Quizá mañana comience a recorrer caminos diferentes, caminos desconocidos y sĂ,quizá tambiĂ©n aprenda a tragarme el miedo para poder descubrir lo que existe detrás de un continente que jamás he pisado o de una lengua que tengo miedo de comenzar a reconocer.
Si mis pies no se paralizan y siguen caminando, quizá logre recorrer hemisferios contrarios y escribir historias en los lugares más recónditos y escondidos del universo. Para asà poder entender las miradas de culturas extraordinarias, pero totalmente ajenas a lo que me he permitido conocer.
Probablemente encuentre las fuerzas para despedirme de los millones de recuerdos que he creado en un lugar extraordinario, para poder decir “hasta pronto” a las miradas que tocaron mi vida mientras contemplaba la magia de platicar hasta las 3 de la mañana acerca de lo hermosa que es la vida o de lo necesario que es crear un mundo mejor.
Se me escapa un suspiro de pensar en lo rápido que se van los instantes y en lo mucho que podemos aprender de ellos, se me revuelve el estómago de pensar que tengo una vida en este lugar pero no se siente como tal. Me tiemblan las piernas de pensar que en un abrir y cerrar de ojos ya no pisaré la misma tierra, ya no hablaré la misma lengua y ya no miraré los mismos ojos.
Pero que suerte la mĂa, que tengo la oportunidad de descubrir nuevos horizontes, de escribir nuevas historias, de conocer nuevas miradas y sobre todo de perderme y encontrarme en distintos lugares. Duele y aterra el dejar una vida atrás, el tener la oportunidad de renacer con el mundo, de recorrer todo lo que te propongas.
Sin embargo es el regalo más bonito que alguien me pudiera dar, que yo misma me voy a otorgar. El regalo de comenzar de nuevo, de conocer culturas contrarias a la mĂa y de permitirles conocerme, es el regalo de vivir el mundo, ser el mundo, crear el mundo.