Susurro
Puedo sentir a La Muerte cerca de mí, me susurra al oído, escucho voces en mi cabeza que no me dejan pensar.
Que curiosa es La Muerte… a pesar de saber que ganará la batalla te reta y te incita a perder antes de tiempo. Es muy fácil caer en su juego, acelerar el carro, fumarte otro cigarro, comer una hamburguesa más, defender alguien otra persona, intentar un nuevo salto o incluso ceder a esas voces que nunca se callan en mi cabeza y me dicen que lo haga antes de que ella llegue por mí.
La veo en todos lados, me sigue, está acechándome en la esquina de mi cuarto, al cerrar los ojos intenta seducirme y convencerme de ir con ella. Puedo verla detrás de aquellos condenados; aquel anciano enfermo que apenas puede caminar, ese adolecente con auto nuevo que sin saberlo condenará a la chica de ojos azules que lo acompañará, esa mujer alta y poderosa que no ha notado a la muerte disfrazada de un ladrón escondido en la siguiente esquina, incluso la veo pegada a ese pobre niño que sueña con ser futbolista, pero que nunca llegará a su cumpleaños número diez.
La muerte es injusta, deja vivir al avaro hombre de negocios que se refugia en su dinero, pero aniquila al trabajador. Uno vivó mucho tiempo disfrutando y el otro vivió poco y sufriendo.
Las religiones te pintan tan bien el más allá que lo mejor sería dejar de vivir, es mentira, sólo es otro truco para que la muerte te derrote.
No sé cuánto me queda, cada vez la veo más cerca y jamás deja de hablarme, está en mi espejo, en mi mente. A veces se me presenta como una bella mujer de labios rojos y aroma delicioso, otras veces como un hombre canoso de aliento repugnante y en ocasiones parece un pequeño niño jugando con burbujas.
Veo sombras todo el tiempo, incluso a plena luz logras obscurecer todo el entorno.
Siento frío, sé que estás aquí, deja de esconderte.
No estoy pidiendo ayuda, pero quiero ayudarte.
¡Cuidado! ahora mismo la tienes a tu izquierda, no voltees, siente su presencia, siempre está cerca, pon atención te está hablando, pero no le hagas caso, no intentes entender lo que te dice, no cometas mi error.
Puedo sentir a la muerte cerca de mí, me susurra al oído, escucho voces en mi cabeza que no me dejan pensar.
Ahora la muerte soy yo.
Escrito por Alan Hernández












