Caravana de migrantes hondureños
Soy mexicana y los recibo en mi país con los brazos abiertos, yo no te conozco y tú no me conoces. No me imagino lo difícil que es dejar tu país, donde has vivido todo, tienes tu vida, tus recuerdos, tu familia, tu identidad. Te recibo con los brazos abiertos porque fuiste muy valiente al dejar todo y aventurarte a buscar una vida mejor en países donde no conoces a nadie y donde es incierto tu futuro.
Te recibo con los brazos abiertos a pesar de no conocerte, de no saber nada de ti, a qué te dedicabas en tu país, tus gustos, tu religión, al no saber absolutamente nada de ti; porque somos hermanos. Somos humanos y si entre pueblos no nos apoyamos, ¿Con quién?
Te escribo te doy fuerzas y ánimos a ti que vienes con tus hijos, que dejaste a tu familia, a ti mujer, a ti abuelo, abuela, jóvenes, adultos, niños.
Te deseo llegues con bien a tu destino, que encuentres lo que estabas buscando, que encuentres a gente que te ayude, que no pase encima de tus derechos.
Voy a rezar por ti y todos tus compañeros hondureños que salen de su país no por gusto, sino por necesidad.
Le pido a Dios de todo corazón que hoy, esta noche, estés bien. Que amanezcas, que respires, que tengas tus pies, manos, ojos y estes sano para que puedas seguir luchando por una vida digna y mejor.
Te amo, se fuerte que ya falta menos.