Insomnio.
¿Sabe algo? Qué ira seguir sintiendo tanto por usted. Que ira haberle dado rienda suelta a este galopante corazón, convencido -y esto sin duda me pone colérico- de que usted valía completa y absolutamente la pena. No importa, ya no más. Si le escribo es porque quiero agradecerle... agradecerle por ejemplo por el dolor que aún hoy se anida en mi pecho -me recuerda que estoy vivo- agradecerle, por ejemplo, por romperme el corazón en un millón de pedacitos: todos, sin excepción, conservan su tacto, el aroma de su piel, el sabor de sus besos. Usted con sus actos no es merecedora de estos versos, pero ¿qué hago si se me escurren por los dedos? Me gustaría decirle que la odio, pero no es verdad. Me gustaría decirle por ejemplo: usted es lo peor que me pudo pasar… pero, la única verdad es que no hay nada peor que su ausencia. Nada más tétrico que mis dedos entrelazando el aire que no tiene la forma ni el color de sus dedos, que no conserva su calor ni da testimonio de sus latidos. Todo este amor que intento disfrazar infructuosamente de odio –y es que ¿cómo podría alguien cubrir lo insondable?- florece en mis campos. Y aunque duela, aunque ya no estemos juntos, aunque no me pierda más en sus ojos ni usted en los míos… Quiero decirle, desde lo más profundo de este maltrecho corazón: ¡Gracias!
-C.













