Quiero quererte sin temerte.
Quiero besarte y animarte.
Cuidarte, admirarte y no morir en el intento.
Respiro hondo para asesinar a los nervios y así apaciguar a las inseguridades, ponerles punto y aparte.
Porque recordar lo malo solo envenena este sentimiento. Quizá soy humano pero te quiero como los perros quieren a sus dueños, desmesuradamente, sin un final, con atrevimiento.
Y es que a ti no puedo no quererte, desde que te vi lo tuve presente, voy a morir con tu cara incrustada entre mis vivaces recuerdos, con tu nombre haciéndole cosquillas a mis oídos y tu piel morena convirtiéndome por siempre en un calenturiento.















