran experiencia que él no contaba, además de ser un guerrero excepcional y un genio estratega y político, alguien perfecto para el puesto luego de ir limpiando sus pecados poco a poco. Siempre dejarían una cicatriz, pero al hacer lo correcto de aquí en adelante ahora tenía la fe del resto de santos y no solo tres como en el pasado.
Ahora podía llamarse así mismo el Pontífice. El representante de la Diosa de la Justicia, el Papa del Santuario, comandante del ejército ateniense.
Y maldición, que sonaba bien cuando era justo.
Todas las decisiones pasaban por él, su palabra seguía siendo la última, la obediencia de los tres rangos era suprema, porque incluso Aiolos se arrodillaba ante él, junto al resto de santos de oro que lo odiarlo y quisieron asesinarlo en múltiples oportunidades, todos ellos, hincados ante su presencia cuando reposaba sobre su trono. Aunque seguía recibiendo enseñanzas de Shion quien se había retirado a Jamir tras delegar su deber y ahora se dedicaba a entrenar a Kiki, dos generaciones de Aries a su cargo, así Mu podía centrarse en sus deberes como santo y reparador de armaduras.
Saga tenía que morder el interior de su boca cuando enviaba a Mu lejos de Grecia, generalmente a países asiáticos donde misiones de su rango debían ser ejecutadas. El menor no parecía afectarle demasiado ya que había delegado por años órdenes, ahora, en una nueva era, mucho más equilibrada y pacífica, debía rendir cuenta a esa época rebelde y aceptar sin chistar, aunque seguía siendo gracioso que fuera Saga el que se lo dijera a él.
¿Cuándo habían comenzado su relación? Posiblemente poco después de revivir. Ante los triunfos de Athena sobre otros dioses había pedido revivir a su ejército, ya parecían espectros con tantos muertos entre sus tropas y ellos tuvieron que ir a debate cuando Shion anunció su retiro, necesitaban una cabeza con ideas frescas y experiencia actual, no alguien que había peleado hace más de doscientos años, la vida avanzaba a pasos veloces y su mayor deseo era que el Santuario avance. Saga tuvo que escalar por espinas hasta que logró volver a llegar al puesto por el que había matado con anterioridad, pero eso no se comparó a tener que recomponer su relación con Mu. Podía soportar insultos y quejas de todos los santos, pero cuando Mu le hizo la ley se hielo por al menos dos meses fue que tuvo que ir a Aries a rogar, rodillas en el suelo y la cabeza gacha mientras pedía por al menos volver a hablar, creyendo que sus sentimientos no serían correspondidos y tampoco tenía la obligación. Grata sorpresa fue sentir los labios finos callándole con un beso, uno que casi no pudo corresponder porque Mu le mordió una de las comisuras dejándolo hipnotizado, necesitado por su voz, su cuerpo, su alma. El sexo fue increíble, sentimental, pasional, decisivo; la charla posterior, luego del orgasmo, ambos pudieron abrirse un poco más, relajarse unos momentos para poder conversar. Hicieron arreglos, fuera y dentro de la cama, mientras volvían a enamorarse, esta vez sin resentimiento y volviendo las cosas algo que si podía funcionar.
Mu fue el primero en felicitarlo cuando tomó de nuevo el casco, el primero en tratarlo como un papa y el último en despedirlo esa noche. Uno de sus orgasmos más masivos, Mu hizo maravillas usando cada agujero de su cuerpo donde Saga pudo venirse a gusto con el debido permiso.
Ya que sin permiso habría estado muerto.
Fue un descubrimiento para ambos, lo mucho que a Saga le encantaba dominar en absolutamente todos lados menos en la cama. Podía ser un líder, haber sido el santo de oro más fuerte, pieza clave en varias batallas y negociaciones, pero tocaba las sábanas con Mu encima y solo podía rogar. Quizás no era tan raro mostrarse así en estas situaciones tan vulnerable, la presión diaria y el calvario constante que tuvo por años probablemente desarrollaron que como debía estar siempre en control de las situaciones tan pronto pudo obtener su placer desde el otro lado fue lo que hizo catarsis en él. Mu tampoco se quedaba atrás. Había empezado poco después de empezar a tener sexo, primero fueron unas pequeñas órdenes y Saga pidiendo por sus orgasmos, pero fue escalando demasiado rápido, una curva exponencial que los hizo ir de cero a cien en un segundo. Las órdenes empezaron a volverse más duras desde la boca del venido de Jamir, no podía tocarlo, no podía besarlo, luego debía controlar sus orgasmos, no era tan difícil y le gustaba saber que, aunque sus manos picaran por desobedecer la recompensa era mayor cuando lo hacía. De las órdenes pasaron a los golpes, un año justo cuando empezaron su relación, su perfecto primer aniversario, fue cuando Mu dio el primer golpe y él gritó de placer, una bofetada, algo sensual e inesperado mientras Mu se balanceaba de arriba hacia abajo Saga no podía quedarse quieto, quería tocarlo, su boca se había acercado demasiadas veces y cuando perdió el control de sus manos que tomaron la cintura ajena llevándolo hacia abajo Mu gimió, demasiado alto, demasiado bueno y luego lo abofeteó, palma abierta y dedos estirados, el sonido fue seco, piel con piel como ellos estaban unidos y Saga sabía que su voz retumbó en todo el Santuario, el ardor posterior de su mejilla izquierda, la mirada llena de reproche de su novio y su polla pulsando semen mientras él tiraba la cabeza hacia atrás sonriendo.
Así comenzó el verdadero juego entre ambos.
Los golpes empezaron a formar parte del sexo tanto como lo era la penetración. Insultos, degradación de primer nivel, llamarlo por todo menos por su nombre, orgasmos negados y violencia, su sexo se había vuelto una película de acción que Saga amaba repetir. Como hijo de Ares, la guerra constante lo excitaba y lo dejaba de los más satisfecho. Era duro, no iba a negarlo, luego de un par de bofetadas su cabeza entraba en un punto en el cosmos donde solo quería que Mu siga cogiéndose sobre él hasta que llegue a venirse, luego, dependiendo que tan bien había soportado Mu decidía cómo iba a venirse. Habían formado una tabla simple con tres categorías; si se comportaba como un alumno ideal podía venirse dentro, ver ese agujero dilatado goteando semen, quería tomar ese brebaje y venerarlo. Si cometía una falta rápidamente debía despedirse del premio mayor y debía aceptar donde sería su nuevo destino, muchas veces era sobre Mu, incluso en su boca si era algo que hizo al último momento, la recompensa era lo suficientemente buena para hacerlo disfrutar y el último nivel, dependiendo el día, era su favorito. Oscilaba entre tener que soportar varios minutos donde Mu construía su orgasmo y lo negaba, podía hacerlo varias veces antes de correrse entre lágrimas y súplicas y volcarse en su abdomen, otras, las más severas, con el rostro adolorido, la voz quebrada y sus mayores implores era cuando simplemente quedaba a las puertas del cielo, juraba que podía ver blanco cuando Mu simplemente decía que eso era todo por hoy y Saga debía pasar saliva e irse a dormir ya que ni siquiera tenía permitido ir al baño porque Mu sabía que iba a tocarse y oh, maldición que lo haría.
La mañana recibió a Saga tranquilamente, una de sus sirvientas entrando en su habitación para darle los buenos días y anunciarle que el baño ya estaba listo, algunas cosas no habían cambiado, como su amor eterno a los chapuzones diurnos, deslizándose fuera de las sábanas fue en bata hasta el baño, sumergió su cuerpo en el agua y suspiró al sentir lo agradable que estaba. Había usado un par de veces la tina para otros propósitos y realmente Mu no le tenía miedo a dejarlo sin respirar cuando lo hizo chuparlo bajo agua, fue increíble y demasiado riesgoso a la vez así que intentaron cambiar de locación. Lavando con parsimonia su cabello repasó la agenda del día, reunión con los muchachos a las nueve, almuerzo con algunos políticos importantes a la una, asignación de misiones por la tarde y luego papeleo, lo típico de todos los días, además tendría que recibir hoy los informes semanales de Mu lo que significaba poder verlo unos momentos en sus apretadas agendas lo que siempre lo ponía más tonto que de costumbre. Buscando la toalla notó que las ropas papales ya estaban a disposición y se cambió rápidamente dejando que su caballero se seque, la sotana cobalto con los bordes en rojo, los zapatos de tela, deslizó los collares, el dorado primero y el de colores fríos y más largo después. Ató la faja a su cintura asegurándose que el nudo quede hacia atrás y finalmente tomó la estola bordada de dorado, lo único que le quedaba de su anterior atelier y la colocó sobre sus hombros. Su vestimenta estaba lista y mientras lavaba sus dientes podía ya sentir el aroma a café desde la cocina. Miró de reojo el casco, desde que fue nombrado Papa seguía utilizando el rojo, quizás por una cuestión de vestirlo como era debido y el dorado estaba guardado junto con la túnica blanca, se sentía como un pecado utilizarla, una novia no virgen yendo al altar, era incorrecto, era la que Shion vestía cuando lo asesinó y esta se volvió carmín, así que prefería seguir utilizando su viejo vestuario independiente de lo que significaba, prefería afrontar a su propio fantasma que al de otro, solo la utilizaba en ocasiones especiales, reuniones con ejércitos de otros dioses o nombramientos de santos nuevos, pocas ocasiones más.
Tomó el casco y salió del recinto húmedo para ir directo al comedor, la gran mesa cuadrada lo esperaba y en la punta ya estaba servida su comida, café y pan, bendita ambrosía, algunas frutas, yogur y queso. La comida como siempre estaba deliciosa y disfrutó de cada porción mientras pensaba en que iba a decirle a los santos de oros, probablemente algo corto sobre los próximos meses y asignaría las misiones con antelación antes de que ellos se vayan a entrenar, él aún lo hacía, solo que en privado y con menos frecuencia, pero no iba a perder el toque ni la costumbre. Deslizó una servilleta por sus labios luego del último sorbo y se levantó para dirigirse al recinto principal donde su trono lo esperaba para dar sus anuncios pertinentes.
Deslizó el casco por su cabeza, esta vez sin la máscara y se sentó en el trono donde tenía un anotador con todas las misiones que iba a anunciar. Los pasos fuera del templo principal tardaron más bien poco y con un suave empujón los doce dorados hicieron presencia.
Fue una mañana rutinaria, tranquila incluso podía decir, incluso se permitieron unas risas, pero sus ojos no lo engañaban y mientras veía a Mu de reojo luego de anunciar que iba a hacer tratos estratégicos con Nepal el rostro del menor se deformó de una manera que debía admitir hace rato no observaba, igualmente mantuvo silencio bajo ese manto de serenidad que tan bien controlaba.
Cuando la habitación quedó a solas con ellos, lo que la mayoría posiblemente creía que era un momento en pareja, quizás un café o incluso una comida, pudo ver romperse en mil pedazos la máscara de estoicismo que vistió toda la mañana.
—¿Sucede algo?
—¿Por qué tomaste esa decisión?
—¿Cuál de todas?
Mu se revolvió el cabello —La única que me molesta, Saga.
—Simplemente el negociado era mejor. Te aprecio Mu, mucho, pero no puedo simplemente dejarme guiar por problemas geográficos que afectan a tu zona e ignorar las necesidades del Santuario.
—Claro, porque si era Turquía o incluso otro país ibas a aceptarlos con los brazos abiertos, igual que la Unión Europa hace cada vez que este maldito país entra en crisis.
La discusión estaba escalando sin sentido, Saga no era ignorante al caso, había analizado sus decisiones al menos tres veces e incluso le había mandado una carta a Shion a Jamir, donde había tomado asilo en estos momentos de paz y retiro, incluso el viejo carnero le respondió con lo que parecía obvio, que el Santuario era prioridad sin importar la nacionalidad o los conflictos que hubiera entre naciones, su posición era meramente diplomática y cualquiera que pudiera pagar el precio para necesitar la colaboración de los Santos se haría automáticamente un aliado. Nepal había servido los últimos años, en especial con el acceso de la triple frontera donde Shaka o Mu podían ir a negociar ciertos tratados, aunque este último había venido con el rostro completamente arrugado de estos encargos.
—Tu molestia es comprensible, cuando negocio con países que dejaron cicatrices en Grecia tampoco es de mi agrado, pero si me voy a poner nacionalista no debería estar en este puesto.
—No es lo que quiero decir —Suspiró —Sé que eres excelente como líder, ninguno de nosotros podría hacerlo tan bien como tú, pero pudiste haberme consultado, he estado charlando con varios tibetanos de gran poder, llegar a acuerdos con ellos te brindaría mejores posibilidades.
—Mu…
—¿O acaso no confías en mi pueblo?
Saga se mantuvo un momento en silencio, cerró los ojos y suspiró antes de tomar la palabra —Solo confío en ti.
Zas.
Mu le giró la cara de un golpe, la mejilla oliva se tornó carmín al instante, el ardor le recorrió por la mandíbula junto al sonido tintineante del yelmo papal cayendo al suelo. Saga sintió el sabor a hierro entre los dientes, llevando la mano a la zona afectada. Intercambiaron una mirada, él tenía los ojos secos y Mu parecía una fiera, lo veía con una rabia poco usual, como el hambre de los cuervos, esperando que la carroña sea apta para picotear, aquellos ojos verdes botella mostraban el fuego de Aries reflejados en ellos y Saga supo que no debía actuar.
—¿Acaso siente qué eso es digno de un líder?
El griego simplemente se quedó mirándolo, cuando Mu rechistó ante la falta de respuesta este se bajó de las escalinatas del podio y se acercó a tomar el casco, observando al dragón firme sobre la coronilla. Sus pasos hicieron eco en el recinto sagrado y colocó sobre la cabeza del pontífice su corona de espinas. Mu se arrodilló frente a él, la rodilla firme contra la alfombra carmín, ¿a veces pensaba en ella como un río de sangre, similar al de sus muñecas? De igual forma agachó la cabeza, haciendo al griego intrigar ante el cambio de actitud tan veloz. El lemuriano deslizó sus manos hasta tocar la costura dorada del borde de la túnica, con la punta de sus dedos recorrió la sagrada vestidura, atreviéndose a buscar debajo de ella los pies del santo patrono. Este estaba vestido hasta los talones con sandalias de cuero, él se aseguró de quitar con suavidad el calzado que lo aprisionaba y acercó sus labios secos al empeine, depositando un beso corto, lleno de algo que, aunque ajeno al respeto, se sentía como anhelo. Su lengua se deslizó entre los pliegues de los dedos y depositó un pequeño roce en cada una.
Saga se acomodó mejor en su asiento, sin saber aun si era una disculpa o una táctica de Mu de conseguir lo que quería y siempre apostaría sus fichas a lo segundo.
Corriendo su cabello lavanda de su camino, subió la túnica hasta las rodillas, para que su lengua pudiera seguir el camino por la pantorrilla, lento y constante, dejando una larga lamida húmeda que brillaba con las velas del recinto. Mu parecía benevolente a cada roce y sus dientes apretaron contra la rótula haciendo que Saga separe las piernas mientras ambas manos acariciaban sus muslos.
—¿Me ansía, santidad?
La respuesta se le trabó en la punta de la lengua, viendo como su túnica era elevada por encima de su cadera, allí se mostró orgulloso, interesado por las caricias tan mundanas y simples. Mu sonrió, se limpió un poco el mentón y se acercó a exhalar con suavidad contra el frenillo. Lo vio removerse y desesperarse, sus ojos vidriosos rogaban por una lamida, por deslizarse al fondo de su garganta como tantas veces en antaño. Saga le tomó del pelo para motivarlo, empujando desde su nuca hacia el frente, Mu se permitió olfatear la carne caliente, provocado por el afán ajeno, lo sintió sobre su pómulo, la sensación viscosa cayéndole por la mejilla, fue entonces que recordó porque estaba ahí.
—¿Realmente no vas a cambiar de opinión? —Le salió directo al santo de geminis, no al padre santo del Santuario.
Saga suspiró negando —Ya tomé mi decisión, Mu. No voy a cambiarla.
Aries se levantó en ese instante, su visión pareció tornarse oscura ante la luz de las velas y Saga vio como el lemuriano hizo aparecer en su mano un objeto, brillaba como el oro incluso siendo tan delgado, casi creyó que era una especie de bolígrafo, en cambio lo recibió una barra de metal curvada en la punta, como un tornillo largo, solo que todos sus filos estaban bien pulidos.
—Lo hice meses atrás pensando en usarlo en mi —Comentó girando el objeto entre sus dedos —Pero merece lo mejor, santo padre.
El griego se tensó viendo a Mu tomar algo de cera caliente de un vial y embadurnar aquel pequeño artefacto hasta que ardió contra las gotas. Saga quiso cerrar ambas piernas en un instinto de alejar esa cosa de su destino, pero Mu era tan cruel como el diablo. Le sostuvo una rodilla, firme con ese agarre que solo los herreros lograban formar al trabajar entre llamas y metal; sintió como le detuvo los huesos, tensándole los músculos, obligándolo a mantenerse firme.
—No me diga que el Papa del Santuario le tiene miedo a un pequeño ardor —Pasó la punta del dilatador por donde la cicatriz de su pecho posaba —Usted mismo se atravesó el corazón, su Santidad, no hay nada más valiente que arrebatarse la vida con las manos desnudas.
Una parte del santo de aries tenía razón, entre la bruma de su mente podía sentir el poder de haber hecho lo correcto correrle por la sangre. Mu se acercó con la vela entre los dedos, poniéndola en horizontal con la flama cerca del glande, Saga sintió una opresión en el pecho, cuando las primeras gotas se deslizaron ardientes sobre la punta su rostro se arrugó, los hombros le temblaron y el vientre se le encogió mientras soltaba improperios bajo su aliento crepitante. Mu quitó la vela dejándolo sobre el apoyabrazos del trono papal, soplando un poco para que la película se fuera endureciendo antes de tomar la base, haciendo al griego sobresaltarse y apretar la túnica entre sus dedos.
—Tranquilo, su santidad, solo será un momento.
Mu ubicó sobre su uretra el pequeño dilatador, jugando un poco con su tolerancia al dolor mientras lo veía gotear patéticamente bajo el rigor de su mirada. Presionó un poco para ver como reaccionaba, Saga cerró los ojos tirando la cabeza hacia atrás, el casco le chocó contra el respaldo del sitial y el pecho se le oprimió al sentir la nueva quemazón recorrerlo desde el centro. El herrero bajó con suavidad sobre él, insertando la barra metálica con un leve movimiento de muñeca, enroscando en ciertas partes, haciendo que gruña al sentirse abrir sin forma de detener a su amante. Cuando estuvo completamente introducido en su sexo el geminiano se atrevió a observar cómo Mu lo miraba con mordacidad, disfrutando cada segundo de como Saga pulsaba entre una mezcla de dolor e incomodidad, pero en algo tenía razón el de cabellos liliáceos; no era para tanto para el Patriarca del Santuario.
Los dedos sobre su longitud lo hicieron hipar un momento, Mu lo sostuvo desde la mitad, el pulgar acariciando las venas que saltaban ante la presión, yendo al frenillo haciéndolo gemir quedo, un vaho escapó de sus labios antes de verlo enredar sus dedos en la arandela de la punta, tirando hacia arriba con una parsimonia propia del primer guardián. Saga tensó sus muslos ante la mezcla de sensaciones, por un lado, su propio pene temblando ante el dolor de verse abierto obligadamente y el gusto obsceno de los dedos de Mu jugando con él como se le plazca. Su mente podía aceptar el dolor, fue guerrero por tantos años que el tormento y el suplicio eran tan simples como respirar, pero ahora que la captación se mezclaba con ese indescriptible deleite se le hacía complejo no caer en una espiral profunda e inexplorada.
El bombeo en su carne se sumó al sube y baja del dilatador, Mu comenzó a masturbarlo con ambas manos, haciendo que todo se intensifique de golpe, aplastando su espalda contra el trono para tararear el nombre ajeno. Mu silbó enriquecido, intentado ignorar su propio entusiasmo y mantener todo bajo un control pleno. Tomó un ritmo paulatino, observando a Saga deshacerse a cachos entre sus manos, tal como arcilla húmeda, haciéndose pedazos mientras más lo moldeaba. El menor acercó su rostro para poder saborear más de las pequeñas frases que su amante soltaba, Saga quiso tomar su boca contra la suya, pero Mu jamás dejaba las cosas fáciles. El griego maldijo a cada uno de los Dioses cuando el cosquilleo se volvió tan intenso, pero la liberación estaba negada. El lemuriano sonrió con desdén, rozando la malicia, lo soltó un momento viéndolo intentar controlarse, retomar compostura velozmente como un Sumo Pontífice. Vio su pecho rebotar en busca de oxígeno, sus ojos sellados como si sus párpados pesaran toneladas. Saga no pudo evitar elevar la voz cuando Mu coló un dedo en la arandela y tiró hacia arriba de golpe, su propio simiente se volcó al piso en una sacudida violenta, algunas gotas carmín cayendo entre el líquido alba.
Saga se tomó el rostro cayendo desplomado contra el trono, el eco de la voz de Mu le hizo volver poco a poco a tierra, viéndose completamente derrotado ante el hombre que siempre lo tenía comiendo de su mano.
—Aún no hemos acabado, su Ilustrísima.
Mu comenzó a quitar sus prendas de forma hipnótica, la tela rozándole la piel para sonrosarla, un arrebol digno de los atardeceres primaverales que podía observar desde la estatua de su Diosa. La última vestimenta quedó regada en la alfombra y con el cuerpo despojado deambuló hacia él hasta que sus muslos rozaron. Mu se sentó ahorcajadas sobre él, Saga sintió que al fin había algo de avenencia.
Iluso, siempre era un iluso ante este hombre.
El sonido de la tela rasgándose bajo el agarre firme de su amante, la ropa sagrada quedó en harapos en las manos de Mu, quien parecía satisfecho con la carne oliva que estaba frente a él. Ambos desnudos bajo los ojos de los Dioses fue que Saga sintió el ansia carcomerlo vivo, sus propias manos se movieron a tomar la carne entre sus dedos como un animal hambriento. Sus labios buscaron la boca de Mu, quien lo recibió húmedo entre sus belfos, fue un toque que de delicadeza no tenía nada, escaseaba de cualquier dulzura; le sabía a vino, no era algo que podía controlar mientras suspiraba, buscó su lengua antes de sentir como Mu lo tiraba hacia atrás, un manojo de su cabello en el agarre firme del herrero.
—Cógeme.
No necesitaba que se lo digan dos veces.
Escupió sobre sus dedos antes de deslizarlo entre las curvas sinuosas de su culo, Mu emitió un pequeño suspiro, algo que le devolvió cierto poder mientras colaba sus dedos en sus anillos. Fue algo rápido y desesperado, no iba a soportar no estar fundido en él un segundo más. Saga se tomó de la base y con una estocada rápido ingresó haciéndole sisear al estar todavía dilatado de antes, aun así, la sensación de gloria seguía siendo indescriptible. Estaba entre brasas, le quemaba cada poro, Mu se sentía como libertad, hedonismo físico, lo hizo bajar hasta que cadera y muslos contrarios se presionaron juntos.
Mu fue veloz en afirmarse en sus hombros, empezando a subir y bajar sobre el falo duro que lo abría, no era alguien que se permitía callar, sino que clamaba el nombre ajeno con la gloria que se merecía. A veces la megalomanía del griego era contagiosa, en especial cuando ambos estaban en un polvo. Saga podía llegar a ser rudo, pero jamás toma ese rol dominante que Mu siempre había cuidado tanto, podía verlo como un líder y un superior en su trabajo, pero cuando el telón caía y se permitían despojarse del manto de guerreros y volverse amantes Mu tomaba riendas en el asunto, como ahora, saltando y gozando del momento ardiente.
Saga empujó sus cuerpos incluso más juntos, quería sentirlo en su carne, en su alma, a cada rebote se le aceleraba el pulso y el ardor poco a poco se empezó a sentir como cosquillas de nuevo. Su aliento lo traicionó, sonando desesperado tan pronto el ritmo se volvió veloz, Mu lo observó en ese instante, ojos vidriosos por la lujuria, pero aún envueltos en llama decepcionados. No paró, vio a Saga consumido por el deseo nato, sus manos apretando su cadera mientras subía y baja como un desquiciado, pero cuando Saga estuvo tan cerca de tocar cenit, tan cerca que las estrellas danzaron en sus ojos; se detuvo en seco, saliendo de él para verlo insultar a todo su linaje.
—Mu…
—Ah, que torpe… debió ser un desliz, generalmente no negocio con griegos.
Saga no supo si quería llorar o reír ante la sonrisa que el menor le daba, estaba igual de arruinado que él y no podía darse el lujo de exigir cosas. Se levantó del trono despacio, dejando que su cuerpo vuelva a moverse luego de la cantidad de horas sentado. Sus rodillas chocaron el suelo de mármol en una pose que pedía clemencia, Mu lo observó, quieto en su lugar antes de acercarse y presionar con la planta de su pie el miembro goteando ajeno.
—¿Va a rogar?
—Yo…
La presión se hizo más intensa, acorralante, Saga tuvo que tragar su orgullo mientras sus ojos se cerraban.
—Por favor… —Su voz salió lenta, pausada, Mu arqueó una ceja complacido —Por favor, déjame venirme en ti, déjame ser tuyo, ser uno…
El empujón contra el trono le hizo tronar los hombros, desparramado en el piso Mu finalmente se volvió a montar en él, sin aviso o ceremonia, lo tomó firme y se hundió como si nunca hubiera salido, sin perder el ritmo, ninguno pudo realmente evitar vocear la victoria, se fundieron en cuerpo y alma, Mu se inclinó a besarlo, ambos podían sentir aquel quiebre en su resistencia. Saga se vino primero con un gemido que pareció más bien un rugido, desde la garganta, apoyando la frente en el hombro de Mu quien había tirado la cabeza hacia atrás, los chorros saltaron lentos manchando el abdomen firme del Patriarca.
Los dos se quedaron quietos, inmóviles, el orgasmo había roto un poco la magia de la situación y por un segundo fueron guerreros de nuevo.
—¿Vas a cambiar de opinión?
Saga se permitió soltar una pequeña carcajada y con los labios húmedos le susurró contra los de Mu —Oblígame.
Ambos se observaron un momento antes de que Mu lo empezara a empujar a la oficina, los papeles saldrían manchados, pero obtendrían su trato con su pueblo y Saga sabía que la negociación sería violenta.
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