— Pasó de ser una bailarina de Las Vegas, a ser la esposa del dueño de uno de los casinos más importantes de la ciudad, no lo había pensado antes, pero tienes razón, es la nueva cenicienta. — Comentó con una pequeña risa. — Es algo tonto, ¿prometes no reírte? — Preguntó un tanto desconfiada.
— Tu mama es toda una inspiración, por favor algún día debes de prometerme que me la vas a presentar — hizo un puchero levantando su dedo meñique para sellar la promesa, esas historias hoy en día ya no solían suceder— Prometo no reírme aparte… ¿Quién no ha hecho algo tonto en su vida? — inquirió llevándose ambas manos a su cadera.














