Por suerte el camino fue silencioso, Gladion no tenía ganas de hablar. Solo Cyros parecía estar contento, era como si no notase la tensión entre la guerrera y el mago. Quizás le daba igual. El caso es que nadie habló.
Su destino era Rurktown, un sitio con muy mala reputación. Allí era donde se llevaban acabo los trueques ilegales, los negocios sucios y la venta de objetos robados. Básicamente; no era el mejor sitio para pasar el rato. Siempre tenías que llevar algo encima que te asegurase tu seguridad, pues nunca sabías cuando alguien podía aparecer detrás tuya y quitarte todo lo que llevases.
La pequeña ciudad estaba rodeada por pasto y árboles muertos, y muchos de los adoquines de los caminos estaban salidos. Las calles eran oscuras y estrechas; las casas tenían las ventanas rotas y a los tejados les faltaban algunas tejas; y casi todas las tiendas tenían los escaparates rotos. No se veía mucha gente andando, pero las pocas personas que había no inspiraban ninguna confianza. En un momento incluso vieron como pasaba un hombre corriendo que iba cargado de cachivaches, seguramente robados. Por suerte (o por desgracia) el mago se conocía la cuidad perfectamente.
Gladion suspiró. La castaña se le hacía exasperante.
— No te llegué a decir dónde estaba. — Respondió fríamente.
Intentó tranquilizarse. Iba a ser un viaje muy largo.
— Te voy a decir un par de cosas. Uno: ¿Ves esa taberna de allí? La que tiene el cartel caído. Pues vamos ahí. Dos: No mires a nadie a los ojos, no hables con nadie y si aprecias tu vida no tropieces ni toques a nadie. Ah, y no saques tu espada, pero no la pierdas de vista. Cyros, — se dirigió al animal — quédate aquí, será más seguro. Si ha pasado una hora y no hemos vuelto entra a por nosotros.
Sabía de sobra que, aunque parecía algo disconforme con el plan, Cyros haría lo que se le había pedido. Además era un buen guardaespaldas, tenía una fuerza bestial, pero también perdía el control fácilmente (por lo que no sería buena idea que entrase con ellos).
Gladion se puso la capucha de su túnica (había gente por ahí que le guardaba cierto rencor) y entraron en el tugurio. Era un sitio de mala muerte, las mesas y las sillas, algunas tiradas por el suelo, estaban viejas; y a la barra le faltaba una esquina. Había varias personas peleándose, y un par de camareras servían bebida a los espectadores. Muchas mesas estaban ocupadas por personas que parecían comerciar con mercancía ilegal (en una de las mesas parecían estar subastando huevos de dragón, lo cual estaba penado con la muerte) y casi nadie dentro del establecimiento mostraba la cara.
No le costó mucho encontrar a su contacto. Estaba sentado, solo, al fondo del local; era un hombre más grande que Atenea, Gladion y Cyros juntos, e iba vestido con una armadura de color negro, pero se había quitado el casco. Nadie de allí tendría el valor de hacerle nada, era realmente temido. Tenía cara de pocos amigos.
— Por aquí Atenea. — La cogió de la mano para evitar que hiciese nada raro, no se fiaba nada de ella (sabía que la liaría tarde o temprano), y la guió hacia su contacto.
“Vaya, vaya… Pensé que no vendrías Gladion”- Dijo el cuasi-gigante. -”No sé por qué quieres un unicornio, pero seguro que para nada bueno. De todas formas tengo toda la información que necesitas, espero que me hayas traído algo bueno a cambio de ella…”
El mago se quedó en shock. No habían hablado nada de hacer un intercambio. Tenía que haberlo supuesto. Al guerrero no le gustaban los artilugios mágicos, y Gladion no llevaba nada más encima. No podían darle la espada de Atenea y ni mencionar a Cyros. Se pensó mucho la respuesta. Muchos de los hombres que estaban en el establecimiento intentarían matarles antes de ponerle la mano encima a aquel hombre, pues era quién sabía dónde conseguir cualquier cosa y además era el mejor asesino a sueldo que había pisado Rurktown. Mucha gente solía requerir de sus servicios.
— Mira Knight, — Así era como se le llamaba — he hecho un millón de cosas por ti antes. ¿No podrías hacerme este favor?
“Eso significa que no tienes nada, ¿no?”-Respondió Knight, fulminándole con la mirada. “Bien sabes que yo no doy nada de gratis. ¿Qué te parece si… -Miró a Atenea de una forma extraña. - me das a la chica? Seguro que no es nada comparado con lo que conseguirás con el unicornio. Y seguro que se lo pasa mejor conmigo…”. Ofertó, terminando con una risa.
— Buen intento, pero no está a la venta. — El contrario le miró mal, no estaba acostumbrado a que le negasen lo que pedía.
Gladion solo esperó que Atenea no dijese nada, o acabarían en serios problemas.
Estaba enfadándose por momentos. ¡No era una niña! Aunque intentó no decir nada, sería muy peligroso armar una pelea allí. Era demasiada gente, y no quería ensuciar todavía más su reputación (bueno, tampoco le importaba tanto).
Su cara se ensombreció al oír la propuesta del contrario. ¡Por todos los dragones, era una de las guerreras más poderosas del reino, no una “damisela” que pudieran comprar y vender! Pero al fin y al cabo el tal Knight tenía información que necesitaban... No, no podía degradarse a eso. ¿O sí? Quizá podía ser una buena oportunidad para demostrarle al rubio que ella era mucho más fuerte que él.
—Déjalo amo—se moría de vergüenza por dentro—, al fin y al cabo usted necesita esa información, ¿no? No se preocupe por mí, estaré bien.
El guerrero sonrió, poniéndose en pie. Bajó la vista hacia el mago.
—”¿Ves? No era tan difícil, has entrenado bien a la chica. ¡Incluso tiene una espadita! Qué linda. Se cree que puede luchar—rió a carcajadas, haciendo que la ira de la castaña aumentara por momentos—. ¿Qué quieres saber?”
—Disculpe—interrumpió Atenea—, ¿podemos hablar fuera? No me gusta mucho este lugar.—Dijo alzando la mirada, con una voz excesivamente femenina.
Knight dudó un momento, pero era el mejor guerrero de la zona (o eso creía), ¿qué podía salir mal? La mirada triste y preocupada de la joven le convenció.
—”Está bien, está bien”.—Aceptó.
Agarró bruscamente a Atenea de la muñeca, y los tres salieron del local. La calle estaba vacía, iluminada por la luz del Sol. Incluso allí, la mayoría de ladrones preferían esperar a que fuera de noche. Una vez fuera, la joven se soltó del hombre, ante su mirada de sorpresa. Le empujó contra el suelo con una increíble fuerza.
—”¿De veras crees que eres rival para mí? Eres todavía más adorable de lo que pensaba”.—Comentó, todavía en el suelo.
La joven desenfundó la espada y puso la punta a unos centímetros del cuello de Knight. El arma se cubrió de llamas en cuestión de segundos. El contrario parecía aterrorizado.
—Ahora más te vale hablar si no quieres que la linda joven te decapite.