Para amar, debo olvidarme de tĂ.
Debo dejar de encontrarte en los balcones donde hacĂamos el amor con la mirada, hasta desfallecer entre las sábanas del querer. SĂ© que será fácil para mĂ. Debo empezar a olvidarme de tus labios diciendo "te amo", o dejar atras tus cartas y comenzar, de nuevo, a pensarte menos.
Debo caerme de la cama cuando te encuentro en mis sueños, si pretendo volver al principio de las inquebrantables letanĂas. Debo dejar de servirte en un vaso para whisky, y al mismo tiempo, debo dejar de beberte asĂ, cual meretriz... de golpe.
Debo buscarme entre las pesadillas y salir de ahĂ conmigo mismo, para ver si asĂ empiezo a quererme más a mĂ, menos a tĂ, menos a todos. SĂ© que puedo hacerlo, no me es difĂcil pensar en dejar de caminar por las calles donde están aquellas esquinas en donde nunca te encontrĂ©.
Incluso cuando más dudas tengo, sé que puedo dejar de pisar los charcos donde se ahogaban los barcos que nos llevaban juntos. Aunque no es poder, debo dejar de pisar los pasos que ya diste como si no fuéramos dos fumadores compulsivos viendo el humo desaparecer ante el alba.
SĂ© que podemos hacer que las gentes nos olviden, como si juntos, hiciĂ©ramos uno solo... como si asĂ funcionara. Y es que, aunque funcionara, sĂ© que, para seguir, debo dejar de vivirte cada dĂa como si fuese el Ăşltimo. Y aĂşn siendo el Ăşltimo, debo dejar de alumbrarte, queriendo que al dĂa siguiente, volviĂ©semos a nacer juntos.
Es efĂmero, audaz, quizás hasta platĂłnico. Pero si de verdad quiero amar, solo debo dejar de tenerte en frente y asĂ, prentender que puedo escapar de tĂ.

















