Falanges acarician cada cuerda, vibraciones delicadas saliendo del instrumento de fina madera negra sobre regazo, una pobre abandonada que suena algo desafinada, pero nada insalvable y aún capaz de soltar alguna melodía decente. “Hm, ¿sabes tocar?” indaga a interlocutor, curiosa de algún talento oculto.


















