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Dark Waters (Translated to Spanish)
DISCLAIMER/ADVERTENCIA: This fanfic is owned by Miss Mungoe. // Este fanfic es propiedad de Miss Mungoe.
I just translated it into Spanish (with her consent). // Yo solo lo traduje y adapte al español (con su consentimiento).
If you want to post it on other sites please remember to always give credits to the author.// Si queréis postearlo en otras paginas web recordar dar siempre los créditos correspondientes.
Remember that translations always lose some of the original writing and therefore may have small changes (adaptations, synonyms...etc), so I encourage you to read the original version, which will always be better than a translated version // Recordar que en las traducciones siempre se pierde algo del escrito original y por tanto puede haber pequeños cambios (adaptaciones,sinónimos..etc), asi que os animo a leer la versión original, que siempre sera mejor que una traducida :)
Click here to read the original version on her Tumblr, and click here if you want to read it in fanfiction. // Click aqui para leer la versión original en su Tumblr, y haz click aqui si quieres leerla en fanfiction.
Author // Autor: mungoe Translation and adaptation // Traducción y adaptación: zashiky y pururu-bomb
Please, NOT remove the credits! // ¡Por favor, NO eliminéis los créditos!
~~DARK WATERS (spanish)~~
Capitulo 4: Ante el trono del Rey
Ya estaba medio consciente antes de que el sonido de los barrotes moviéndose la despertase por completo. Miró arriba, sólo para encontrarse con la cara sonriente del tiburón de nariz puntiaguda que se encontraba en la entrada de la celda.
“Buenos días, mis queridas sirenas.”
Levy se frotó los ojos. No había dormido bien y era difícil despertarse por completo estando en un sitio tan oscuro. Era imposible adivinar qué hora era estando tan lejos de la luz de sol. A decir verdad, aunque hubiesen estado más cerca, la incesante oscuridad de la prisión se habría asegurado de que siguiese siendo así.
“He hablado con Su Majestad”, dijo José, y el corazón de Levy se hundió ante la felicidad que mostraba su voz.
“Tenéis una audiencia”.
Lucy se le adelantó. “¿Y si nos negamos a ir?”.
Él la miró con aburrimiento. “Entonces os arrastraremos por la cola”. Se encogió de hombros. “Vosotras elegís”.
Levy apoyó su mano sobre el hombre de Lucy. “Vayamos con ellos, Lu”.
Por un momento Levy temió que Lucy se negase rotundamente, pero tras un silencio incómodo terminó asintiendo con desgana, descruzando sus brazos y dejándolos caer a sus lados en un gesto de rendición; aunque Levy podía ver lo tensos que estaban los músculos de sus hombros. No estaba para nada tranquila.
El tiburón sierra no perdió el tiempo, e hizo que las escoltasen fuera de la celda con un simple gesto. Levy miró a través de sus esbirros, pero no vio al tiburón de pelo rosa con el que había hablado el día anterior. No sabía por qué se sentía decepcionada. Había sido amable, ¿no? O el más amable de los de su calaña. Al menos de los que Levy había conocido hasta ahora.
Intentó no pensar en los fríos dedos que la sujetaban por la muñeca, e intentó avanzar al mismo ritmo que sus captores. Al poco se encontró con que no le era difícil. Ante la idea de salir de aquel agujero, su cuerpo tomaba las riendas, y a pesar de su cansancio encontró una fuerza que no sabía que tenía que la impulsó hacia la superficie.
El ascenso le pareció una eternidad. Pasaron cientos de celdas, pero al final atravesaron la última sección de oscuridad, cosa por la que le dieron ganas de llorar.
Aún estaba oscuro, pero era un tipo diferente de oscuridad. No resultaba tan desesperante como la que había en aquel cráter que usaban como prisión, pero el vasto océano se expandía más allá de su visión (aunque se la bloqueaba la valla de coral que rodeaba el lugar). Su alivio duró sólo un instante y tuvo que reprimir un sollozo. Le dolía el corazón al pensar que había sido reducida a aquello, y evitó recordar nostálgicamente su hogar, los intensos arrecifes de coral y la luz dorada del sol reflejándose en la superficie del agua de Arriba. Se preguntó si volvería a verlo.
No les dieron mucho tiempo para recoger sus pertenencias antes de empujarlas hacia el portón donde el alcaide las estaba esperando. Levy recordó la conversación que escuchó a medias sobre el golpe contra el rey y desvió su mirada, temiendo que de alguna manera le leyese la mente.
Tan sólo dijo “José” mientras atravesaban el portón. Levy le echó una mirada furtiva, pero no pudo leer su rostro.
Por otro lado, José se veía más feliz que una almeja. “No te preocupes Lily, las traeré de vuelta en un periquete. Como ya sabes, Su Majestad está terriblemente ocupado. No creo que les invite a cenar”, dijo riéndose de su propia broma. Levy se percató de cómo la nariz de Lucy se arrugaba de la rabia.
El alcaide no le rio la gracia. El tiburón sierra dejó de reír de golpe, y ordenó a sus esbirros que se apresurasen con una mirada y un gesto cortante.
Le apretaron más fuerte la muñeca a Levy, que reaccionó con una mueca de dolor, pero no se quejó. Mientras se alejaban de la valla de coral y la prisión, miró atrás, sólo para encontrarse al alcaide observando su marcha. Su cara inexpresiva se había desvanecido, y las comisuras de sus labios estaban hacia abajo formando un gesto de desaprobación.
Volvieron a tirarla del brazo, arrastrándola de nuevo hacia las sombras del reino de los tiburones. Podía ver la ciudad a lo lejos, las relucientes espirales surgiendo de las oscuras aguas como si fuesen manos intentando alcanzar la lejana superficie. Esta vez no entraron en ella sino que la rodearon, manteniéndose siempre en las sombras, hasta que llegaron a una serie de portales elaborados. José habló con los guardias apostados, y no pasó mucho tiempo hasta que abrieron las puertas para que pudiesen pasar, revelando un camino curvo con rocas afiladas que se alzaban a cada lado como si de paredes naturales se tratasen.
Parecía que el camino en la oscuridad era infinito. Cuando Levy estaba empezando a temer que fuesen a descender a la profundidad de nuevo, el camino cortado se abrió revelando el palacio real. Al ver las tierras que lo rodeaban, sus ojos se abrieron como platos. Un patio gigante se extendía a los pies del palacio, que se alzaba entre las sombras submarinas. Y si había pensado que la ciudad era hermosa, la residencia del rey la había superado con creces.
Hechos de roca obsidiana, los pilares en espiral no se parecían a las toscas versiones de la ciudad. Parecían haber sido esculpidos por medio de magia. Unas barandillas hechas de metal arremolinado decoraban los balcones y las pasarelas, y había cúpulas que sólo podían estar hechas de cristales verdes por su brillo verduzco entre las oscuras paredes del palacio.
Levy siempre había pensado que el palacio del Rey Makarov era el edificio más grande que había visto nunca, pero el del rey tiburón era el doble o más.
Deslumbrada por las vistas, no se dio cuenta de que se había embobado hasta que una sombra moviéndose hacia ellas la sacó de su ensimismamiento.
“Ah, Juvia”, dijo suavemente José mientras se les acercaba lo que a Levy le pareció una sharkmaid. “Justo a tiempo”.
Ella no respondió a su saludo inmediatamente, sino que primero echó un vistazo a Levy y a Lucy. La curiosidad brillaba en sus ojos. Sus aletas eran de un tono azul oscuro, degradándose hacia un tono alabastro, y su pelo ondulaba tras ella como si se tratase de olas con mente propia. Era más oscuro que el de Levy; mientras que el suyo era como el color del agua más cercana al sol, el de la sharkmaid era del color del fondo del océano, un intenso azul marino.
A Levy le pareció increíblemente bella, en la misma inquietante manera que lo eran los sharkfolk.
“Maestro José” dijo al fin, mientras volvía a prestar atención al tiburón sierra. “Su Majestad tardará otra hora. Le han pedido a Juvia que se encargue de las sirenas mientras tanto”.
José frunció el ceño bruscamente. “Oh”. Miró acusadoramente a Levy, como si fuese su culpa. “Muy bien”. Movió sus manos, y sus esbirros nadaron hacia delante, arrastrando a las sirenas consigo. “Estaré esperando aquí cuando las traigas de vuelta.”
La sharkmaid hizo una leve inclinación con la cabeza. “Juvia informará a Su Majestad”. Y sin más palabras, se giró y nadó hacia el portón del palacio, dejando a José donde estaba. Los esbirros la siguieron.
“¡A tomar viento!” gruñó Lucy por lo bajini cuando se habían separado lo suficiente, y Levy la cortó con una mirada de pánico que ella decidió ignorar.
Pero los guardias o no lo oyeron o no les importó, ya que no hicieron más que seguir el paso de la sharkmaid. Al pasar por el portón principal atravesaron el patio, que les llevó a un sinuoso corredor. Levy tuvo que estirar el cuello para ver bien lo que le rodeaba, pero no tuvo oportunidad de ver demasiado antes de que parasen ante una puerta anodina, en lo que parecía una serie de corredores idénticos. Por las profundidades, ¿cómo se guían por este lugar?
“Esperarán aquí” anunció la sharkmaid, y sin pensarlo los esbirros de José las empujaron dentro.
“¡Hey!” protestó Lucy. “¡No os mataría tener un poco de cuidado!”
“Luce” siseó Levy.
La sharkmaid las miró con la cabeza inclinada hacia un lado. “Juvia tiene curiosidad” dijo de pronto; pero si Levy pensó que iba a obtener algo más, se equivocaba. Con un golpe de muñeca, los dos esbirros se apostaron delante de la puerta, con la clara intención de no marchar. Juvia asintió hacia ellos, con la cabeza inclinada en un gesto sorprendentemente educado. “Seréis llamadas en una hora. Disculpad a Juvia”.
Tras ello se alejó nadando, y la puerta se cerró ante las narices de las sirenas.
Lucy apretó sus puños. “¡Oooh!”
Levy mostró su acuerdo con un ruidillo, y echó un vistazo a la habitación. No era gran cosa: tenía una pequeña zona para sentarse, unas estanterías con baratijas… y una tentadora puerta en la zona de atrás.
Apretó sus labios.
“Lev, ¿qué estás haciendo?”
No respondió y siguió nadando hacia ella. Probó a girar el pomo y se encontró con que estaba cerrada con llave. Miró a través del ojo de la cerradura, luego a la estantería más cercana. Se le estaba ocurriendo algo. Necesitaré algo afilado y puntiagudo.
“Levy, enserio. ¿Qué estás haciendo?”
“¿A ti qué te parece?”
“Oh, no lo sé, ¿robando? Cosa que no nos ayudaría para nada, ya que ni podemos escapar. Sé que te encantan los tesoros, pero no es el momento ni el lugar-”
Levy la cortó mirándola de lado. “No estoy robando, estoy buscando una ganzúa… ¡Ajá! ¡Aquí!”. Se la acercó a Lucy para que viese lo que había encontrado. Parecía un tipo de accesorio para el pelo hecho de algún tipo de metal. Probablemente hecho por humanos. Y justo lo que necesitaba. Nadó de vuelta a la puerta.
Lucy pestañeó incrédula. Luego frunció el ceño. “¿Te das cuenta de que el palacio está rodeado de guardias?”
Levy ni se dio la vuelta. “Seh”
Lucy se acercó. “¿Y de que no tenemos ni idea de cómo salir de este reino, sin hablar de cómo salir del palacio?”
“Yap, será un poco difícil”
Lucy se frotó la sien. “¿Entonces qué haces exactamente con esa ganzúa?
Un giro de muñeca y la cerradura se abrió con un agradable clic, y Levy miró a su amiga con una sonrisa. Lucy estaba mirando la puerta con algo de miedo, como si esperase que los guardias entrasen de golpe en cualquier momento. Levy le cogió de la mano. “Mira, escuché una cosa ayer” dijo. “Antes de que aquel guardia me interrumpiera”.
Lucy frunció el ceño. “¿Estabas Escuchando?”
Levy asintió. “Ese tiburón… el príncipe. Estaba hablando con el alcaide.” Bajó su tono de voz. “Están planeando un golpe.”
Los ojos de Lucy se abrieron. “¿Qué?” siseó. “¿Me estás diciendo que nos hemos metido en medio de un plan para derrocar al rey?” se quejó. “¡Perfecto!”
“Y quiero ayudar.”
Lucy la miró de golpe, alzando sus cejas. “¿Que QUÉ? Levy,” dijo ella sin poder creérselo, “es un tiburón.”
“Pero no son tan diferentes de nosotros. ¿O sí?” protestó Levy. “Tú misma lo has visto.”
Lucy no respondió, así que siguió presionando. “Es sólo que… siento que debería ayudar. No sé cómo ni por qué… Sólo tengo la sensación de que debería hacerlo.” Era mentira. Claro que sabía por qué. Había algo en la voz del príncipe cuando había hablado sobre el rey, y en el cansancio que había visto en sus ojos, que aunque no lo había notado la primera vez que le vio, siempre había estado ahí. Pero no sabía si Lucy lo entendería.
“No es tu problema Lev” insistió. “Ni siquiera sabes por qué lo están planeando. O sea, por lo poco que sabemos, ¡ellos podrían ser los malos!”
Levy negó con la cabeza. “No lo creo.”
Lucy la miró durante un buen rato, con las cejas juntas mientras pensaba. Quería protestar, Levy lo sabía, y tenía cierta razón; no era asunto suyo ni de su reino. Nunca había pensado en los asuntos de Estado de los sharkfolk hasta el día anterior, y si fuese avispada se mantendría alejada de ellos hasta que tuviesen una forma de escapar. O hasta que razonase con el rey para que las dejase irse en paz.
Pero algo le decía que él no dejaría irse a nadie, por la manera en la que José dijo Su Majestad y la cara del príncipe cuando dijeron que era su sobrino. Ninguno daba a entender que fuese un rey amable y cariñoso, del tipo que escucharía lo que tenían que decir, como habría hecho el Rey Makarov si hubiesen intercambiado sus roles.
“Entonces… ¿Qué vas a hacer?”
Levy alzó su vista, sorprendida, pero Lucy sólo mostró una sonrisa sarcástica. “Veo que no podré convencerte de que te olvides de esto, así que al menos me aseguraré de que tienes un plan antes de que actúes.”
Levy miró a la puerta. No sabía a dónde llevaba, o siquiera si llevaría a algún sitio. “No lo sé” dijo tras un tiempo. Estar encerrada en aquella celda la había dejado cansada. Necesitaba hacer algo. “Lo averiguaré por el camino. Supongo que miraré los alrededores, o veré si puedo encontrar algo útil.”
Lo cierto era que esperaba encontrar algo que le dijera por qué su pueblo había creado la frontera. Quizás, si encontrase un archivo, pudiese obtener respuestas. Si pudiese informarse sobre por qué se creó la frontera, quizás podría ayudar al príncipe a recuperar su reino, o al menos intentar arreglar las cosas entre sus gentes.
Todo se le hacía demasiado grande mientras pensaba en ello, así que decidió no centrarse mucho en los detalles, concentrándose en su nueva misión: encontrar información, la que fuera.
El silencio de Lucy era respuesta suficiente sobre lo que pensaba ella respecto a su obvia falta de plan, pero no discutió. En su lugar preguntó “¿Y si vuelve la tiburón?”
Levy sacudió su cabeza. “Dijo que no volvería en una hora. Estaré de vuelta mucho antes que ella”. Intentó sonreír mientras agarraba el pomo de la puerta para abrirla. “No pasará nada, Luce. Sólo quédate aquí hasta que vuelva, ¿vale?”
Lucy no protestó más, pero el temor en su mirada fue lo último que Levy vio antes de que cerrase la puerta. Y volvió a quedar rodeada de oscuridad.
No miró atrás mientras avanzaba por las sombras, en dirección a las zonas de luz que procedían de los faroles alineados en los corredores. Parecía haber relativamente pocos guardias apostados en el interior del palacio, así que no tuvo problemas mientras hacía su viaje exploratorio entre los curvados pasillos de la residencia del rey tiburón. Probó a abrir algunas puertas. Algunas estaban cerradas mientras otras se rendían a sus habilidades con el accesorio para el pelo. Pero con todo lo que se cruzó fue con habitaciones vacías que parecían no haber sido usadas en años. No encontró ningún repositorio ni archivo, ni nada que indicase que pudiera haber uno.
Y entonces, de entre el silencio… una voz.
Llegaba a duras penas, pero Escuchando atentamente encontró su procedencia, situada tras un largo grupo de puertas dobles al final de uno de los corredores. Se acercó nadando para presionar su oído contra la piedra, cerrando los ojos mientras Escuchaba de nuevo.
“-sé lo del golpe” dijo la voz, con un tono oscuro que atravesó la puerta y llegó a sus oídos, y sus ojos se abrieron como platos al oír aquellas palabras. “Fue engendrado por mi hermano, y él es demasiado justo para su propio bien. Sería estúpido pensar por un segundo que la venganza no ha pasado por su mente. No, hace un tiempo que ya se de sus planes.”
Otra voz respondió, “¿Qué hará con él, mi Rey?”
Resopló burlonamente. “Dejaré que el mocoso piense que me ha engañado. Sabrá el precio de cruzarse en mi camino a su debido tiempo. Él y cualquier criajo marino que haya encontrado para que le ayude. Como ese alcaide de la prisión, por ejemplo…”
Levy se alejó de la puerta, la puerta que llevaba a los aposentos del rey, como si hubiese sido golpeada. El miedo se sentía como una piedra en su pecho, y se dio la vuelta. Lo que acababa de acontecer le corría por sus venas como si fuera hielo, impulsándola más y más.
¡Tenía que darse prisa!
Intentó recordar la ruta que había usado, pero todos los corredores se veían iguales, y sintió cómo cundía el pánico en ella al doblar una esquina y encontrarse con otro pasillo idéntico. Aun así siguió nadando, buscando algo, lo que fuera, que pudiera hacerle saber dónde estaba y hacia dónde iba. Y cuanto más tiempo pasaba más entraba en pánico, que se le unía a la angustia que sentía por el príncipe. El príncipe al que tenía que avisar. Tenía que encontrarle y decirle que su tío sabía-
Pero si la sharkmaid volvía y encontraba sola a Lucy…
Estaba tan absorta en sus pensamientos que no miraba por donde iba, y al cruzar otra esquina se chocó con algo robusto, y con la fuerza del impacto salió volando hacia atrás. Algo la cogió de la muñeca, tiró de ella, y evitó que se golpease contra la pared.
Miró hacia arriba, con el corazón en la garganta y una excusa ya preparada-
Unos ojos granates la miraron desde arriba, llenos de ira. “¿Qué narices haces aquí?”
-para encontrarse, de nuevo, cara a cara con el príncipe.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
[Cap 1] [Cap 2] [Cap 3] [Cap 4]
¡Gracias por leer!, si ves algún fallo háznoslo saber!
Mungoe
Well... That just ruined my night. I respect her decision buuuuut I can't help but be extremely sad that this fandom has lost such a creative, talented, and inspirational writer. Fare thee well Mungoe :)
Dark Waters (Translated to Spanish)
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~~DARK WATERS (spanish)~~
Capitulo 3: Un reino de sombras
La capital de los sharkfolk era de todo menos lo que Levy se había esperado, pensó ésta con una pizca de diversión.
No fue ninguna sorpresa que no les hicieran un tour por el lugar; dudaba que tuviesen por costumbre desfilar espías a vista de todos. Pero incluso desde la ruta por la que fueron llevadas pudo ver atisbos de la ciudad a través de las sombras del mar. Altas espirales de rocas subían desde el fondo del océano, como si se hubieran formado por las corrientes marinas y no por las manos de los tritones que las usaban como viviendas.
Como en el resto del reino, había una elegancia áspera, afilada y mordaz; pero también increíblemente encantadora. Como donde las curvas del tenue arco de piedra se parecían en algunos lugares a la de una caracola, para después sobresalir como el filo de una navaja hacia Arriba, lejos de las profundidades marinas, donde la luz del Sol no puede esperar para llegar. En las grietas de la piedra parpadeaban los cristales verdes que le eran tan familiares, aunque sus formas parecían demasiado precisas para ser naturales. Eran muy diferentes a los que se encontraban en los confines salvajes del reino, donde florecían al azar. Aquí formaban diseños precisos siguiendo la curvatura de las construcciones de piedra.
Tiraron de su brazo y su visión fue interrumpida, siendo consumida por las sombras mientras era arrastrada a capricho de su captor. El enojo y el temor luchaban por tener el control, junto con la vergüenza al recordar cómo sacaron la talla de su mochila antes de ser confiscada. Pero él no había mencionado nada al respecto, ni la había mirado una sola vez desde que partieron, y, extrañamente, estaba complacida ante ese hecho, ya que sus mejillas ardían con la sola idea de que ocurriese.
Buscó con la mirada a Lucy, pero la oscuridad lo hacía imposible, así que se decidió por mirar hacia delante, esperando en vano recordar de alguna forma el camino de vuelta para cuando escapasen. Aunque cuanto más las conducían adentro de aquella ciudad extranjera que se extendía entre cristales y sombras, mas dudaba de sus posibilidades de escapar del cautiverio, por no hablar de lograr dejar atrás la ciudad.
Después de lo que parecieron años, se pararon en el rincón más alejado de la capital, donde las viviendas eran escasas y se levantaba un imponente círculo de oscuros corales para formar lo que parecía una valla.
“Díganle al alcaide que quiero verle” dijo el tiburón de nariz puntiaguda al guardia que se encontraba en lo que a ella le pareció un portón. Una prisión pensó Levy, mirando nerviosa hacia los afilados bordes de los corales que se elevaban más allá de lo que le alcanzaba la vista. No lograrían traspasarlos a menos que encontrasen una manera de nadar sobre ellos, y por la cantidad de guardias que podía ver desde donde estaba no había forma de que lo lograsen, especialmente teniendo en cuenta lo mucho que destacaban sus brillantes colas y aletas. “José” dijo una voz que hasta entonces no había escuchado, y miró hacia arriba para encontrarse con un tiburón nadando hacia ellos desde el portón abierto. Éste era aún más grande que el de nariz larga, mucho más grande, y casi en su totalidad de un color oscuro. Una llamativa cicatriz dividía su ceja, y se fijó en que llevaba corto su pelo grisáceo. Se paró ante ellos, y asintió con la cabeza hacia el tiburón que la sostenía. "Gajeel". Sus ojos se posaron sobre Levy un momento, antes de volver su mirada hacia el que le había nombrado.
El tiburón de nariz larga sonrió. “Hoy te traigo una buena captura”. Él asintió con la cabeza hacia uno de sus matones, el cual ofreció a Lucy como si fuera la pieza de un botín. El que sostenía a Levy hizo lo mismo, pero con un recelo que la sorprendió. Ella le miró, pero él evadió deliberadamente su mirada.
“¿Sirenas?” preguntó el alcaide, mirando al tiburón de nariz alargada. “¿Traspasaste la frontera?” dijo con un tono oscuro y acusativo.
José sonrió, totalmente imperturbable ante tal despliegue de ira. “Aún mejor: ellas vinieron a nosotros” Miró a Levy de reojo. “Estaban observando los cristales, ¿no es así?” La burla era tan fuerte que hasta ella podía saborearla, pero no le otorgó la satisfacción de responder. En cambio, presionó sus labios y no dijo absolutamente nada.
El alcaide observó la situación, antes de asentir hacia el tiburón que sostenía a Levy, al que llamaban Gajeel. “Las pondremos en una celda y las interrogaré más tarde”.
El tiburón de nariz alargada sonrió. “Iré a informar a Su Majestad”.
El alcaide no le dirigió una segunda mirada. “Hazlo”.
Luego las condujeron a través del portón, y al principio Levy se preguntaba si simplemente las dejarían allí, a la intemperie, ya que no podía ver nada parecido a una prisión como la que tenían en su hogar.
Entonces vio el agujero, y sintió cómo le daba un vuelco al corazón. Oh, no. La mano que rodeaba su muñeca le presionó más ante su resistencia, y a pesar de su lucha fue obligada a bajar, como si fuera un trozo de madera en medio de un remolino. No, no no no no… Era un agujero en el fondo del océano, casi lo suficientemente amplio como para que encajasen 5 tritones hombro con hombro , antes de desplomarse hacia una oscuridad que parecía no tener fin. A medida que bajaban iban pasando de largo lo que parecían celdas; filas y más filas de celdas vacías y ocupadas. A lo largo de las paredes había más cristales. Su misterioso destello iluminaba lo suficiente como para ver lo más cercano de lo que les rodeaba: solo las celdas que se encontraban a sus lados. Fuera de la esfera de luz, la oscuridad se cernía como una enfermedad.
Levy quería vomitar.
Después de lo que pareció una eternidad, se pararon frente a las puertas de una celda. Por lo que podía ver no había ocupantes en las celdas contiguas, cosa que agradeció internamente. Pero ese sentimiento no duró mucho; tan sólo hasta que abrieron las rejas y fueron empujadas dentro sin más explicaciones . Cerraron firmemente la celda, y tras una última mirada, el alcaide comenzó su ascenso a través de la oscuridad.
Se quedó aquel al que llamaban Gajeel, con un semblante indescifrable. Sobrino del Rey; eso le había llamado aquel tiburón de nariz alargada. Eso le hacía de la realeza, y Levy estaba bajo sospecha de espiarle. No le hacía falta ser un tiburón para darse cuenta de la gravedad de la acusación; ese crimen tenía el mismo peso en ambos reinos. En eso, al menos, no eran tan diferentes de los sharkfolk.
Hubo un momento en el que se preguntó si terminaría hablando, pero lo único que hizo fue entrecerrar sus ojos para después seguir al alcaide. No había dicho una sola palabra durante todo el camino, y no sabía por qué eso la molestaba tanto.
Girándose hacia Lucy, Levy se encontró con que se había acomodado contra la pared del lado opuesto de la celda. Los cristales que había en el exterior no iluminaban lo suficiente como para ver el fondo, por lo que su amiga parecía casi tragada por la oscuridad.
Dejando de lado su nerviosismo (ella odiaba la oscuridad) , Levy se sentó al lado de su amiga. La piedra de la pared se sentía fría contra su espalda mientras se sentaba cuidadosamente sobre su cola. Trató de estar calmada, aunque su corazón palpitaba como si un banco de peces se golpease contra su caja torácica. Reinaba un silencio pesado que la consumió hasta sentirse ida. Quería decir algo, cualquier cosa con tal de romper el silencio o mejorar la situación. Todo esto es culpa mía. Llevaba poco tiempo sentada cuando lo oyó: “¿Sirenas, Gajeel?”. Levy abrió en un principio los ojos; la voz era débil y difícil de identificar, pero Levy la había escuchado y se forzó a encontrar de dónde provenía ese sonido, como si fuera un hilo imaginario en medio del agua turbia. Siempre había tenido un don especial para la Escucha, la habilidad que enseñaban a todos los aprendices en el repositorio real, lo que le otorgaba un mejor oído que al resto. Lo suficiente como para poder escuchar voces a distancias que la mayoría considerarían demasiado grandes.
Nadó hacia los barrotes para presionar su oreja contra ellos. Lucy la miró con el ceño fruncido desde donde había estado descansando. “Levy, qué..”
“¡Shhh!” dijo levantando la mano. Levy se volvió a concentrar. “Están hablando de nosotras”.
“Por las profundidades, ¿qué querías que hiciera, Lily? José ya las había visto”. Por lo visto el tiburón no se había ido. Estaba hablando con el alcaide. Hubo una pausa y Levy agudizó su oído. A continuación, el alcaide habló, “Lo sé. Pero, ¿te das cuenta de cómo complica ésto las cosas?”. Hubo un suspiro. “No, Lily. Pensé que sería una buena idea incluir un par de sirenas por diversión. ¿Dónde está la gracia de un golpe completamente planificado si no puedes meter sorpresas?”. “¿Sabes? Tu sarcasmo solía ser más cortante”. Soltó una carcajada. "Estoy un poco decepcionado , Gajeel”. Hubo otra pausa. “Sí, bueno, ya somos dos”. Pero no había indicios de broma en su respuesta, sólo un sentimiento de desprecio hacia sí mismo más intenso de lo que debería. La siguiente respuesta fue demasiado baja como para que ella lo oyera, pues se habían ido más lejos, y Levy frunció el ceño, presionando aún más su oreja contra los barrotes en un desesperado intento por captar, aunque fuese, una pequeña porción de sonido. Estaba tan concentrada en su tarea que oyó el sobresalto de Lucy un poco tarde...
“¿Qué estás haciendo?”
Se alejó de los barrotes con las manos arriba. No estaba segura de si era un gesto de rendición o inocencia, pero era el mejor ante su descubierto crimen.
El tiburón al otro lado de las rejas la miraba con una ceja arqueada y una evidente diversión. El cordón trenzado que cruzaba diagonalmente su pecho indicaba que era uno de los guardias. “¿No estáis ya las dos aquí por espiar?”
“¡No estábamos espiando!” respondieron al mismo tiempo, y se miraron la una a la otra sorprendidas. Entonces Lucy frunció los labios y se centró en el tiburón. “Fuimos arrestadas bajo sospecha de espionaje. No ha habido ningún juicio hasta donde yo me sé”. Las palabras de su amiga hicieron que dejara de prestar atención a Levy, y a su vez Levy se encontró fijándose en él, o más específicamente en su cabello. Pero qué demonios… Era de un sorprendente e intenso rosa; como los corales de los jardines reales que había en su hogar, que se encontraban bajo el agua en el rincón más alejado de los terrenos de palacio. Al atardecer, la luz del sol desvaneciéndose en el océano hacía que el arrecife resplandeciese con tonos dorados sobre el rosa. Había sido el fenómeno que más le había gustado observar a Levy cuando era más joven. El cabello de ese tiburón se lo había recordado, y apreció la llegada de aquellos recuerdos perdidos en medio de esa oscuridad opresora, que probablemente nunca había visto la luz del sol. Pero no era sólo el pelo; el resto de su cuerpo estaba compuesto por el mismo esquema de colores, desde el rojo coral hasta un profundo rojo oscuro en la punta de su cola. Todos los tiburones con los que se había cruzado hasta el momento tenían varios tonos de colores, predominantemente oscuros y fríos, pero éste era completamente diferente.
“Soy Natsu” saludó entonces, inconsciente de la mirada que estaba clavada sobre él. Su sonrisa se ensanchó ampliamente, mostrando sus dientes afilados. Sin lugar a dudas, era un tiburón. “Nunca antes había visto una sirena”. Él miró más cerca a través de los barrotes. “No parecéis muy peligrosas”. Levy frunció el ceño. “¿Peligrosas?”.
Él se encogió de hombros. “Tenía entendido que las sirenas daban mucho miedo. Ah, y que podían absorber las almas de la gente por la boca.” Sus cejas se estrecharon con sospecha. “¿Acaso no hacéis eso?”.
Lucy soltó un bufido. “No descartes la idea de momento” advirtió. Luego susurró a Levy “Parece que tenemos cierta reputación por aquí”.
Levy no respondió, pero dejó que el concepto se le quedase grabado. Siempre había pensado que su gente era la pacífica de las dos. Los sharkfolk eran cuentos y formas que usaban las madres para mantener a sus pececillos bajo control. Nunca se había parado a pensar en que quizás los sharkfolk también tenían historias similares sobre ellos. Lo que la llevó a preguntarse por qué ambas gentes se habían alejado hasta perder el contacto. Era obvio que hubo un tiempo en el que convivieron, y que en algún punto de la historia la frontera fue creada y cerrada. Desde entonces, nadie ponía ni una aleta al lado contrario de la frontera.
Hasta ahora, pensó Levy mirando de nuevo a su celda. Sus hermanos organizarían un ataque si descubriesen dónde estaba y la gran cantidad de problemas en los que se había metido. Hablando de eso, probablemente estaban muertos de preocupación; alguien ya debería haberse dado cuenta de que habían desaparecido. La cuestión era, ¿se les ocurriría mirar al otro lado de la frontera? Pensó entonces en los esqueletos que adornaban la entrada del túnel, y en las palabras de Gajeel antes de ser capturadas…
“Las sirenas no están permitidas aquí. ¡Deberíais saberlo! ¡Para empezar fuisteis vosotros los que creasteis la maldita frontera!”. Se mordió el labio inferior. ¿Qué había querido decir con eso? Ninguno de los libros de historia que conocía decía algo así, y Levy lo sabía, se había criado prácticamente entre los archivos-caracola del repositorio de palacio.
Sólo unos pocos conocían el tipo de magia necesaria para capturar y contener las palabras en el curvado interior de las caracolas. Levy aún era una aprendiz, y había estado aprendiendo el oficio durante años. Escuchar sólo era una de las artes del oficio, y era la más fácil con diferencia. Recopilación era mucho más difícil de entender y costaba dominarlo muchos más años. Entre los tritones, la historia era transmitida mediante el boca a boca, para luego ser grabada y almacenada por los archiveros, y Levy había escuchado todas y cada una de las caracolas en los archivos varias veces. Solo había unos pocos ficheros que hablasen de los sharkfolk, principalmente sobre la tensión entre los dos reinos y ciertos pequeños enfrentamientos en la frontera, pero nada acerca de que los tritones la levantasen. De hecho, nunca se había planteado cómo se había formado; sencillamente, siempre había existido una barrera natural entre sus dos mundos.
De pronto se preguntó si los tiburones sabrían la parte perdida de esa historia. De todos modos, Gajeel daba la impresión de saber más que ella. Se cuestionó si se lo contaría si ella le preguntaba.
Cuando por fin salió de sus pensamientos, Lucy seguía hablando con el guardia. Sus hombros rígidos habían perdido parte de su tensión, cosa que se podía atribuir fácilmente a la expresión absurdamente feliz del guardia y al hilarante hecho de que tenía los mismos colores que el jardín de corales favorito de Makarov.
“No pueden mantenernos aquí sin un juicio”, decía ella. “Incluso tu gente debe de tener leyes”.
Él levantó una ceja. “¿Te refieres a las leyes como la que prohíbe la entrada ilegal?” dijo inexpresivo.
Levy nadó hacia delante. “Pero yo soy la única intrusa”, intentó convencerle. “Lucy vino a llevarme de vuelta. Podéis dejarla ir. Ella no ha hecho nada malo, sólo fui yo”. “Lev…”
“La atrapamos en nuestro lado de la frontera”, dijo Natsu. “Eso la hace una intrusa”. Se encogió de hombros. “Es así de simple”.
Una llamada lejana desde arriba captó su atención de golpe, y volvió a mirar hacia ellas con una sonrisa fugaz. “¡Me tengo que ir! ¡Fue un placer conoceros!”. Su sonrisa se amplió mientras nadaba para irse, diciéndoles a través de la oscuridad “¡No absorbáis ningún alma mientras no estoy!”.
Lucy puso los ojos en blanco. “¡No contaría con ello!”, gritó ella mientras agarraba los barrotes. Gimió cuando se fue, mientras se apoyaba en sus hombros caídos. “Esto es un desastre. No me sorprendería en absoluto que no nos hiciesen un juicio.” Levy se retorció las manos; realmente no quería pensar en lo que les deparaba a merced de ese rey. “Ya...”. Hizo una pausa. “Hey. Lo siento, Lucy. No quería que pasara esto. Si hubiese alguna manera de que te pudiera sacar de aquí..."
Su mejor amiga se giró entonces para mirarla. “No te atrevas a terminar esa frase. Sabes que nunca te dejaría aquí, aunque me liberasen bien escoltada”. Había un rasgo duro en su mirada, y su sonrisa era la que Levy recordaba de cuando eran pequeños pececillos que se metían en problemas al robar golosinas en la cocina de palacio. Era el tipo de sonrisa que decía que todo saldría bien si tenía paciencia. “Bien, entonces saldremos las dos o ninguna. ¿Vale?”.
Levy le devolvió la sonrisa, y trató de no mostrarse indecisa cuando Lucy nadó de vuelta al fondo de la celda. Mantuvo su preocupación como un secreto en su pecho, lo suficientemente agarrado y contenido como para que no se llegase a ver en su rostro. Y trató de concentrarse en el recuerdo de los cocineros de palacio airados que las perseguían por los curvados pasillos mientras trataban de no dejar caer su botín, pero esa imagen fue sustituida repentinamente por la cara de desaprobación del tiburón alcaide, y el miedo le causó unos escalofríos que le recorrieron todo el cuerpo como si de una corriente helada se tratase.
Miró a Lucy, encontrándose con una determinación familiar en su boca firmemente cerrada. Juntas o ninguna. Levy se volvió hacia los barrotes. El brillo de los cristales le permitió ver las celdas vacías a su alrededor, pero la oscuridad que había por encima y por debajo le permitía ver tan poco que podría haber concluido que no había más que pura piedra. Las palabras de Lucy aún resonaban en su mente, y sus manos apretaron las barras hasta que el dolor la obligó a soltar un poco. Juntas o ninguna. Miró hacia la oscuridad. Oh, Lucy… ¿No ves que es eso exactamente lo que me da miedo…? ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
[Cap 1] [Cap 2] [Cap 3] [Cap 4]
Nota de la autora: Sí, Natsu es un tiburón rosa y no me arrepiento de nada. También he sustituido la palabra "niño", "crío", etc por "pececillo" porque me pareció que quedaba mono y he adquirido un nuevo gusto por el vocabulario marino.
Aclaraciones de las Traductoras: En la parte del texto donde se hace mención a “archivos-caracola”, dudábamos entre eso y “archivos-concha”, pero pururu-bomb se las arreglo para que pusiéramos la primera(yo estaba a favor de la segunda ¬¬). A lo que se refiere es que utilizaban caracolas para guardar los sonidos (como si de una grabadora se tratase) y esos eran sus “libros” de historia.
¡Gracias por leer!, si ves algún fallo háznoslo saber!
Dark Waters (Translated to Spanish)
DISCLAIMER/ADVERTENCIA: This fanfic is owned by Miss Mungoe. // Este fanfic es propiedad de Miss Mungoe.
I just translated it into Spanish (with her consent). // Yo solo lo traduje y adapte al español (con su consentimiento).
If you want to post it on other sites please remember to always give credits to the author.// Si queréis postearlo en otras paginas web recordar dar siempre los créditos correspondientes.
Remember that translations always lose some of the original writing and therefore may have small changes (adaptations, synonyms...etc), so I encourage you to read the original version, which will always be better than a translated version // Recordar que en las traducciones siempre se pierde algo del escrito original y por tanto puede haber pequeños cambios (adaptaciones,sinónimos..etc), asi que os animo a leer la versión original, que siempre sera mejor que una traducida :)
Click here to read the original version on her Tumblr, and click here if you want to read it in fanfiction. // Click aqui para leer la versión original en su Tumblr, y haz click aqui si quieres leerla en fanfiction.
Author // Autor: mungoe Translation and adaptation // Traducción y adaptación: zashiky y pururu-bomb
Please, NOT remove the credits! // ¡Por favor, NO eliminéis los créditos!
~~DARK WATERS (spanish)~~
Capitulo 2: Intrusos fuera.
La sirena estaba rígida en su agarre, su delgada muñeca se veía pálida como una concha de mar debajo de sus dedos, pero ella no hizo ningún movimiento para escapar, sólo le mantuvo la mirada fijamente con los ojos muy abiertos y miedo en su cara.
No era la primera vez que veía a una de su clase, pero sí era la primera que estaba tan cerca. Las diferencias entre la gente de ella y la suya eran obvias: el vivo color de su cola y su piel, semejante a la humana por su suavidad, teñida con un color cálido mientras que la suya era fría y gris en comparación. Ella era una anomalía entre las sombras y el extraño resplandor verde de los cristales, como si hubiera caído desde Arriba una pieza perdida del cielo y el sol.
“¡Hey!”
La llamada atrajo la atención de ambos, y él miro mas allá de ella para encontrarse con otra sirena un poco más alta y con el pelo como el oro, del tipo que se encuentra en cofres de barcos hundidos y lleva a los humanos a la locura. Puede que otra pieza de sol. La idea le resultó algo irónica.
Pero a diferencia de la que todavía sostenía, ésta parecía enojada. “¡Quitale las manos de encima!”
Su llegada pareció sacar a la pequeña de su estupor. Pero cuando intentó liberar su mano, Gajeel la apretó con más fuerza. “Aún no has respondido a mi pregunta”
Ella le miró. “¿Me puedes dejar marchar?”
El apretó aún más sus dedos “Responde a mi pregunta” le espetó. ¿Estaba sorda?
Sus mejillas se tornaron rojas repentinamente, pero por algo que ignoraba: probablemente por la vergüenza de ser capturada. Ella intentó zafarse del agarre. “¿A ti qué te importa? ¿Acaso es tuyo este rincón del océano?”.
Gajeel contempló la posibilidad de soltar un sarcasmo, pero la traición aún le dolía como una vieja herida y no se permitía hacer humor a expensas de su viejo. De todas formas, lo que iba a decir fue interrumpido por unos dedos que intentaron aflojar su agarre con una fuerza sorprendente. “Bueno, fue un claro error venir aquí” dijo la sirena de cabellos dorados. “¿No te va eso de la hospitalidad, verdad?”.
Él volvió su atención hacia ella, encontrándola con una mirada desafiante, y parte de su anterior enojo volvió a florecer. ¿Por qué narices estaban jugando a hacerse las tontas? “Las sirenas no están permitidas aquí. ¡Deberíais saberlo! ¡Para empezar fuisteis vosotros los que creasteis la maldita frontera, por Neptuno!.”
La sirena de cabellos azulados frunció el ceño “¿Qué? ¿Qué quieres decir con que nosotros lo creamos?”.
Él la miró y vio la genuina sorpresa en su rostro. Las sirenas eran criaturas muy expresivas, mucho más que los de su especie, eso seguro. No sabía cómo eran capaces de mostrar sus sentimientos ante todos, de manera tan visible como la falta de una aleta. Sin duda era un gran impedimento en lo que concernía a Gajeel. “¿No sabes ni tu propia maldita historia, sirena?”.
“Oh, ¿y tú sí?” contestó, y trató de nuevo de liberarse de su agarre. “¡Suéltame!”.
“Júrame que nunca volverás a cruzar la frontera”.
Ella frunció el ceño “¿Qué? No, no pienso...”
Él la acercó de nuevo, y ella gimió de dolor. “Júralo”.
“¡Hey!” la rubia protestó, pero su amiga la interrumpió.
“¡Vale, vale! Bien, si nos dejas marchar ahora no volverás a ver nuestras colas por este lugar, ¿de acuerdo?” Al encontrarse con su mirada vio que el miedo había sido reemplazado por una viva curiosidad, dándole la sensación de que su advertencia la había intrigado más. Esto acrecentó la impaciencia de Gajeel, que había sido alimentada por las estúpidas quejas y evasivas de la sirena, para terminar concluyendo que su comportamiento solo la llevaría a encontrar su final en el afilado filo de un tridente.
Pero otra parte de él, la terca y justa que el usurpador de su padre aún no le había logrado arrebatar completamente, se revolvía ante la simple idea de la existencia de la frontera. No quedaba mucha inocencia en las oscuras aguas de su hogar, y ciertamente no era del tipo que brillaba en los ojos de las sirenas.
“Lo digo enserio. Este lugar es peligroso. No tenéis nada que hacer aquí.”
Sus ojos mostraban descaro. “Bien, nosotras nos vamos, ¿verdad, Lucy?” Ella miró rápidamente a su amiga. “Estaremos lejos de tu… pelo”. Tras decirlo tragó con dificultad, y a él le pareció que podría estar ocultando una sonrisa.
Gajeel la miró fulminante mente “Oye, ésto no es gracioso, pececita. Ésto..”
“¿Pececita?” le cortó, pero parecía más entretenida que enfadada. “¿En serio?”
Y entonces lamentó sus acciones. Si hubiera sido más amenazante desde el principio, si hubiera aprovechado el temor que mostraban sus ojos cuando la había atrapado, tal vez en ese momento podrían estar a mitad de camino en el túnel, más que nada por temor por sus vidas.
Estaba a punto de gritarle de nuevo, por perder el tiempo cuando ya debería estar dando media vuelta con su cola para nadar lejos, muy lejos del lugar al que él llamaba hogar (y últimamente no lo hacía demasiado). Pero ni siquiera tuvo la oportunidad de arrastrarla de nuevo hacia él, ya que en la distancia había sombras que se movían hacia ellos. Se le había acabado el tiempo.
¡Maldición!
“¿Sabes? Si nos lo pidieras más educadamente, nosotras…”
“¡Cállate!” siseó, y apretó con más fuerza su muñeca como advertencia, esperando que ese fuera un mejor mensaje que sus palabras. Con su mano libre la agarró por el otro brazo para acercarla más. Ella estuvo a punto de protestar, pero la expresión con la que se veía debió ser lo suficientemente severa como para que ambas mantuvieran la boca cerrada mientras el grupo se acercaba.
Miró hacia arriba. Sus ojos siguieron el trayecto de unas cortantes y afiladas aletas que sobresalían en la distancia mientras trataba de descubrir a quién habían enviado a buscarlo. Al descubrirlo tuvo que contener un quejido.
Por supuesto que tenía que ser José. De todos tenían que mandar a ese traidor, posiblemente para asegurarse de que Gajeel estuviera nadando sin escaquearse. Fuese o no idiota como un pepino de mar, no había manera de que pudiese ocultar la presencia de dos sirenas en el lado equivocado de la frontera. El reino de su viejo ya se había ido a la mierda; lo último que quería era dar a ese falso rey una razón para invadir el reino de las sirenas bajo la sospecha de que Makarov estuviera enviando espías.
“Vaya, vaya, Gajeel. ¿Qué es esto? Parece que has atrapado unos peces de colores” José miró maliciosamente el lugar y se percató de cómo las sirenas fruncían sus narices al mirarle, aunque él no esperaba otra reacción. José era muchas cosas, pero estéticamente agradable no era una de ellas, y sin duda mucho menos para los estándares de las sirenas.
“¿Por qué veo sirenas tan lejos de la frontera?” Se acercó más a la rubia (Lucy o algo así). “Y qué sirenas más bellas son. Qué sorpresa que Makarov las dejara alejarse de su vista, y aún más que las dejase entrar en nuestro territorio” reflexionó.
“El rey no las envió. Vinieron por su cuenta...” dijo Gajeel, encontrándose con la mirada de la pequeña. “...a ver las gemas”. Con la mirada retó a Levy a contradecirle, y se sintió aliviado al ver que ella estaba dispuesta a seguirle la corriente. Al menos de momento.
Pero José siempre sospechaba demasiado por su propio bien, y aún más cuando era un asunto que involucraba al rey de las sirenas, aunque Gajeel no esperaba comprender los negocios que tenía el tiburón sierra con ese viejo tritón. “Las gemas” repitió José en un susurro.
La pequeña le sorprendió al comenzar a buscar a tientas en su cartera, para después revelar con su mano libre un cristal verde en medio de su palma. “Estaba recogiéndolos” espetó con una voz temblorosa, pero manteniendo la mirada al tiburón de larga nariz. “Si…si hice mal, puedo devolverlo a su sitio”.
José la observó durante un largo tiempo y, aún después de todos los años que pasó a su lado, Gajeel no era capaz de imaginar qué podía estar pensando.
Entonces, con un movimiento de su muñeca... "Buscad en la cartera”.
El miedo volvió a los ojos de la sirena. “¡No!” Trató de esconder la bolsa tras de sí, pero con una sola mano libre no podía, y uno del grupo de José se la terminó arrancando. “Hey… ¡cuidado con eso!”.
El tiburón la ignoró mientras revolvía el contenido, para después sacar un puñal de concha marina que parecía mucho más afilado de lo que Gajeel se habría esperado de una sirena tan pequeña. “Viniste armada” dijo José; la acusación sonaba clara en su voz. Lanzó una mirada cortante a la sirena peliazul. “¿Esperabas muchos problemas por parte de los cristales?”.
Si ella tenía una respuesta no tuvo oportunidad de decirla, ya que el siguiente objeto de la cartera que le pasaron captó la atención de José. Por lo que Gajeel pudo ver parecía una placa del tamaño de su palma, con una superficie pulida cual perla. Pero no pudo observar lo que realmente era hasta que José le dio la vuelta.
En ella había un retrato de sí mismo, tallado con una habilidad sorprendente. Parecía casi tan bueno como el que su madre había utilizado para mantener el recuerdo de su padre: una concha pulida con una cadena de plata que solía haber llevado en el cuello. Era uno de sus primeros recuerdos y se sorprendió al recordarlo, ya que había estado enterrado, oculto en lo más profundo de su interior.
Gajeel miró a la sirena en busca de respuestas, sólo para encontrarse sus mejillas enrojecidas y su cabeza agachada, evitando las miradas a su alrededor. Fue entonces cuando supo para qué había estado usando el cuchillo.
“¡Vaya! ¡Esto sí que es interesante!” canturreó José mientras daba vueltas a la talla entre sus manos. ”Al parecer alguien te ha estado espiando, Gajeel”.
Ese comentario pareció sacarla de su vergüenza. “Yo no estaba espi...”
“¿Sabes?”, José continuó, ignorándola mientras señalaba a la talla. “Ésto es un delito en este reino. Y no tengo duda de que nuestro buen rey querría oír hablar de este agravio hacia su querido sobrino”.
La palabra "sobrino" le lastimó como un insulto, aunque José no lo había pronunciado como tal. Y eso, de alguna manera, lo hizo peor. Como si su padre nunca hubiera sido asesinado, y Gajeel fuera completamente feliz con su tío en el trono. Como si no fuera mortalmente ofensivo el verlo sentado en esa maldita cosa.
“Eso ya es pasarse, ¿no crees?” preguntó, aunque todos sabían exactamente lo que ella había estado haciendo. Sin embargo daba igual: José tenía razón.
Y él odiaba cuando José tenía razón.
El tiburón sierra evadió su pregunta con la mano. “De cualquier forma, estoy seguro de que Acnologia querrá oír sobre esto. Intrusos en su reino no es cosa de broma, independientemente de sus razones.” Dijo, mientras colocaba la talla de nuevo en la cartera antes de tirarla sin contemplaciones a uno de sus hombres. Y con un rápido y cortante movimiento de mano, señaló en dirección a la capital. “Nos las llevamos”.
Sean cuales fueran las protestas de Gajeel, fueron tragadas por los gritos de las alarmadas sirenas.
“¡No! ¡Liberadme!”
“Hey, dejad... He dicho dej…”
“¡Haced lo que os dice!” dijo Gajeel entre dientes en el oído de la pequeña. “O seréis los siguientes cuerpos que decoren la entrada del túnel. ¿Es eso lo que queréis?”.
Ella se estremeció, Gajeel no sabía si por la cercanía o la advertencia. Pero cuando se la llevó consigo no opuso resistencia. Observó cómo le lanzó una breve mirada de pánico a su amiga, que se limitó a sacudir la cabeza antes de que también se dejara arrastrar a lo más profundo del territorio sharkfolf, un lugar en el que su especie no había puesto su cola en años. Gajeel pudo sentir el dolor de cabeza que se le venía encima, como cuando sonaban los tambores reales en las ceremonias del castillo.
¿En qué maldito lío se había metido?
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
[Cap 1] [Cap 2] [Cap 3] [Cap 4]
Aclaraciones: La parte en la que Gajeel llama a Levy "pececita" se tradujo asi ya que en la original la llama "shortfin" que viene a ser un juego de palabras con "shorty", el cual es el mote que Gajeel le pone en la traducción inglesa de Fairy Tail (en la española seria: enana). Asi que como la traducción literal de ese juego de palabras es mas o menos "aleta pequeña", "aleta corta"...etc, decidimos adaptarlo hasta decantarnos por "pececita", ya que hace referencia a un pez pequeño de sexo femenino. ¡Perfecto para Levy!. :D
Si de todas formas, pensáis que se podría haber puesto una mejor traducción avisar. Así que...
¡Gracias por leer!, si ves algún fallo háznoslo saber, y si tienes alguna duda respecto al texto manda un mensaje!

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"sono così felice di rivederti..."
for laxana-week, also dedicated to mungoe cause this one is based on her fic and I love her so much I wanna destroy her
Dark Waters (Translated to Spanish)
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~~DARK WATERS (spanish)~~
Había estado observándole durante días, oculta de alguna forma detrás de una roca de tamaño considerable que sobresalía del fondo del mar, y las cambiantes sombras bajo el agua la escondían de su vista.
Ni siquiera debería estar allí para empezar. Fue mucho más allá de la frontera que separa el reino de Makarov de la de los sharkfolk, cuya existencia conocía sólo de oídas ( y no parecía buena idea). Pero la curiosidad siempre había sido su mayor vicio, y los arrecifes de colores de su hogar se habían vuelto demasiado conocidos a sus ojos siempre inquisitivos; se había aburrido de lo que conocía. Buscó más, otras vistas más allá de las pocas que podía encontrar en los repositorios de palacio. Quería algo nuevo, un lugar nuevo. Y quería verlo por sí misma, las aguas extranjeras que acechaban fuera de la seguridad de El filo de los Dientes, la cresta de rocas afiladas en las regiones más septentrionales del reino, que servía como pared natural para mantener a la gente de Makarov dentro.
Y a los sharkfolk fuera.
Había comenzado con una breve incursión a la frontera, sólo para ver lo lejos que se atrevía a ir. No había centinelas tan al norte y pasarla había sido más fácil de lo que había pensado. Al pasar El filo de los Dientes, el fondo del mar dio paso a una fuerte caída, tan profunda que ni siquiera se podía ver el fondo. Las aguas corrían oscuras como la tinta de un calamar, y por primera vez desde que había subido aquella colina su sentido común combatía contra la emoción de estar tan cerca de lo desconocido.
Con cada nueva incursión había nadado un poco más profundo, encontrándose con que las aguas no eran tan oscuras, sino que estaban iluminadas por extrañas piedras verdes en las formaciones rocosas, como las gemas que los seres humanos codiciaban, pero brillando con una luz antinatural. Un día se dio cuenta de que las luces dejaban ver la forma de un túnel, y la siguiente vez que se aventuró hacia abajo llevó consigo un arma: una concha tallada que sostenía el filo de una navaja.
Descansaba de forma pesada en su cartera, y le reconfortaba ese peso a medida que nadaba más profundamente. Debía ser cuidadosa en ese pasadizo estrecho, pero cuanto más avanzaba más volaba su imaginación sobre lo que se podría encontrar en el otro extremo.
Finalmente, como ella había sospechado, aquel oscuro túnel inquietantemente iluminado había dado paso a aguas abiertas. El reino de los sharkfolk, vasto, salvaje y nuevo ante sus grandes ojos.
Pero el entusiasmo inicial por su descubrimiento había sido frenado con rapidez por lo que podía observar ante sus ojos: esqueletos, atravesados por postes afilados clavados en el fondo rocoso. Se dio cuenta de que se trataban de sirenas, y la visión casi le hizo dar marcha atrás cuando algo más captó su atención.
Había oído historias del hogar de los sharkfolk, descrito como la desafortunada creación de una de las más oscuras bromas de Neptuno. Un reino estéril formado por piedra devastada y restos de naufragios causados por humanos temerarios o por pobres desafortunados que eran derribados por los propios sharkfolk, arrastrando sus naves a las frías profundidades y saqueando tesoros y gente por igual.
Pero ella, en cambio, había encontrado un terreno abierto bastante diferente a lo que se había esperado. Las enormes rocas oscuras hacían un suave contraste con la gran cantidad de arena y unos cristales como los del túnel, pero de mil tonos diferentes de verde y azul, que salpicaban las formaciones rocosas como las luces del cielo nocturno que alguna vez vio en sus raras visitas a Arriba. El agua estaba en calma y en silencio, poco se había movido la arena o las rocas; a Levy no le pareció que fuese un sitio tan espantoso.
Como si hubiera sido hipnotizada por su nuevo entorno, no se había dado cuenta de que había empezado a nadar hasta que miró hacia atrás y se encontró con que ni siquiera llegaba a ver la entrada del túnel. Sin embargo, había llegado demasiado lejos como para dar marcha atrás, así que se presionó a sí misma para avanzar un poquito más. Intentó arrancar una de las joyas que brillaban intensamente entre las rocas, pero su persistencia no fue capaz de convencer a la roca de liberar su tesoro, así que decidió traer un instrumento en su próxima visita para aflojarla y poder llevársela para estudiarla. Estaba tan satisfecha con su plan que se había planteado dar media vuelta cuando otra vista había llamado su atención.
Fue entonces cuando puso sus ojos sobre él por primera vez: el primer sharkfolk que había visto en su vida , y que para su sorpresa llevaba a sus espaldas una red. Supuso que de las que usaban los pescadores para sus capturas.
Él no se parecía en nada a las descripciones que había oído de los sharkfolk: criaturas feas y brutas, de sonrisas constantes anormalmente anchas y cuerpos consumidos por cicatrices. Sí que tenía cicatrices, era posible verlas desde la distancia, pero él no era para nada feo. Con una larga cola gris levemente moteada casi como la de un tiburón tigre, él era todo líneas afiladas y ángulos duros, desde las aletas al rostro. Y su pelo... Levy nunca había visto nada igual, incluso entre su propia gente. Su pelo era sinuoso y oscuro como el agua que le rodeaba.
No había sido capaz de averiguar lo que él estaba haciendo; patrullar, tal vez, aunque no parecía estar siguiendo ningún patrón específico mientras cortaba el agua a un ritmo lánguido. Ella se había asegurado de permanecer fuera de su rango de visión y oído, y aún más de estar quieta cuando él pasaba. A veces desaparecía de su vista , pero no se atrevía a hacer ningún movimiento por temor a que éste diera la vuelta y volviera, cosa que hacía a menudo. Sólo cuando estaba segura de que se había ido salía de su escondite, y para entonces ya era generalmente bastante tarde, por lo que tenía que regresar rápidamente a través del túnel antes de que alguien fuera en su busca.
Aún así ella había estado volviendo desde entonces, con la esperanza de poder echar otro vistazo. Algunos días no pudo, al igual que ahora, pero otras veces él no aparecía hasta pasado un tiempo. No había hecho ninguna señal que indicase que él sabía que estaba allí, pero Levy no se había atrevido a hacer ningún intento de contacto. Incluso si él no coincidía con las descripciones que había oído de los sharkfolk, no significaba en absoluto que fuese a ser amable ante su entrada ilegal a aquel flagrante lugar.
Además, el recuerdo de los esqueletos de las sirenas todavía estaba reciente en su mente, quitándole así las ganas de hacerlo.
"Levy."
La voz susurró a su lado, y ella comenzó a salir de sus pensamientos para encontrarse con una cabeza de cabellos dorados y ojos marrones llenos de preocupación. La visión de su amiga era un súbito destello de color ante el contraste grisáceo y verdoso del entorno, pero Levy estaba demasiado sorprendida de verla como para pensar en las consecuencias de ello.
Lucy estaba furiosa. "¿Qué estás haciendo en las profundidades? ¡Sabes que no se nos permite pasar la frontera!". El agudo susurro fue seguido por una rápida mirada nerviosa, como si el agua fuese a demostrar su presunta traición volviéndose contra ellas.
Levy se resistió. "¿Qué estoy haciendo aquí? Luce, ¿qué estás haciendo tú aquí?" respondió en susurros, pero su amiga no estaba escuchando. Una mano rodeó su muñeca mientras Lucy trataba de llevársela consigo.
"Venga, nos volvemos. No sé qué te hizo pensar en venir aquí y no me importa, tenemos que volver, ahora. Levy, vamos".
"¡No puedo!" Susurró violentamente, intentando débilmente tirar de su mano hacia atrás. "Él podría volver pronto, y Lucy, tú no-"
Y si ella esperaba que sus palabras detuvieran el entusiasmo de su amiga por marchar, había elegido las correctas.
"¿Él?"
Levy sintió sus mejillas tornarse de un profundo rojo coral, pero el pánico en la cara de la otra sirena fue sustituido con un cambio de actitud, levantando las cejas con una curiosidad que Levy reconoció al instante. Tragó saliva con dificultad. "Sí", admitió. Ya no tenía sentido ocultarlo. "Él".
Vio el destello en los ojos de Lucy mientras miraba más allá de la roca, como si él se escondiera al otro lado. "Así que... ¿te estás viendo con alguien?" Ella sonaba dudosa en lugar de enojada.
El rubor aumentó. "No... exactamente".
Una ceja se desplazó más allá de la otra, y Levy se cubrió la cara con las manos. "¿Cómo pudiste encontrarme?" Preguntó por las rendijas entre sus dedos.
Cuando miró arriba, la curiosidad de Lucy había sido sustituida por incredulidad. "¿Hablas enserio? Has desaparecido casi todos los días yendo a Neptuno sabe dónde, sin decir ni una palabra." Se detuvo para dar énfasis. "Estaba preocupada." Cruzó los brazos sobre su pecho. "Así que te seguí más allá de El filo de los Dientes, y Levy ¿estás loca? ¡Sabes que no podemos acercarnos, y mucho menos pasarlos!" Ella echó otro vistazo alrededor. "Marea misericordiosa, más vale que sea un tiburón guapo".
A pesar de su angustia, Lucy habló con humor y una leve sonrisa, y Levy se encontró devolviendo una sonrisa vacilante en respuesta.
Pero entonces la sonrisa en el rostro de Lucy desapareció, su mirada fue atraída por algo en la distancia y Levy no tuvo que girarse para saber lo que ella vio.
"Pero guapo o no, siento que éste es el momento de irnos" dijo mientras sus palabras se aceleraban. Levy siguió su mirada hacia una perturbación por delante entre las aguas calmadas: una sombra entre las luces parpadeantes de cristal.
Y en comparación con las otras veces que había ido a verlo patrullar la zona, era claro para ella que, por el recorrido de su aleta caudal, habían sido vistas.
"¡Ahora, Levy!"
No tenían que decírselo dos veces, ella misma se impulsó en el agua después de Lucy, el pánico aumentaba como la bilis por su garganta, y por un momento no supo en qué dirección nadar. ¿Alejarse o buscar un lugar para esconderse? No lo sabía. Lo último parecía estúpido, ya las habían descubierto y ella no era lo suficientemente rápida como para poner la distancia necesaria para encontrar un escondite. Si al menos pudiesen conseguir atravesar el túnel y llegar al otro lado de la frontera antes de que las pillase...
Pero no veía la entrada del túnel por ninguna parte y su miedo se había desbocado, consumiéndola mientras se impulsaba por el agua tras Lucy, quien tampoco parecía tener idea de a dónde ir.
Una idea se le ocurrió al notar la concha-cuchillo en su cartera, pero no le dio tiempo a pensar más cuando notó una presión fuerte en su muñeca. Antes de darse cuenta ya estaba siendo arrastrada hacia atrás mientras el agua giraba a su alrededor y ella gritaba.
Y entonces él estaba allí, todas sus afiladas y nítidas aletas, y su pelo salvaje y oscuro como las profundidades más lejanas, con sus mechones encrespándose como si tuviesen vida.
Su rostro estaba rojo de ira cuando él la atrajo hacia sí. Sintió que estaría sumergida por la oscuridad de su pelo y su sola presencia. Le vino un pensamiento temeroso: ella no sabía qué hacía su pueblo con los intrusos. Una imagen se dibujó en su mente, la de unos esqueletos en las picas que marcaban la entrada a su dominio en el túnel, y su miedo la golpeó como aletas furiosas en la parte inferior de su abdomen.
Su rostro se presionó contra el suyo, y ella se habría reído de sí misma cuando había pensado que tenía unos hermosos rasgos, desgarrados ahora por la furia. Y sus pocas palabras, afiladas como dientes, hicieron que se encogiera ante su sonido.
"¿Qué diablos crees que estás haciendo en territorio sharkfolk, sirena?"
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
[Cap 1] [Cap 2] [Cap 3] [Cap 4]
Aclaraciones: No encontramos una forma de traducir "sharkfolk" así que decidimos dejarlo tal cual.
Respecto a la palabra "sirenas", hacemos referencia a algo neutral, ya que en el texto se utiliza tanto para sirenas, como para tritones.
¡Gracias por leer!, si ves algún fallo háznoslo saber!
Roots in Foreign Soil - chapter 1
My illustrations for the Hobbit AU fanfic by mungoe, I had a really really hard time to pull out these designs and I literally changed the whole gang, well, the beards and hairs, they're dwarf's must-have features so... yep, enjoy this one hell of an AU where I ruined all of Hiro Mashima's characters hahaha~