No hay cosa más segura y normal en la vida que la muerte y los cambios.
La vida es un constante cambio, nacemos, crecemos, nos desarrollamos, nos reproducimos y morimos. Así de sencillo, así de simple. Como los números, no hay fallas; bueno así.
Y la mayoría de las personas se complican tanto con estos aspectos. ¿Por qué?
Son cosas normales y seguras. Tenemos que pasar por ellas.
Los cambios son inevitables. Para bien o para mal, están allí. Y no nos queda de otra sino aprender a manejarlas, a sobrellevarlas. O te ahogas o nadas; o corres o te encaramas, como quien dice.
Yo entendí, por las malas, como todo; que los cambios son inevitables. Están allí y hay que saber recibirlos. Todo se trata de la actitud con la que enfrentes las situaciones. O te quejas y te echas al abandono causando que los demás te tengan lastima o las asumen y buscas el aprendizaje, la parte positiva. Porque créeme, siempre habrá algo bueno, algo positivo que ver.
Y está la muerte. INEVITABLE. Del polvo venimos y en polvo nos convertiremos. Es así. Se podría decir que la muerte es el inicio verdadero.
Imagínense que un papá le da al hijo una caja de lego y le dice "has lo que quieras" el niño juega, construye una casa, un barco, juega y juega hasta saciarse del juego y cuando se cansa el papá viene, carga el niño y lo lleva a su cama a descansar.
Bueno algo parecido. Dios nos regala la vida, donde nosotros crecemos, nos desarrollamos, vivimos experiencias, aprendemos a pensar, analizar, querer, amar, aprendemos a ser pacientes, tolerantes, buenas personas, aprendemos a perdonar, a amar, a tantas cosas, una infinidad de cosas buenas y bonitas y también malas y peligrosas, pero aprendemos y vivimos "libres" con ese libre albedrio que nuestro Padre nos dio.
Hasta que un día pasado el tiempo, ya cansados y demás. Dios nos llama y nos vamos. Sin chistar, sin oponernos, sin refunfuñar.
¿A dónde nos lleva? La verdad solo él lo sabe y nosotros confiamos en él porque es papá.
En conclusión dos cosas inevitables.
Vivamos con buena actitud, vivamos agradecidos por el regalo. Y no tengamos miedo. Si nos toca un cambio malo: pidamos a Dios que nos llene de sabiduría para ver lo bueno y agarremos ese cambio con Dios en la boca. Cuando nos toque morir: demos gracias a Dios por el regalo de la vida. Por los momentos, por las lecciones, por las alegrías, por lo que construimos, y recuerden que si nos llamo es hora de ir con él y eso es algo bueno y maravilloso.