Tengo ganas de saltar hacia el vacío. La puerta ya está abierta, pero hace falta anudar un par de cabos más para que esta no se rompa al lanzarse. Desconozco la inmensidad, y la profundidad del salto. Conozco la sensación, será tediosa, y al final lo pensaré
“Te has rendido a todo aquello que no querías, por no ser lo suficientemente fuerte, quisiste convencerlos a todos, porque sabías que tú no lo estabas”
Y al final, no funcionó. He visto como muchas puertas se han ido cerrando, mientras regaba mis raíces con sal y entonaba baladas de drama cada vez que la luna ofrecía luz a la dama nocturna. Estoy cerca del final de una etapa, y no sé lo que necesito, ni lo que quiero, cómo muchos. Lo único que sé, es que me equivoqué, y cargaré con estas arcadas ácidas para el resto de mis días. No quiero seguir perdida, no quiero ir dando tumbos, no estoy preparada, y a la vez llevo tantos años empinando el embudo, que ya no me cabe más, no lo soporto, y ya casi es la recta final.