La noche anterior, el muchacho había estado en el bar tomando un par de tragos y sin ninguna dificultad realmente, se había ganado la compañía de una atractiva rubia que se encontraba por ahí. Bebieron juntos, él le pagó los cocteles que había pedido y terminaron en el camarote del chico. Algo normal para él y seguramente para ella también. Por la mañana, el americano despertó y se dirigió al mini bar para abrir una botella de agua mientras aquella desconocida aún dormía en su cama, y la ropa aún se encontraba tirada en el suelo. Después de que la chica despertara, su teléfono sonó. Era su novio, estaba buscándola. ¿Qué clase de chica se acostaba con otro chico teniendo a su novio cerca? Claro, ese tipo de chica. La muchacha empezó a vestirse rápidamente y Ezra apenas y logró ahogar una carcajada que amenazaba con salir. "Deja de reírte imbécil, si mi novio se entera va a matarte" la escuchó decir. —Yo no te obligué a venir, preciosa— Respondió el castaño, dándole un trago a su bebida. "¡Eres un idiota!" Exclamó la despampanante rubia mientras abría la puerta para salir, encontrándose con alguien que estaba en el pasillo, a punto de entrar a la habitación o simplemente pasando por ahí. —Hey cariño, te estas olvidando este— Dijo el muchacho con el sostén de la muchacha colgando de su mano. Las mejillas de la joven se pusieron rojas y no estaba seguro si de rabia o de vergüenza, pero arrebató la prenda de sus manos y se fue, desapareciendo del pasillo. Ezra se quedó parado en la puerta con una sonrisa divertida, vistiendo solo unos bóxers ajustados. Dirigió su mirada a la persona que se encontraba mirando la escena y levantó las cejas. No sentía vergüenza ni nada parecido, así que simplemente dijo: —Ni una palabra de lo que viste, eh— Advirtió, esperando no recibir una mirada mala o un interrogatorio por parte del espectador.













