La cita
Impaciente, ansiosa, nerviosa, entre dudas y expectativas le esperaba. Trataba de tomar su café tranquila, esperando que la espera no se hiciera larga y él fuera puntual.
Ella por lo regular llegaba antes para tomar las cosas con calma y escoger el lugar. Lo deseaba alejado de la gente, tranquilo, sin tantas miradas curiosas.
Llegó la hora fijada, y le vió.
Guapo, informal pero pulcro, enigmático, soberbio al vestir... La observó de lejos, un saludo, la más bella sonrisa y esos ojos... Cafés que quitan el sueño, brillantes, dulces, prometedores... Se amaban, eso es lo genial, auténtico, verdadero... No hay paso para la duda; hay amor en esa miradas cómplices, en esos besos pasionales, en esos abrazos que rompen miedos.
Leregi Renga













