ARETES DE SANTA CLAUS PARA NAVIDAD
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ARETES DE SANTA CLAUS PARA NAVIDAD

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Done #santoclos #blockprinting #illustration (at AIGA San Diego LINK)
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#merrychristmas #santa #clause #santoclos #smile #holidays #barba #viejito #lol
Parece que #SantoClos 🎅 esta cerca🎄or it can be some other thing 😱😅 #santaclaus #santa #papanoe

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Santo Clós (I)
Era uno de esos días soleados y bochornosos que ponían de malas a cualquiera. Encima de que no le pagaban la gasolina al ir a X o Y banco a realizar depósitos, había de aguantar el efecto invernadero que se hacía en su coche al dejarlo cerrado en el estacionamiento. Ni qué decir de lidiar con la incertidumbre de cargar con fuertes sumas de dinero, exponiéndose a atracos y malas venturas, pero alguien tenía que hacerlo.
Y ese día en particular, ese maldito día en particular, con treinta y seis grados centígrados a la sombra, tenía que realizar uno de esos dichosos depósitos en el banco, pero no uno de esos depósitos pedorros de trescientos pesos para la casa hogar o el abono a cuenta de la tanda de la vecindad, no, nada de eso, sino uno de esos depósitos bien gordos que representan el pago semanal de cuarenta personas de sueldo medio o alto; una pinche lanota pues. Y ahí iba, a formarse al cajero tratando de alejar sus manos lo más posible del bolsillo de su infernalmente caluroso saco.
—Goe, ya es hora, ca'. —¿A poco ya se salió el ruco? —Simón ¿No lo viste? —No, carnal, la neta no. —Ay, cabrón, cómo eres pendejo. ¿Otra vez te quedaste dormido? —Sí, güe, pero no vuelve a pasar. —Pues es que no mames, güey. Ya córrele a alcanzarlo al puto, porque me urge pagarle al cabrón de los porros. —Órale pues, yastás ca'.
Demetrio se paró del retrete, se guardó el teléfono en el pantalón raído y le jaló como si en serio hubiese cagado algo. Salió del baño sin lavarse y regresó a la banda de producción. Su supervisor le reclamó que se tardó un chingo en el baño pero no se le ocurrió catearle la indumentaria. Y Demetrio se sentó otra vez a pespuntar lo que estaba pendiente, faltaba más.
Ramiro seguía formado en el banco echando maldiciones porque el aire acondicionado se había atrofiado. Todavía había tres bueyes delante de él en la fila de 2 o más movimientos y no veía la hora en que la cajera novata se apresurara con lo que fuera que estuviese haciendo con el de hasta adelante. Y entonces oyó, con todo el pesar de su corazón, esa maldita frase que estremeció a un país entero en mil novecientos ochenta y ocho: “se cayó el sistema”.
José Juan, compadre de Demetrio, había llegado al banco en el destartalado Datsun 72, salió corriendo del auto con el pasamontañas puesto. Le disparó con la metralla al guardia y la esencia de esté empañó con violencia el cristal detrás de él. Gritos, amenazas y carteras bolsos y sobres engordados cayeron sobre el suelo mientras José Juan daba la instrucción de que todos se pusieran pegados a la pared. Recogió lo que pudo antes de salir como alma que lleva el diablo. Ramiro vio como el jijo de la chingada se llevaba el sobre con su paga semanal y la de otros cuarenta desafortunados godínez.
Podía ser un carrito destartalado, pero el Datsun 72 siguió su marcha evadiendo patrullas e invadiendo banquetas. Se metió a un callejón y los policías en moto se metieron con él. Frenó antes de chocar con el muro, y con la presteza de una estrella de película de acción se giró y disparó su arma contra el cristal trasero del auto. Le reventó los sesos a uno y el otro se alcanzó a agachar. Salió del auto, sin dejar de disparar, abrió la puerta, entró y la cerró. El oficial vivo pidió refuerzos para delimitar la zona.
Se vistió, puso el botín en otra mochila más vieja y raída que la otra y salió del departamento. En el portón estaba el portero y la señora que vendía quesadillas. Chitones los dos, porque sabían que les iba a tocar su buena parte; el portero hizo como que iba a abrir el portón para dejar entrar el aire y la doña le hizo espacio para que entrara por la alcantarilla que estaba debajo del comal. Nadie vio nada. Las patrullas llegaron cinco minutos después.
Ochocientos treinta y seis mil doscientos cuatro pesos, más relojes, pulseras y un par de celulares. Estuvo cabrón, se pensó José Juan, y le mandó un mensaje a su cuate.
Demetrio pidió permiso para ir al baño otra vez, se quedó media hora ahí hasta que su supervisor fue por él y lo encontró dormido en el váter. Lo regañó y le dijo que le iba a poner un acta administrativa. Entonces Demetrio le soltó un puñetazo y le mentó la madre. El ofendido salió corriendo buscando al de recursos humanos, como cuando hacía antaño al acusar a sus compañeros con la directora de verle los calzones a las niñas. No hubo necesidad de buscar a Demetrio porque este solito se presentó por su propio pie en RH a renunciar. Ya estuvo bueno, dijo, ya me voy a la chingada. El supervisor le dijo que lo iba a demandar por daños físicos y Demetrio le soltó otro putazo. Mocos, puto.
Ramiro estaba que se lo llevaba pifas. Le gritó al gerente que por culpa de su cajera pendeja le habían quitado más de medio millón de pesos, mientras este escuchaba de forma queda y comprensiva como si un asalto a mano armada fuera lo más normal del mundo. Luego le hizo el clásico cocowash de que estas cosas pasan y que no se puede hacer nada, causas de fuerza mayor, mire, invertimos en seguridad, están las cámaras, la caja fuerte, los guardias de seguridad, que por cierto nos mataron a uno, hacemos casi todo lo posible por evitar este tipo de situaciones. Pero a Ramiro no lo sacaron de sus casillas hasta que no llegó la policía y le dijo que le bajara de huevos.
Interrogaron a todos los de la vecindad y se tuvieron que dejar catear por los elementos judiciales. No encontraron ni madres, pero si hubieran sido más inteligentes, hubiesen encontrado la rala mochila de José Juan en la lavadora de la vecina, con manchas de sangre y con la descripción exacta de los testigos. Pero nel, jamás la encontraron porque la señora (la hermana de la de las quesadillas) andaba lavando y, aparte, le había echado cloro a la ropa. Ni se tomaron la molestia de esculcar la lavadora.
Poco después la doña de las quesadillas rentó un local nuevo y el portero puso un intento de bazar en el lugar que ocupaba la señora. Siempre tapando la alcantarilla.
Por su parte, Ramiro fue despedido y, con su liquidación, contrató a un detective privado.