Algunas mañanas sólo se necesita de un leve rayo de sol que acompañe en un camino de dos horas, en el que constantemente se mira el reloj esperando llegar a ese lugar en el que a nadie le gusta estar, continuando su rutina, viendo caras llenas de hostilidad. Pero siempre es bueno llevar consigo una revista para distraerse en el autobús, que suele parar al lado de una estupenda cafetería, donde se compra aquel anhelado café. Luego de terminar la revista sólo queda dedicarse a mirar por la ventana, escuchar un par de canciones, y dejar transcurrir el día.