Mi madre pide perdón después de 37 años
Cuando te inclinaste hacia mí, con los brazos extendidos
como quien trata de atravesar un fuego
cuando te tambaleaste hacia mí, gritando que lamentabas
lo que me habías hecho, tus ojos
llenos de un líquido terrible como
esferas de mercurio de un termómetro roto
patinando en el suelo, cuando gritaste
¿A quién más podía recurrir? ¿A quién más tenía?
La vajilla picada de tus manos balanceándose hacia mí, el
agua que se desprendía de tus ojos como la humedad de
las piedras bajo presión, no podía
ver qué haría con el resto de mi vida.
El cielo parecía astillarse, como una ventana
por la que alguien entra o sale, tu
pequeño rostro brillaba como un
cristal destrozado, con verdadero arrepentimiento, el
arrepentimiento del cuerpo. No podía ver lo que mis
días serían, contigo arrepentida, contigo
deseando no haberlo hecho, con el cielo
cayendo a mi alrededor, sus fragmentos
brillando en mis ojos, tu viejo y suave
cuerpo caído sobre mí horrorizado yo
te tomé en mis brazos, dije Está bien,
no llores, está bien, el aire se llenó de
de vidrios que volaban, casi no sabía lo que decía
o quién sería ahora que te había perdonado.
- Sharon Olds, traducido por G. Rodriguez Cid.