Uno de los ritos más antiguos de Galicia que se celebraba el 31 de Diciembre en la Nochevieja (o Fin de Año) era el Tifón de Nadal. Era una especie de representación de la creación y domesticación del fuego, además de un rito de renovación anual. Antiguamente, todas las casa gallegas tenía una ''larerira'' que se trata de una especie de horno, solía ser de piedra y tener una gran chimenea. Las gentes de antes tenían tradición de reunirse al rededor de su calor en las noches y contar historias, siendo esta el centro de unidad familiar. Allí se calentaba la vida y las almas de los difuntos que regresaban a casa por esas fechas. Era un lugar donde se concentraba mucha energía, por lo que el 31 de Diciembre se limpiaba la lareira y se prendía un tronco de roble o pino normalmente, se dejaba arder hasta la mitad aquella noche y luego se apaga, para encenderlo en las noches posteriores, por lo general lo dejaban arder hasta la noche de Reyes del 5 para el 6 de Enero. A este primer fuego del año le llaman 'Lume Novo', consideradas sus cenizas como un objeto de poder tanto para encender futuros fuegos en esa misma lareira en noches de tormenta, para desconjurar el mal, para otorgarle fertilidad a los campos y protegerlos de las plagas así como en rituales curativos, siendo un excelente protector, sanador y desconjurador.Con este 'Lume Novo' se hacía una hoguera la noche de Fin de Año y se saltaba por encima como un rito de purificación.