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tiff 2018 | Margaret Qualley (‘Donnybrook’)
parcnoids:
“Responde algo, ¿quieres?” comenzó entrecerrando los ojos, aún confundido, buscando comprender la naturaleza de todo entre ideas dispersas “¿Aquí hacen algo usualmente además de trabajar y… vagar por ahí? Cosas cómo ésta, quiero decir” señaló la última parte haciendo un ademán con su mano que se refería a la cabaña y lo que ahí pasaba.
Nunca había asentido tanto la cabeza como ante la pregunta formulada por el moreno. “Y tanto que sí. Tienes actividades... y bastantes fiestas.” Se tomó un segundo para observar el panorama que los rodeaba. No estaba en el folleto, pensó, pero también tenía que admitir que ya se estaba acostumbrando más a las celebraciones o —mejor dicho— a cómo pasar desapercibida durante éstas.
flvrent:
“¿Y qué es algo que te llame la atención?” No buscaba sonar entrometido, pero tampoco podía negar la intriga que le generaba esa bruna y el aura de misterio que parecía rodearla a donde sea que fuese; la ostentación de una actitud potente bastando para excusar la atípica curiosidad en el islandés. Flórent se carcajeó ante su consejo, mostrándose genuinamente divertido ante el hipotético ahora en su cabeza. “Cierra la puta boca, sí— el problema es, mi especialidad no es repeler a la gente,” Más bien atraerla. “Supongo que tendré que conformarme con lucir desquiciado. No me molesta, igual. De lunático a desquiciado es como de la palabra a la acción, ¿no? Más de lo mismo.”
Alzó una ceja ante la interrogación por parte del rubio. No era como si le incumbiese, pensó, por lo que las probabilidades de que la respuesta que soltase resolviese sus dudas eran ínfimas. “Tendrás que esperar y ver” y también aplicaba a sí misma. Pocas cosas le habían llamado la atención en el escaso tiempo que llevaba en el campamento, y no tenía ni idea de lo que le aguardaba. “Ya, lástima que sí es la mía. Pero escúchame, nunca tienes que contestar cosas que no te sientas cómodo contestando, ¿sabes? Es decir, mírame a mí. Acabo de esquivar tu pregunta como toda una profesional... y, pensándolo mejor, también puedes hacer eso. Esquivarlo.”
onilsen:
Su mirada enseguida viajó en busca de aquella voz, hasta posarse sobre una muchacha que le observaba desde los límites de la cabaña. Enseguida una tímida sonrisa curvó sus labios, en lo que se apartaba para permitir que ambos protagonistas de la escena en la que había logrado intervenir se marcharan, cada uno para su lado. “Me lo han dicho” respondió con simpleza, pues era cierto. “Buena percepción” devolvió ahora, en alusión a que hubiese logrado rescatar aquel momento de entre todo lo que ocurría a su alrededor, mientras los demás invitados se veían distraídos con sus propios asuntos.
Despegó su espalda de la pared solamente para acercarse un poco más a su contrario. Decir que se sintió perdida al recibir el ¿cumplido? por parte del masculino era quedarse poco. Quizá era porque usualmente adoptaba una posición hostil y no permitía que la gente llegase a decirle algo bueno, la razón por la que estaba tan desacostumbrada a los elogios; tardó un momento antes de colocar un mechón de su cabello tras su oreja y encogerse de hombros. “No me lo han dicho. Gracias” replicó, sin ninguna especie de tono sarcástico haciéndose con su voz ni nada similar.

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parcnoids:
“¿Llegan a tanto para la celebración de un viejo de cincuenta y tantos años?” soltó la pregunta, más para sí que para la chica, enarcando una ceja. Fue entonces que una sonrisa ladina tembló en una de sus comisuras, para después admitir “Vaya, entonces creo que les he subestimado.”
“¿Verdad? ¡Es una locura!” la emoción que se denotaba en la voz de la italiana se debía que, finalmente, sentía que alguien comprendía su confusión ante los actos de los demás campistas. “Yo no acabo de entender cómo es que se lo pasan tan bien en el cumpleaños de un anciano, pero mira, mientras no hayan comas alcohólicos...”
efravm:
“El lago y los árboles, ah” repite, entre confusión y diversión, dedica una curvatura más, ahorrándose la pregunta sobre de qué manera esa atmósfera inspiraba a este tipo de momentos, de gustos y esas cosas no hay nada escrito después de todo. “No sé, las apariencias siempre engañan” encoge sus hombros, la sonrisa no se esfuma en ese momento sino que, al contrario, se pronuncia con más claridad en las facciones morenas. “Además, algunas personas juran que las peores desilusiones o vergüenzas en pareja las sufren antes de los veinticinco” la falta de experiencia, las emociones o deseos llevados al extremo, quizá aquellos son factores decisivos en esas ideas pensadas en retrospectiva. “Y bueno, dudo que realmente estén pensando en eso de hacer el tonto de sí mismo…” en ese momento claramente las miradas u opiniones de terceros siempre importan muy poco.
Lucrezia era el vivo ejemplo de que un rostro dulce podía esconder una persona totalmente ácida o incluso capaz de asesinar a alguien (que no era exactamente su caso, claro), por lo que no tardó en asentir ante las palabras del masculino. “En eso tienes razón. Nunca te fíes basado en cómo luce una persona, lo pone en la Biblia” bromeó, riendo entre dientes antes de encogerse de hombros con los vocablos que saldrían a continuación de las fauces del moreno. “Digo lo de la edad porque no puedo beber y, por lo tanto, no puedo emborracharme y hacer el imbécil” con la cabeza, señaló a la pareja que había dado inicio a toda la conversa. “Pero mira, me quedan unos seis años para llevarme desilusiones. Prefiero esperar.”
( juego de retos. )
shnargo:
Permitió que la menor tirara de su brazo sin objetar, casi teniendo el pelirrojo que obligar a sus propios pies a despegarse del suelo, como quien camina hacia su propia ejecución. Y vamos que la situación no era tan dramática, y sí había cantado karaoke en más de una ocasión — pero en su defensa aquello sólo había sucedido en estados de intoxicación que le impidieran guardar recuerdo alguno del suceso, lo cual no sería el caso de esa noche. Decidiendo no dar más importancia a lo que ya era imposible dar marcha atrás, detuvo sus pasos frente a la máquina de karaoke y cogió dos micrófonos, tendiendo uno a quien sería su compañera en todo aquello. Y sólo le quedó utilizar los segundos previos a que la canción iniciara para rogar que esta fuera la menos ridícula posible.
Costó un poco que las comisuras de sus labios se alzaran en una sonrisa dedicada al pelirrojo en símbolo de gratitud por lo que estaba haciendo por ella. Que sí, quizá no era una cosa tan grande después de todo — era un estúpido karaoke en un comedor lleno de gente que ni siquiera conocía... mas no podría haber cogido uno de los micrófonos si no hubiese sido el escocés quien se lo ofrecía. La confianza que le inspiraba solamente la había logrado encontrar en otra persona a lo largo de su vida, y esa persona había acabado muerta por todas las razones incorrectas. Pensó, por un segundo, que quizá debía tener un poco más de esperanzas en lo que concernía a la gente que la rodeaba. Pero la música comenzó a sonar y sus ideas se disiparon. “Honey, honey, how he thrills me! A-ha, honey, honey” comenzó tímidamente, orbes clavadas en su contrario.
( juego de retos. )
shnargo:
Dejó salir un suspiro al oír la pregunta que ya había supuesto se avecinaba, si bien aún quedaba algo de esperanza dentro suyo por haber estado equivocado. Entonces le echó una mirada al vaso que llevaba en mano, mismo que resguardaba aquel líquido incoloro, y lo dejó a un costado — pasando en su lugar a coger la botella que le hacía juego y dar un largo sorbo de la misma, hasta acabar con al menos un tercio de su contenido. “Antes de que me arrepienta”. El material de la botella provocó un estruendoso ruido cuando lo apoyó nuevamente con brusquedad, y se puso de pie, listo para seguir el paso de la campista.
Fue sólo cuando el escocés aceptó su invitación que la italiana pudo respirar con tranquilidad — parte de ella creería que él se enojaría ante tan infantil idea como lo era el karaoke, y al ver que su respuesta (si bien no fueron saltos de alegría) no fue del todo negativa, su ritmo acelerado comenzó a ralentizarse. “Gracias, gracias, gracias” agradeció repetidas veces, queriendo evitar que el pelirrojo se arrepintiera de la decisión que acababa de tomar. Ni siquiera le importaba que cantase ebrio mientras estuviese a su lado pues, si había de sincerarse, Shane era la única persona en la que Lucrezia tenía una inexplicable confianza desde el día uno. Lo cogió del brazo y lo llevó hacia donde estaba la máquina de karaoke, antes de comenzar a buscar la canción que quería cantar.
flvrent:
Su mente quedó instantáneamente en blanco. Sí, recordaba esa frase por la vez que le pegó una pequeña visita a un tano que en esa época vacacionaba en la capital — era lo único que había captado del encuentro en su totalidad, y lo único que oía una y otra vez cuando se colgaba prendas encima para partir en caminos separados. “Sí— hasta ahí llego yo,” aclaró entonces, soltando una fugaz risa después. “Vamos, la indiferencia tiene que terminar en algún lado…” amagó a protestar, mas desvalorizó inmediatamente. “¿Ahora? Sí. Descubrí que si mantengo el contacto visual por suficiente tiempo, la gente cesa con las preguntas. Valiosa información, me hubiera gustado tenerla desde el principio.”
Emitió una risa al notar cómo el rubio se perdía ante la frase mencionada en su propio idioma — no burlona, es más, casi que le tenía un poco más de respeto por haberse atrevido a hablar en un idioma tan diferente al suyo con una nativa de Italia como era Lucrezia. “Quizá termine cuando haya algo —o alguien, añadió en su interior— que me llame la atención”. Hasta el momento, todo había sido fiestas, alcohol y líos aleatorios y, sinceramente, eso no le interesaba en lo absoluto — aún menos cuando no podía beber. “Eso es porque las acojonas. Por favor, deja de hacerlo, es creepy. Mejor prueba con decirles ‘cierra la puta boca’. Eso funciona mejor y no quedas como un desquiciado.”

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( juego de retos. )
shnargo:
Una sonrisa asomó los labios del coordinador en cuanto este reconoció a la italiana, y su lengua ya se preparaba para pronunciar un saludo en respuesta cuando la repentina interrogante, no podía a mentir, logró dejarle desconcertado. “La he visto”. El cómo y por qué ya era tema para otro día. Su postura se mantuvo sobria, la contestación saliendo con cierta suspicacia mientras le observaba con ambos ojos levemente entrecerrados — como buscando descubrir el próximo movimiento de la muchacha en las facciones impropias. “¿Por qué presiento que no me va a gustar la pregunta que sigue?”.
En su mente, no aparecía ninguna vívida imagen de la última vez que hubiese estado tan nerviosa por el simple hecho de formular una pregunta que, en verdad, ni siquiera era tan importante. Bueno, tampoco era una pregunta, exactamente, sino una propuesta. “¿Te apetece un poco de karaoke?” soltó, tras unos segundos de apretar sus puños lo más fuerte posible; y luego soltó también una risotada, también resultado de los nervios. “Te prometo una barra de chocolate si dices que sí” y, bueno, nunca venía mal un poco de soborno, ¿no?
efravm:
“¿El alcohol es considerado entonces causas naturales, hm?” indaga, la intuición y observación no puede fallar, si hay un impulsor que logra tal comportamiento debe ser el licor en sangre. “Está bien, no les culpo” encoge los hombros con ligereza, no es parte de sus responsabilidades tampoco cuidar de los detalles de los vínculos construidos en ese tiempo alejado(s) de la urbe. “No estuvo nunca en el contrato que ese sea mi problema, así que” le quita importancia con una curvatura dibujándose sobre sus labios, el moreno dedicado a observar ahora en más detalle las facciones porcelana. “¿No te imaginas ni loca siendo protagonista de una escena así, eh?”
“En verdad, me refería a los árboles y el lago, pero ahora que lo mencionas...” y era completamente honesta cuando decía que, el hecho de que la mayoría de quienes la rodeaban tuviesen más alcohol que agua en el cuerpo, ni siquiera se la había cruzado por la cabeza al hablar con el masculino. En realidad, apenas había pensado antes de hablar - uno de sus más grandes defectos. Y, con la nueva pregunta formulada por su acompañante, cometió el mismo error. “¿Estás bromeando? Ni en un millón de años. Primero, ni siquiera tengo veintiún años. Segundo... ¿me ves cara de querer hacer una tonta de mí misma?” cuestionó, ahora con una ceja alzada y cierto tono jocoso apropiándose de sus palabras.
parcnoids:
“Me agradan las fiestas” admitió sin mucho problema, asintiendo ligeramente mientras que dedicaba una mirada a su contraria “pero, ¿estás segura de que podemos llamarle a esto una fiesta?”
“Entonces te lo pasarás bien” ella, en cambio, estaba fuera de su zona de confort y aún no lograba acostumbrarse. Era cuestión de tiempo, supuso. “Pues... ¿gente bebiendo, bailando, un par que se lían y otros que se dan a hostias? Suena como una fiesta.”
flvrent:
Ante la positiva, Flórent sonrió. “Ah, grazie mille,” Y se hizo con el lugar a su lado antes que la joven pudiese procesar el comentario y, quizás, utilizarlo para revocar su permiso. A veces era dolorosamente irritable, mas el no tenía mucha conciencia de ello —mucha porque algo de ella existía, algo lo impulsó a tomar presura en sus acciones y pasar a abrazar las rodillas a la par, en una manera de afianzar sus acciones—. “Bueno, tienes que disculpar mi curiosidad pero, ¿qué opinas de todo esto?”
“Prego. Non sapevo che parli italiano” una sonrisa curvándose en sus labios, causada por nada más ni nada menos que el respiro que había podido tomarse -al menos por una frase- de hablar en inglés. Una vez que el joven tomó asiento junto a ella, la italiana regresó a su posición anterior, abrazando sus rodillas. “Si por ‘todo esto’ te refieres a todos borrachos y liándose... no me sorprende, pero tampoco me importa” se encogió de hombros; sinceramente, le daba igual mientras no la afectara a ella. “¿Y tú, rubito? ¿Disfrutando la noche?”
( juego de retos. )
Siendo completamente consigo misma, la italiana habría preferido clavarse un tenedor en la pierna antes de cantar frente a todos los campistas (o, mejor dicho, frente a la escasa minoría que recordaría su espectáculo el día siguiente. Pero tenía que hacerlo, ¿y quién mejor para acompañarla que su dealer de chocolate personal? Tras divisarlo entre la multitud, se le acercó - sus dedos jugando entre sí, resultado de los nervios. “Ey, Red” saludó, una forma de suavizar el golpe. “¿Has visto Mamma Mia! alguna vez?”
( @shnargo. )

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onilsen:
Casi de casualidad fue que sus reflejos lograron atrapar a tiempo aquel vaso de cerveza, impidiendo que este vertiera sus contenidos sobre una de las personas en la fiesta. “Eso estuvo cerca”. Devolvió entonces la bebida a quien había estado a segundos de causar el pequeño accidente.
No existía forma de que se hubiese podido perder de aquél momento digno de película; después de todo, su plan para la noche era observarlo todo apoyada contra la pared más que participar del baile que acaparaba el centro del comedor. “Buenos reflejos” no logró evitar soltar, al observar como la figura (bastante alta, si tenía que admitirlo) evitaba que el vaso cayera sobre uno de los campistas.
rczernx:
“No te preocupes por mi, tú solo dime que quieres que te sirva, yo… Yo sólo estaré aquí hasta que toquen las doce — ahí es cuando mi carruaje se transforma en calabazita y puedo volver a divertirme” Parloteó sin prestar demasiado atención quién se prestaba de oyente, el alcohol en sangre (porque uno que otro trago había consumido mientras cumplía su horario de trabajo) siempre tornaba a su lengua prisionera de una incesante cháchara. “Eso sí: si quieres algo relacionado con gallinas debes pedírselo a… a… un coordinador, ¿si? no es que no quiera ayudarte, pero ya sabes”
El comentario realizado por el contrario logró que la ceja derecha de la italiana se alzara - ¿es que acaso no se había dado cuenta que ella estaría trabajando con él por el resto de la noche? Sin embargo, fue su constante titubeo lo que evitó que Lucrezia contestara de manera hostil. “En realidad...” comenzó, apartando una de las latas de cerveza que había divisado cerca del masculino, “... nuestro horario es hasta la una. Lo lamento, Cenicienta”.