Un Millón.
Eran las 3 de la tarde. El ardiente sol de la ciudad hacia que el sudor resbalara por su frente. Con la manga rota del suéter se limpiaba. Estaba parado del otro lado de la calle. Esperaba el rojo del semáforo. Junto con otros peatones. Los estridentes motores de los peseros ensordecían sus pequeños oídos. Un garrafón que antes tuvo jugo de naranja yacía en sus chamagosas manos. Ahora tenía gasolina. Los autos corrían por la avenida. El amarillo parpadeaba. Llego el rojo y todos avanzaron para cruzar. Se plantó en medio de los autos. Sobre las líneas amarillas. Miró al cielo y suspiro. Esta vez no quería un peso ni dos. Quería un millón. Para matar el hambre que desde la mañana lo atormentaba. Abrió el garrafón de gasolina. La bebió y se prendió fuego.
-Vrturo












