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Jamás he escuchado tantas verdades en tan poco tiempo:
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Bastler

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Relato 🔞
TREINTA CENTÍMETROS | Capítulo 1 - Parte I: El Rescate🔪
El cuchillo brilló bajo la luz anaranjada de la farola rota antes de que Jhosuar pudiera procesar lo que ocurría. Era casi medianoche en la avenida Periférica, y la chica —pelo oscuro, vestido azul, piernas temblorosas contra la pared del callejón— miraba al asaltante con ojos demasiado grandes para su rostro pálido.
—El bolso —gruñó el hombre, extendiendo la mano libre.
Jhosuar no pensó. Seis años de rugby en el colegio donde Roberto lo había matriculado, de disciplina estricta y entrenamientos bajo lluvia o sol, se activaron en su cuerpo antes que en su cerebro. Cruzó los cinco metros que lo separaban de la escena en dos zancadas, agarró la muñeca del asaltante por detrás y torció. El cuchillo cayó al suelo con un ruido metálico que resonó en el silencio del barrio dormido.
—Vete —dijo Jhosuar, y su voz sonó extraña a sus propios oídos, grave, autoritaria, la voz que usaba Roberto cuando algo no negociable.
El asaltante huyó.
La chica se deslizó por la pared hasta sentarse en el suelo, jadeando. Jhosuar se agachó frente a ella, manteniendo la distancia cortés que había aprendido en casa.
—¿Estás herida?
—No —susurró, y cuando alzó la vista, sus ojos se encontraron.
Fue ridículo. Jhosuar había leído sobre eso en los libros que Roberto dejaba en la biblioteca, sobre miradas que quemaban y reconocimientos instantáneos. Siempre pensó que era metáfora poética hasta ese momento. Pero algo en la forma en que ella lo miraba —gratitud mezclada con algo más oscuro, más hambriento— hizo que su estómago se contrajera con una fuerza que no reconoció.
—Angelina —dijo ella, como si respondiera a una pregunta que él no había formulado en voz alta.
—Jhosuar.
La ayudó a levantar. Su mano quedó en la suya un segundo más de lo necesario. Cuando ella se enderezó el vestido, él notó que sus dedos temblaban, pero no de miedo.
—Vivo cerca —dijo ella—. Valle de Altea.
Jhosuar sonrió, la primera sonrisa genuina en semanas.
—Yo también. Avenida Este.
—Yo en la Oeste —dijo ella, devolviéndole la sonrisa con algo de tristeza—. Opuestos.
—Nunca opuestos —corrigió él, y no supo de dónde salió la certeza.
Caminaron juntos hasta la entrada de Valle de Altea, manteniendo una distancia que ninguno quería respetar pero que la decencia exigía. La conversación fluyó con naturalidad incómoda, como si ambos estuvieran conscientes de que algo importante había comenzado y ninguno supiera cómo nombrarlo.
—¿Siempre eres tan... —Angelina buscó la palabra—. Intenso?
—Solo cuando alguien necesita que lo sea —respondió Jhosuar, y la honestidad de la respuesta la detuvo en seco.
Se enfrentaron en la esquina donde sus caminos se separaban.
La Avenida Este a la izquierda, la Oeste a la derecha. Dos direcciones opuestas que los llevarían a casas que, sin saberlo, compartían la misma pared trasera.
—Debería agradecerte —dijo ella—. De una forma más apropiada. Café, tal vez. O cena.
—¿Me estás invitando a salir? —Jhosuar arqueó una ceja, y la sonrisa que iluminó su rostro transformó su severidad en algo casi juvenil.
—Estoy invitándote a dejarme invitarte —corrigió ella, y el juego de palabras los hizo reír, rompiendo la tensión.
Intercambiaron números. Sus dedos rozaron al pasar los teléfonos, y ambos ignoraron el escalofrío que no tenía nada que ver con el frío nocturno.
—Hasta pronto, Jhosuar de la Avenida Este.
—Hasta pronto, Angelina de la Oeste.
Caminaron en direcciones opuestas, y ninguno de los dos se atrevió a mirar atrás. Pero cuando Jhosuar llegó a su casa —esa enorme construcción de tres plantas donde el silencio era el único compañero habitual— apoyó la palma contra la pared del dormitorio principal, sintiendo el frío del hormigón.
A treinta centímetros de distancia, del otro lado de esa pared, Angelina hacía exactamente lo mismo.
Ninguno lo sabía. Pero ambos sentían que algo había cambiado para siempre.
[Continúa mañana...]
— Gkiss💋
La vida es demasiado corta para sabores insípidos, cobardia o historias de amor aburridas.

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