Y entonces vuelves como no quiere la cosa, vas pisando los cristales que dejaste regados cuando saliste con prisa, y ahora vas caminando con minuciosidad para no hacer ruido en esta casa que ya no te recuerda, recoges la ropa que una vez dejaste tirada en la esquina y pides perdón en silencio porque no hay tal bienvenida, solo interrogantes de tu posible regreso. Vuelves a cuenta gotas, das un avistamiento por allá y un saludo casual por acá, pero no hay respuesta, y te preguntas si hiciste bien en marcharte cuando aún hacía frío en enero, te cuestionas si debiste de haber esperado el calor que siempre te esperaba en abril y que hoy, en pleno mayo mueres de frío. Las respuestas te van dando cachetadas en ese rostro que una vez quise, pero que ahora miro con indiferencia, salen palabras de tu boca preciosa, y son palabras que ya no quiero entender, esa voz que ya no quiero escuchar, esos labios que detuvieron el tiempo sobre los míos, y comprendes que ya no hay plegarias infinitas rogando que te quedes, aunque sea una pena, para intentarnos como guerreros en plena batalla, para morir parados de amor y no hincados de vergüenza, para que la lluvia cayera sobre nosotros haciéndonos lo imposible y no ahogarnos de nada.
La incomodidad te está matando por dentro y no tienes a la mano tu discurso perfecto con el que siempre se permitía tu regreso, aquellas frases tan bien aprendidas que recitabas de memoria para tenerme ahí contigo, para ti, pero nunca para mí.
Ahora que te encuentras parado frente a mí, te das cuenta que las flores que una vez mataste con tu egoísmo hoy florecen más que nunca, y, joder, cómo te arrepientes de no haber estado presente mientras la luz las hacía brillar con mayor esplendor, esas flores que han crecido y que se riegan solas sin tus miedos, sin tu rechazo, sin tu frío; flores que hoy sobreviven solas.
Tu semblante se entristece, merodeas, me analizas, te giras, sonríes, silencio, y te das cuenta que al final de todo, yo ya no soy la misma, que camino con más seguridad, que mis cicatrices forman parte de mi historia, que mi dolor me define, que mi risa se rompe y que tengo el corazón cruelmente roto, pero que a pesar de toda esa tristeza, de todo ese desastre en el que me he convertido, soy una ruina preciosa, con esas grietas por donde permito pasar la luz de vez en cuando y que en los brazos correctos sonrío de verdad, y te apenas, y me buscas, y me ruegas y entiéndelo, ya no te quiero conmigo.