Me acostumbré tanto a tu compañía, a tu risa, a tu voz y a la forma en que decías mi nombre, me acostumbré tanto a ti que incluso tu ausencia era notoria, estaba acostumbrada al tipo de soledad que dejabas porque era estar con la ilusión de tu llegada, porque sabía que volverías y tú sabías que yo estaría esperándote














