En la Tierra, concretamente en una zona llamada El Sol Naciente, los dragones existían desde tiempos inmemorables, y son muy diferentes de los que conocemos habitualmente. Si un dragón, por ejemplo europeo, se caracterizaba por echar fuego, podían volar con alas y con escamas, este dragón del sol naciente se diferenciaba del otro por su sabiduría y benevolencia, podían volar gracias a la magia y tenían cuerpos alargados, patas cortas y barbas muy largas, como la de Merlín. Además, tenían un nombre característico: se hacían llamar ryus.
Dragones como Orochi fueron muy famosos en esa zona, aunque principalmente los dragones eran los guardianes de los mares y de las estaciones. Pero hubo uno que desapareció misteriosamente de la faz de la Tierra.
Su nombre era Kusano. Imaginadlo, tal como lo he descrito: dragón con cuerpo alargado, patas cortas y barbas largas. Bueno, pues cerrad vuestros ojos e imaginadlo ahora: sus escamas eran de un azul muy claro, su pelaje era negro y el iris de sus ojos era de color verde. Como dije antes, era guardián de las aguas, prefiriendo estar toda la mayor parte del tiempo en el acantilado para vigilar los mares y las desembocaduras.
Una noche que se despidió de un amigo dragón, llamado Kruyn, Kusano decidió echar un vistazo su rostro en el océano. Aquella noche, el mar estaba en calma y la fuerza de las olas era nula, lo que hizo que Kusano mirase su rostro con facilidad. Se fijó en su cabeza y en sus dientes; después en sus largas barbas que llegaban hasta las patas traseras; más tarde, en su largo cuello y finalmente, se fijó en el propio iris de sus ojos.
Creyó verlos de color verde esmeralda, hasta que se fijó en algo dorado que brillaba con fuerza en el reflejo del agua. Alcanzó su pata delantera derecha para agarrarla. Decidió verla más de cerca.
-Pero si es...- murmuró Kusano a si mismo.
Efectivamente, era una mariposa dorada. En esos momentos, empezó a recordar la leyenda de unas mariposas doradas que iluminaban el cielo cada noche. Para el cielo, era una estrella, para Kusano, una mariposa dorada.
Pero cuando Kusano intentó recapitular leyendas acerca de tal maravilla, la mariposa comenzó a aletear sus alas y empezó a volar. Kusano no se dio cuenta de que la mariposa se estaba escapando, así que decidió seguirla.
Dejó su acantilado preferido, volando por el cielo, siguiendo a la misteriosa mariposa dorada. La mariposa volaba deprisa, alcanzando casi las otras compañeras para refugiarse de su agresor. Kusano decidió dejar de volar para ver el espectáculo.
A su alrededor, cientos de mariposas doradas revoloteaban a su alrededor. El ryu se dio cuenta entonces que se había perdido y se culpó a si misma de haber perseguido a la mariposa. Decidió volver a la Tierra, pero entonces, se encontró con la mariposa frente a frente. La mariposa emitió unos ruidos al agitarse y voló a gran velocidad. Kusano, una vez más decidió seguirla.
Lo primero que cruzó Kusano fueron nubes. Nubes que, pensaba el dragón, pertenecían a la Tierra. Pero no eran esas nubes, se fijó Kusano.
Las nubes de la Tierra son más grises. Las nubes que Kusano estaba viendo en esos momentos eran más blancas. E incluso Kusano chocó con una tan fuerte, que se hizo daño en una de sus patas.
Después, se encontró con un lago en medio de toda tierra. Creyó ser su lugar de origen, pero no se parecía en nada a lo que él conocía de toda su vida. Sintió que sus fuerzas comenzaban a fallar, y comenzó a caer al vacío. La mariposa dorada pasó a su lado y, cuando Kusano la miró, no se movía de su lugar.
Kusano ni se había dado cuenta de que había viajado muy lejos, hacia un lugar muy diferente... ¡un planeta! Cuenta una leyenda que, años atrás, ese planeta era un asteroide y que vivía en él un hada, que lo transformó todo: creó un volcán, un lago, árboles e incluso el viento, de un soplo de su boca. Creo también a los hombres y a las mujeres para que poblaran el planeta. Todos esos hombres y mujeres decidieron tomar al hada como una diosa, llamándola Lif. Lif, agradecida con todo su pueblo, decidió dar a todos el nombre de su lugar de origen: Ikku, que para Lif, significaba alma.
Pero mejor dejemos de lado contar el origen del planeta y sigamos con Kusano. Kusano cayó al agua y salió de ella, malherido y colocando una de sus patas en la nueva tierra, a los pies de una montaña que brillaba con fuerza.
Mientras su visión estaba nublada a causa de las heridas, intentó mirar el paisaje Intentó levantarse fijar mejor su mirada en algo verde (era la copa de un árbol), pero tambaleó y cayó al suelo. Notó que una pata (una de las heridas, la más grave) parecía caer al vacío y sacó la pata fuera, dándose cuenta que estaba cerca de un precipicio. Intentó no acercarse demasiado a la cornisa, y entonces, Kusano se fijó en algo que le llamó la atención. Algo blanco.
A sus pies, una niña lo miraba con mucha atención. Sus ojos grandes y rosados contrastaban con su pelo corto y blanco. Kusano pensó que la niña ni tendría cuatro años y llevaba un vestido simple de color rosa, con un lazo en medio de color blanco. Kusano temía que la niña huyera y gritara a su pueblo la presencia de un dragón para asesinarlo... pero la niña ni se movió.
-Pequeña.- tartamudeó Kusano, aquejado de las heridas.- Por favor, quiero saber donde estoy.
La niña no dijo nada. Sacó del bolsillo de su vestido una bola de color verde y se la mostró al dragón.
-Heridas. Grave.- dijo la niña.
Kusano pensó entonces que la niña lo estaba ayudando. Pero preguntó que era esa bola, y la niña respondió:
-Bola curativa. Pastel. Hierbas.
Kusano sentó su cabeza en el suelo para que la niña metiese dentro de su boca la boca curativa. Lo primero que sintió Kusano fue las ganas de escupirlo, de cómo se pegaba las hierbas en su boca, pero también cuando pudo tragarlo con cierta dificultad. Kusano se desmayó, mientras la niña lo miraba inocentemente.
Kusano se despertó a la mañana siguiente, totalmente recuperado de sus heridas, y decidió tener como residencia la copa de un árbol gigante de ancho. La niña llegó por la mañana, para ver el estado del dragón, y se alegró de la desaparición de las heridas.
-Te lo dije.- dijo, divertida, la pequeña.
Kusano sonrió a la niña, y preguntó:
-Quisiera agradecerte por lo que has hecho, así que, ¿cómo te llamas?
La niña ni se inmutó. Pronunció unas palabras que Kusano no entendía. Kusano pidió a la niña que repitiera su nombre y, aunque la niña lo dijo unas cuantas veces, el ryu no era capaz de entender aquel nombre tan raro.
-Te podría llamar... Hikari.- dijo Kusano.
La niña sonrió y pronunció el nombre que Kusano dio. Y lo pronunció mejor que su propio nombre, así que saltó de alegría. Kusano sonrió de nuevo, mientras la niña agarraba una de sus barbas (sin darse cuenta), lo que hace doler mucho al dragón, pero riéndose.
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Pasan los días, los meses, las estaciones y los años. El paisaje no ha cambiado, pero si las personas y el entorno.
Kusano permanecía igual cuando llegó al mundo de Ikku, aunque sus barbas crecieron y el color de su cuerpo escamoso palidecía. Hikari, sin embargo, ha crecido y ha pasado de ser una niña de entre cuatro y cinco a ser toda una mujer. Su pelo creció considerablemente con el paso de los años, hasta rodillas, por obligación del sacerdote de su aldea que las jóvenes no se cortaran el pelo antes de cumplir los 18 años. Además, todas las jóvenes debían llevar algo blanco para identificarse como puras, algo que Hikari lo tiene en forma de vestido y que le llegaba a las rodillas. El vestido contrastaba con la delgadez de la joven y con su piel pálida como la nieve.
Hikari seguía visitando a Kusano algunos días de la semana, cerca del árbol donde Kusano permanece, en algunas ocasiones con algo de comida o sin nada, ya que el dragón solía viajar por Ikku para conocerlo más de cerca. Hubo un momento que Kusano invitó a Hikari para viajar alrededor de Ikku, y la joven se asombró. Volaron por todas partes: la Cordillera del Diamante, el Lago de las Lágrimas, el Mar de la Alegría y el Mar de la Tormenta... Atravesaron las Islas de la Tristeza y el reino de Leben, además de las ciudades de Dasein, Wandel, Elama y regresaron a Vita, donde se encontraba, en lo alto de una colina, el santuario de la diosa importante de Ikku, Lif, y la aldea de Hikari.
Hikari todavía recordaba aquel viaje encima de su dragón, serpenteando por todo Ikku. Fue el mejor viaje de su vida.
Para Hikari, Kusano era su mejor amigo dragón. Pero para el pueblo, era una amenaza.
La aldea de Hikari conocía, de oídos del padre de Hikari, la existencia de un dragón, cerca de la aldea. Temían que el dragón invadiera la aldea echando fuego, gracias a las leyendas que sus ancestros habían contado tiempo atrás acerca de seres con alas y escamas que echaban fuego a todo aquel que fuera su enemigo o a aldeas. Hikari intentaba convencerles que Kusano no era malo ni siquiera echaba fuego por la boca e incluso les contó la historia de él cuando vivía en la Tierra, pero su pueblo no la escuchaba. Eso la hacía sentirse triste.
Además, sus padres la marginaban. Ella maldecía el día que dijo a sus padres de la existencia del ryu. Lo dijo cuando tenía cinco años, en un momento que sus padres estaban muy preocupados por ella y, cuando oyeron las palabras de su hija, decidieron llevarla al santuario del pueblo, donde el mago de la aldea, Yama, expuso que lo mejor de todo era que Hikari siguiera adelante con la relación al dragón, para apaciguar la relación y así evitar una catástrofe en la aldea, pero con la norma de que sus padres no escuchen ni obedezcan las palabras de la niña. Las jóvenes de la aldea no podían hablar con Hikari y eso provocó la inexistencia de amigas en la vida de Hikari.
Una noche, después de viajar con Kusano por Ikku, Hikari salió al patio de su casa y se sentó en el suelo de madera que miraba al paisaje. Una mariposa dorada se posó en el tirante del vestido y Hikari, sonriente, la cogió con los dedos, la miró sonriente y declaró:
-No sé cómo decirlo... Hoy, expliqué a Kusano una anécdota que oí en la aldea acerca de una futura boda entre una pareja. Le expliqué cómo solía venir la novia y el novio y el banquete que la aldea hace al nuevo matrimonio. Se quedó un rato callado, y me dijo: “Ahora me imagino a ti con ese vestido que lleva la novia. ¿Quién será el novio?” Entonces, me puse roja como un tomate y decidimos hablar de otras cosas- ... Dime, mariposa dorada... ¿es posible...
La mariposa dorada empezó a revolotear alrededor del pelo blanco y largo de la joven, Después, volvió a las manos de la muchacha.
-¿Es posible que alguien se enamore de un animal, de un dragón como él? Yo... estoy...- se sonrojó.- enamorada de Kusano. Pero él es un dragón y yo una humana, pero quiero estar con él... para siempre... Ojala hubiera algo que cambiaría la vida entre nosotros.
La mariposa dorada seguía quieta, como si estuviera escuchando el sermón de la joven. Hikari gritó algo, levantándose, haciendo caer de sus manos a la mariposa dorada que, nada más caer al suelo, levantó el vuelo.
-¡Claro! ¿Por qué Kusano no puede ser un humano como yo? Así estaremos juntos para siempre.- exclamó muy contenta Hikari, alzando la mariposa dorada entre sus manos y por encima de su cabeza.- La diosa Lif me podría ayudar cómo intentar ser humano Kusano. Mañana la veré...
Sin embargo, cuando aquellas palabras salían de su boca, no se daba cuenta de la presencia de un hombre que se escondía detrás de ella. Su padre la estaba espiando y había oído las palabras de su hija, incluso el confesar estar enamorada del dragón y hablar con Lif, la gran diosa, para que sea un humano. Aquellas palabras cayeron sobre él con fuerza, mientras gruñía de enfado.
Cuando Hikari salió de la casa (sin decir nada a sus padres ni a sus hermanos) antes de que amaneciera el sol, el padre reunió a la familia para avisar a toda la aldea y al mago Yama para asesinar al ryu de una vez por todas. Sabía la ubicación del dragón de barbas alargadas, así que todos prepararon sus armas. Mientras, el mago Yama meditó para recuperar su magia y ser lo más fuerte posible.
Todos se dirigieron al árbol gigante, con Yama a la cabeza. Kusano se extrañó de ver toda la aldea ir hacia su casa y descendió del árbol para saludar a la aldea, pensando que a lo mejor habían cambiado de opinión aceptando al dragón. Pero cuando Kusano bajó del árbol, se dio cuenta de su error e intentó volver a la copa del árbol, pero algo le agarró con fuerza del cuello.
Yama, el mago, había lanzado un hechizo que agarraba el cuello del dragón para empujarlo a tierra. Aunque Kusano era más fuerte que el mago, la magia del mago era tan poderosa que el ryu cayó al suelo, el hechizo se deshizo y Kusano intentó respirar, tosiendo con fuerza.
-¡Dragón! ¿Es que no piensas luchar?- gritó un aldeano anciano que portaba una hoz.
El ryu, aunque escuchó las palabras del hombre, no profirió palabra alguna. Ni se movió. Aún así, todos los aldeanos atacaron con sus armas. Uno atacó con su espada una de las patas, hiriéndola gravemente. El padre de Hikari arremetió con uno de los ojos de Kusano, haciendo un tajo que cubría todo el ojo y sangrando.
El dragón permaneció en su sitio terrenal, intentando no gemir ante los dolores que estaba sufriendo a causa de las heridas, porque para Kusano, un ryu como él no tenía porque luchar contra los hombres y no sufrir las heridas que tienen. Antes de lanzar su último aliento, su último pensamiento era hacia Hikari...
Hikari... ¿dónde estás? Te echo de menos...
Mientras su aldea atacaba a Kusano, Hikari llegó al santuario de Lif. Recordó que, para llamarla, debía de estar su estatua y pronunciar unas palabras. Por suerte, Hikari recordaba esas palabras y las pronunció delante de la estatua con los ojos cerrados.
Hikari abrió los ojos y vio a Lif. La diosa que había creado su mundo, el mundo donde ella había nacido. Los ojos verde esmeralda de la diosa se dirigieron a los rosa de Hikari y se acercó a la joven humana, revoloteando con sus alas de hada.
Hikari alzó sus manos para agarrarlas a las de su diosa. La diosa aceptó el trato con una sonrisa y apretó las manos. Aunque Lif no podía hablar con la boca, podía hablar con el pensamiento.
¿Qué te pasa? Te veo triste. Dime.
Hikari se echó a llorar. Lif decidió abrazarla para consolarla, y Hikari se sorprendió. Las manos suaves de la diosa se posaron en el cabello liso y blanco de la muchacha.
Es por ese dragón, ¿verdad? Desde que llegó ese dragón a este mundo, lo he estado viendo. Yo también te veía con él, y cuando pasaba el tiempo, veía como cambiabas. Eres la Doncella del Ryu.
Hikari alzó la cabeza para mirar los ojos verde esmeralda de la diosa. Un trozo de cabello rojo de la diosa posó sin querer en el hombro de la joven.
-¿Doncella del Ryu? ¿Cómo...?- quiso saber Hikari.
Has estado cuidando de ese... ryu durante muchísimos años. Desde que lo encontraste cuando no eras más que una niña de cinco años, a partir de ese momento, se creó una amistad que nunca se rompió. Tú lo cuidabas, él te cuidaba. Ambos estáis enlazados... y enamorados.
Cuando Hikari oyó la última palabra que Lif pronunció, una lágrima salió de su ojo rosa. A continuación, las lágrimas saltaron de sus ojos, golpeando el suelo de piedra oscura. Hikari escondió su rostro entre sus manos y recibió un caluroso abrazo de la diosa.
-De eso último que has dicho... pensaba decírtelo. Estoy enamorada de él, pero él no es más que un dragón... y quiero estar con él durante toda mi vida... ¿QUÉ PUEDO, HACER, DIOSA LIF, QUE PUEDO...?- gritó Hikari, llorando sin parar.
Lif disolvió el abrazo, puso sus manos en los hombros de Hikari, dirigió su mirada a los ojos de la joven de pelos blancos y comentó:
Pero has llegado tarde. Nada más salir de la aldea, toda tu aldea se dirigió al lugar donde vive tu dragón y lo están atacando. El dragón está muy grave, muy cerca de la muerte.
Hikari miró a las pupilas de los ojos verdes de la diosa y se desmayó al oír aquellas palabras. La diosa la agarró en el instante que por casi chocaba al suelo y la colocó a su espalda.
Pero... podemos impedirlo.
Lif, con Hikari a su espalda, salió del santuario, y voló hacia la aldea, decidida a impedir la matanza de un dragón que no hacía nada a los humanos.
Vio una serie de puntos de distintos colores, junto a otro, que estaba separado de los demás y se acercaba a algo alargado. Lif se dio cuenta de la situación y se acercó al grupo de puntos, que poco a poco eran hombres y mujeres con hoces, palas, antorchas.... en las manos.
Uno de los hombres vio a la diosa, la señaló con el dedo y gritó a todos sus compañeros que la diosa estaba llegando. Nada más tocar Lif el suelo de tierra con sus delicados pies desnudos, los humanos se arrodillaron ante ella.
-¿Qué es todo esto, humanos?- preguntó la diosa a los aldeanos.
Una de las aldeanas se dio cuenta de Hikari en la espalda, nada más poner sus pies en la tierra. Lif pidió a los aldeanos que se pusieran de pie y dejar pasar a Hikari para ver a su amigo ryu muy grave.
-¿No sabéis el daño que habéis hecho? ¿No habéis hecho caso de las palabras de Hikari, de todo lo que ha visto con sus ojos gracias a este dragón?- les gritó a la cara la diosa de Ikku.- Yo he visto este dragón merodear por este planeta y decidí mirar su vida de antes... Él procede de un lugar muy diferente al nuestro y era nada más y nada menos que un guardián de los mares.
Los aldeanos, asombrados de las palabras de la diosa, tiraron sus armas y se arrodillaron como muestra de disculpa. Pero uno decidió no hacerlo y preguntó a la diosa porque Hikari no contó la vida anterior de Kusano a toda la aldea.
-Yama, el mago de esta aldea, decidió que Hikari, cuando era niña, no contase nada de Kusano a vosotros, a excepción de sus padres, pero aun así, ellos lo contaba a vosotros, aldeanos inútiles. Sin embargo, Hikari se guardó los secretos más escondidos del dragón, como el ser un guardian de los mares.- contó Lif.- ¿Dónde está el mago de esta aldea?
Yama se acercó a la hada de piel verde y a Hikari y se arrodilló sin decir palabra.
-Yama, mago de esta aldea.- dijo la diosa, apoyando una mano en la cabeza calva del mago.- He decidido que tu destino como mago se acabe de una vez. No puedo consentir que ataques a una criatura magnífica como el dragón que estabas torturando y atacando hace un momento, así que he decidido desterrarte de esta aldea para siempre y refugiarte en una cueva, al lado de la Cordillera del Diamante. Nunca usarás tu magia ni para el bien ni para el mal.
Yama se levantó y decidió juntarse al árbol donde yacía el dragón, mientras Hikari acariciaba su rostro escamoso lleno de sangre, llorando de tristeza. De repente, la diosa alza sus alas y levanta el vuelo para estar en suspensión, para enseñar a los aldeanos su superioridad ante los hombres.
-Aldeanos.-exclamó a todos los aldeanos.- Quiero decir que Hikari ha cuidado con y a lo largo de su vida a este dragón o ryu, así que quiero dar el título honorífico de Doncella del Ryu. Se llamará así, hasta el día que llegue su fin y muerte.
También quiero dar un regalo al ryu por acompañar a Hikari a lo largo de su vida, incluso cuando la muerte esté cerca. El ryu se merece algo humano... Aunque tendrá las cualidades de un ryu, he decidido que lo voy a convertir en un ser humano, como vosotros.
Los aldeanos quedaron asombrados de las palabras de la diosa. Kusano intentó levantar su cabeza para poder ver a la diosa, pero la bajó por lo débil que estaba. La diosa bajó a tierra, se acercó al ryu y le tocó el hocico, con una sonrisa y con los ojos cerrados. Nada más quitar su mano del rostro del ryu, el ryu empezó a tambalear y cerró sus ojos, como si hubiera expirado.
Sin embargo, una escama cayó de la cabeza del ryu, y poco a poco, un destello de luz que salió del cuerpo del ryu cegó a todos los aldeanos, a excepción de Hikari. Las escamas azules le salieron del cuerpo por los aires, hasta el suelo y las barbas del dragón desaparecieron, al igual que los cuernos y la cola.
Cuando el destello desapareció, yacía en brazos de Hikari un joven de la misma edad que Hikari, con pelo negro largo y atado con una cinta azul y vestía ropajes lujosos de color azul y blanco. Poco a poco, sus ojos se abrían, fijándose en los ojos rosa de Hikari: los ojos del joven eran de color verde.
-Hikari...- susurró el joven.
Hikari lo abrazó, llorando de alegría. Kusano pudo ver por primera vez sus manos, blancas como las barbas que tenía en su forma anterior de ryu, cuando acarició la espalda de su mejor amiga.
Cuando se separaron, Hikari se lanzó hacia la cara de Kusano para acercar sus labios a los suyos. Nada más recibir el beso, Kusano abrió los ojos totalmente impactado, pero poco a poco sus ojos se cerraron y sus brazos se abrieron para proteger la espalda de su mejor amiga, ahora enamorada, como si estuviera protegiéndola. Con sus manos, acarició su pelo liso, largo y blanco con ternura, mientras Hikari le acariciaba las mejillas.
La aldea empezó a aplaudir a la nueva pareja, acompañados de Lif, que no paraba de sonreír. Cuando se acabó la escena, Lif decidió hablar para todos.
-Ha sido un día grandioso, no solo para todos vosotros, sino para Ikku en general. Aldeanos, habéis aprendido que es mejor confiar en nuestra gente, en casos de problemas. Y además, que los monstruos que leísteis de los cuentos y leyendas a veces no suelen ser malos. Sentíos orgullosos y aceptad a Hikari y a Kusano como nuevos amigos.
El padre de Hikari se acercó a su hija y a Kusano, y alzó su mano horizontalmente hacia Kusano. Kusano miró confuso la mano, pero Hikari le dijo que si estrechaba la mano a su padre, era símbolo de saludo, fraternidad y alianza. Kusano abrió su mano y la estrechó en la mano del padre. El padre sonrió, y después le pidió disculpas por atacarle antes, pero Kusano le perdonó, al igual que la aldea, a excepción de Yama, que misteriosamente desapareció después del destello de luz. Toda la aldea aceptó a Hikari y a Kusano.
Con el paso de los días siguientes, la aldea dio un festín, con invitados especiales como la diosa Lif, pero sin duda, los protagonistas eran Kusano y Hikari, que decidieron comprometerse y casarse ese mismo día, con los títulos de Kusano el Ryu y Hikari la doncella del Ryu.
Sin embargo, Lif decidió hablar con Kusano a escondidas. Lif decidió que Kusano tendría un apellido como todos, así que la diosa decidió llamarlo Kusano Setile y que, aunque sería humano para el resto de su vida, seguiría teniendo sangre de ryu en sus venas, asi que la diosa le dijo que sus descendientes podrían tener poderes y habilidades increíbles. También reveló que sus descendientes harían grandes hazañas por Ikku...
Pero eso es otra historia...