Infernape como primer Pokémon había sido una bueno opción, al ser tipo lucha no debería tener problemas con los Porygon y estaba entrenado especialmente en velocidad y ataque físico, además llevaba una Banda Focus equipada, pues apenas tenía defensa, y en el peor de los casos Atenea prefería que por lo menos le diese tiempo a usar un último ataque. Pero ninguna de sus estrategias hizo falta, con una gran ovación del público fue derrotando poco a poco a los tipo normal del pelirrojo sin recibir daño, hasta que quedó solo uno. Fi H.
—Esto no durará mucho.—Susurró.
Pero se equivocaba. Y mucho. Muchísimo. Obviamente, atacó primero. Un Puño incremento debería bastar, ya llevaba el ataque al máximo gracias al resto de Porygon. Prácticamente, no le había quitado nada de vida. Bueno, nada. ¿1 PS? ¿2, quizá?
—”¡¡Bueno amigos, esto se pone interesante!! ¿Será esta el arma secreta del chico de los Porygon?”—Resonó por todo el local a través de los altavoces.
«¿Qué es esto? ¡¿CUÁNTA DEFENSA SE SUPONE QUE TIENE ESE BICHO?!» Pensó.
De forma increíble y probablemente no muy legal, el equipo de Atenea fue cayendo a base de utilizar Brecha negra y Sentencia. Los aficionados que estaban viendo la pelea se habían quedado sin palabras, todo estaba en completo silencio hasta que de nuevo sonaron los altavoces.
—”¡Nadie pensó que esto acabaría así, pero están uno a uno! ¿Quién creen que ganara, la joven de los Pokémon de tipo fuego o el literalmente poseedor del Porygon legendario?”
Ya decidió su último movimiento, sin esperanzas de poder ganar. «No sé cómo hackeó el juego, pero en fin. Fue divertido.» Pensó.
Todo iba sobre ruedas. Había sido relativamente fácil llegar a la ronda final.
— Un poco más y podré conseguir el premio… Sea cual sea. — Murmuró. Solo le quedaba vencer a la entrenadora y ganaría.
No es que Kayden fuese una persona muy competitiva, pero era una competición-de-videojuegos. Su terreno. Vale, no era muy justo usar trucos, pero confiaba en no tener que usarlos. Pronto pudo comprobar horrorizado como todos sus Porygon iban cayendo uno tras otro; Fi (oh, pobre Fi), fi, Fi II, fi II, Sr. Fi… Solo quedaba uno. Fi H. La joya de la corona, hackeado sin problemas aún después de todas las actualizaciones que sufrió el juego. Sería prácticamente imposible derrotarlo. Fue venciendo uno a uno los Pokémon de Atenea usando Brecha Negra y Sentencia, ni siquiera necesitó Corte Vacío. Solo quedaba un Pokémon. Fue a pulsar Sentencia, casi sonriendo (en las reglas no ponía nada sobre trucos, ¿no? el propio torneo no parecía muy legal) y fue entonces cuando cometió el primer error y el último. Metrónomo. Había fallado por unos centímetros, pulsando la parte errónea de la pantalla. Maldijo su mala vista.
“No puede ser tan malo, ¿no?” Pensó mientras esperaba y se arrepentía. Con suerte usaría Golpe Roca, Rizo Defensa o alguna tontería similar.
— Por qué narices le puse Metrónomo… Le debí haber dejado Transformación… — Se arrepintió, subiéndose las gafas después de haber leído la pantalla.
«FI H. USÓ AUTODESTRUCCIÓN.»
No se creyó lo que decía la pantalla. Ambos Pokémon cayeron debilitados, ante la sorpresa de todo el mundo. El hombre que había estado comentando a través de los altavoces subió al escenario, micrófono en mano, con una expresión de asombro y un sobre en la mano.
—”¡No sabemos muy bien cómo, pero ha sido un empate! ¡Muchas gracias a todos por venir!—comentó, dejando el micrófono sobre una mesa—Mirad chicos, solo tenemos un premio, pero como es una comida para dos podéis compartirlo.”
—No pasa nada, de todas formas ya nos conocemos.—Explicó la castaña.
—”En ese caso no hay problema. Buen trabajo los dos, no sé cómo tuviste la paciencia para crear un equipo equilibrado solo con Pokémon de tipo fuego, y—miró al pelirrojo—pensé que ya no podía hackearse el juego desde la nueva actualización—sonrió—.¡Os espero en el de el año que viene!”—Se despidió con una sonrisa entregándole el sobre a Atenea.
Suspiró, guardando la consola en su mochila.
—Ha sido un buen combate. ¿Buscamos un taxi?—Preguntó, mostrándole el sobre.
Que frustración. Vale, no habría sido muy justo que Kayden ganase con trucos (a pesar de que no fue el único que usó Pokémon de dudosa procedencia), pero le daba mucha rabia haber perdido por equivocarse de botón.
Y también estaba el premio. Una-cena-para-dos. Al joven no le gustaba estar con mucha gente, pero la idea de una cena a solas con Atenea le atraía aún menos y le ponía nervioso; los dos solos, al más puro estilo de película romántica. No se le daba bien tratar con nadie, y menos con chicas. Pero al fin y al cabo una cena gratis es una cena gratis. El dinero no cae del cielo y los últimos meses habían sido muy malos para el pequeño negocio del chico.
Guardó su Nintendo roja en su bolsa, junto con Fi y salió del edificio junto con Atenea.
— ... Buen combate, sí. Creo que hay una parada por allí... — Dijo señalando una parada de taxi.
Por suerte el vehículo apareció en menos de cinco minutos y no hizo falta iniciar una conversación. Subieron al taxi y Kayden comenzó a rebuscar en su bolsa. Por todos los Porygon: había olvidado la cartera en casa. Solo confiaba en que Atenea llevase algo encima, aunque las cicatrices y el estampado de camuflaje no le daban mucha confianza. Para él no sería la primera vez que le echaban de un taxi por no tener dinero, pero no quería que la entrenadora pasase por eso. No sería una buena forma de empezar la noche, aunque hacer que ella pagase tampoco era muy buena opción (aún así mejor que la anterior).
Justo iba a comentarle el tema cuando el conductor habló.
—”Vaya, ¿es una cita? ¿A dónde os llevo tortolitos?” — Preguntó con una sonrisa.