En la orilla callada de mi soledad,
te dibujo en suspiros, con ansias de mar.
Eres sombra y estrella, refugio y abismo,
un eco perdido que late sin ritmo.
Te espero en las horas que el tiempo deshace,
en la luna que canta y nunca se apaga.
Eres fuego y ceniza, tormenta y bonanza,
un rincón del alma que nunca descansa.
Aunque el viento murmure que no volverás,
que el camino es polvo que el olvido da,
mi corazón te guarda como fiel altar,
porque amarte es un faro que no se sabe apagar.
Te espero sin prisa, con calma infinita,
en cada aurora que mi fe palpita.
Si el destino conspira y no hay más lugar,
que este amor eterno me aprenda a soñar.
¡Y la lluvia se bañe en mis recuerdos que no volverán!
¡Ay amor mío, cuánto te extraña mi corazón!
¡Te espera callado con la esperanza de que algún día salga el sol!