a estas alturas de mi vida
imagino que nunca llegarás.
que conformarse es dormir con el fracaso.
A dĂa de hoy tendrĂa de respuesta,
que agarrarse a una esperanza
y solo si eres capaz de soltarla
puedes contemplar la realidad.
Confieso que a veces ha sido culpa mĂa,
que en mis ganas de que aparecieras,
te he confundido en otros rostros,
incluso he amado a otras como si fueras tĂş,
agarrado a un para siempre
hasta la oscuridad infinita
deberĂas saber que lo he intentado,
con la excusa de un flechazo,
he perseguido a mujeres por la calle,
como un voyeur recién salido de prisión,
he pagado copas a rubias de bote,
escrito poemas a morenas de playa,
besado a casadas por si dijiste que si
de un sueño de infancia,
donde el blanco de un vestido
podĂa devorar los grises de la vida.
Y he regalado flores y bombones,
anotado en un cĂrculo fechas importantes,
enumerado estrellas agarrado de una mano,
visto figuras absurdas donde solo habĂa nubes,
esperado trenes que pasaban de largo,
aviones con pánico a la puntualidad,
seguidos caminos con el Ăşnico deseo
de que no acabaran en profundos precipicios.
no imaginas cuantas noches
he ideado un encuentro fortuito,
cuantas mañanas te he buscado
a la derecha del colchĂłn,
cuantas resacas tengo incrustadas en el hĂgado,
cuantos insomnios de no hallar bien la postura,
cuantos espermatozoides confundidos
por ir en direcciĂłn contraria a tu verdadera existencia.
He hecho montones de promesas
que solo podrĂa haber cumplido contigo.
Y he cometido demasiados errores,
te he llamado en otros nombres,
ha girado todo mi mundo alrededor de otra cintura,
he llorado otras ausencias,
ganado la paz en en otras bocas,
perdido la guerra en otros muslos.
Incluso a veces querida nadie,
he dejado de echarte de menos
Diciéndole a otras mujeres
el tiempo que llevaba esperándolas
como si por fin tĂş querida nadie
hubieras llegado a mi brazos.
Ahora estoy seguro que nunca fue asĂ,
que no hemos sido capaces de encontrarnos,
que yo estoy solo y tĂş tal vez
con el hombre equivocado.
si alguna vez apareces en mis dĂas
con esa seguridad entre los labios
del por fin y el para siempre,
tristemente querida nadie
a estas alturas de mi vida,
ya ni siquiera me queda amor