CAPITULO I: Someone To Trust
Las calles vacías, bañadas por una lluvia de cenizas que no se detiene. Recuerdos de un fuego que sigue ardiendo y que vuelan hasta deshacerse en el aire. Los Flash de las cámaras no se han detenido un segundo durante los últimos días, a veces no parece tan mala idea… parece que espantan a los demonios.
Está en todas las noticias. En todos los diarios, todos los días. Salen más y mas historias, cada una mas falsa que la otra… pero que impiden que cierre la herida. Una herida que se ha vuelto una cicatriz en la ciudad. Un matadero que se convirtió en un símbolo de paz y unión. El Edificio principal de Woodgate se ha vuelto un monumento de fibra de Cristal que reflecta los rayos del sol —Cuando hay sol—sobre el pavimento, volviéndolo un camino de arcoíris. A sus pies, en la placa de oro se puede leer: Los inocentes siempre pagan las consecuencias.
Una mujer se planta frente al monumento que sigue arrojando cenizas desde sus cimientos. Se aparta los cabellos castaños del rostro y toma su micrófono, lo sostiene boca abajo y rasca el interruptor. El aparato suelta un ligero chillido apenas audible y un brillo verde que solo se puede ver bajo la sombra.
El camarógrafo asiente y se coloca con los pies separados para no errar la toma. La grabación comienza:
—Han pasado 2 meses, 2 meses desde que Woodgate calló victima de un ataque terrorista del que no se han encontrado culpables. Y aun, a 2 meses de un desastre que hirió a nuestra ciudad. Las Cenizas arden en los cimientos, ¿Serán los pecados de la corporación farmacéutica purgándose?...
La cámara sigue filmando.
“2 meses desde que Matt Dixon fue encontrado mutilado y asesinado a sangre fría de un tiro en la sien… ¿Qué clase de seres podrían ser tan crueles para asesinar a alguien de esa manera?”
La banda FM brinca entre frecuencias, pasa entre estaciones sin siquiera detenerse a escucharlas. El conductor sigue cambiando, la estática inunda la cabina del automóvil.
En el asiento trasero de aquél viejo Taxy, Blythe Kingston espera paciente llegar a su destino. Acaricia con delicadeza los asientos de cuero y puede sentir en sus dedos la manera en que el cuero ha sido chamuscado por colillas de cigarros. Vuelve la vista al exterior, los edificios se recortan contra un atardecer cuyo cielo de color lila se extiende como la espuma en el océano. Sus labios selectivamente teñidos de rojo se tensan en una sonrisa. Se aparta los mechones rubios del rostro mientras el vehiculo aminora su marcha, puede escuchar el caucho girando sobre la gravilla hasta detenerse completamente, y se siente ligeramente complacida cuando la mirada del taxista recorre la línea de su escote que se hunde en su blusa ahondando en su blanca piel.
—Parece que tardaremos un momento—dice el hombre.
—Tengo todo el tiempo del mundo—responde Blythe, su voz recorre aquellos niveles de sensualidad que fascinan a sus clientes. Baja las manos a su bolsa y hurga entre billetes sostenidos por una liga y pequeñas bolsas de droga que sus clientes le obsequian y se niega fervientemente a usar. Encuentra aquel pequeño objeto con forma de ostra, lo abre en un click y comienza a colocarse el polvillo en las mejillas al correr de los minutos.
El sonido de los claxon comienza a llenar el silencio hasta casi ahogar la voz de la locutora, aquella tal Eileen Shepherd:
—…Y el discurso de Erick Woodgate va a dar inicio en unas cuantas horas donde el ahora líder de la compañía va a hablar por primera vez desde el asesinato de su sobrino hace unos meses a manos de terroristas—Blythe puede detectarlo, siente su voz cargada con una mezcla de ironía y enojo. Es como la voz de una mujer engañada que tiene que tragarse otra excusa mas para argumentar la ausencia de su esposo en un cumpleaños. Es como la voz de un hijo que dice que todo está bien aunque lleva en su mente que la escuela es una mierda y los chicos lo lastiman. Es ese tipo de voz y Blythe Kingston la conoce. ¿Quizá se debe al secuestro de Eileen que la mantuvo cautiva casi 4 meses? No está segura. El hilo de sus pensamientos que la alejaba cada vez mas de aquel hermoso reflejo en el espejo se ve interrumpido por el sonido de más autos aullando. Saca su celular y marca a casa. Debe decirle a Prudence que no llegará a cenar a tiempo.
Las bocinas zumban. Lanzan un ligero chirrido mientras el micrófono se conecta y el encargado de audio susurra algunos números al azar. Ante el inminente atardecer la luz calida sobre el se enciende dejándolo bajo el reflector. Difuminando su sombra sobre el escenario. Abrocha su chamarra y la placa de Skychild Inc. brilla como explosiva bajo la luz. Corre a los equipos de audio e intenta protegerlos de la lluvia que insistente comienza a golpear las cortinas. Detrás de él, los pasos de unos mocasines lo toman por sorpresa. Se vuelve solo para encontrar a un semi dios frente a sus ojos. Erick Woodgate le dedica una sonrisa al tiempo que se quita aquel sombrero de copa colocándolo sobre una de las bocinas. Un hombre acabado pero forjado, las arrugas le surcan la frente y parte del rostro, que parece medio hundido, sus labios tensos en una sonrisa tras aquella barba de días, se sacude el cabello peinado estéticamente y se coloca los lentes de aumento que le cubren parte de las manchas solares en la sien. Al hablar, su voz recorre al encargado de audio como un trueno. Retumba en su oído:
—Buenas tardes, hijo—dice con una sonrisa al tiempo que saca un cigarro de su cajetilla. La llama del encendedor no se extingue bajo la ligera llovizna.
—Buenas tardes señor—responde el chico.
—¿Cómo va eso?—dice Erick mirando los complejos circuitos. Da una calada a su cigarro. Aspira el humo por la nariz también y tose un poco.
—Todo está casi listo, señor. Buena suerte el día de hoy.
Erick Woodgate sigue consumiendo su cigarrillo mientras una mujer sube para arreglarle aun mas el cabello y polvearlo. El encargado de audio, llamado Vernon Craig sonríe y sigue con su trabajo. A su lado, un chico llega corriendo. Lleva aquél conector.
—GraciasMason—dice Vernon— ¿Ya dijiste hola?
Mason West mira al hombre junto a él con simpleza. En sus ojos el brillo de admiración no se aprecia con la intensidad que la del resto del Staff.
—Buenas tardes señor, Mason West—dice al dueño de Woodgate y este le dedica un cabeceo. Scott puede apreciar las líneas que se hunden en su cabeza. Arrugas, quizá por fruncir el ceño demasiado. Se aleja del hombre y baja del escenario nuevamente para probar el audio, las gotas le golpean las manos, siente ligeros toques de electricidad que le acarician los dedos ante el agua que resbala por los soportes hasta los circuitos. A su espalda el público se acomoda y le mira.
A su espalda, Erick Woodgate le mira. Su rostro se tensa en una sonrisa. La maquillista se acerca con aquel polvo y el niega apartándola. En su bolsillo el discurso pesa como el plomo, la mirada de Matt Dixon se puede sentir para su tío, se siente observado desde aquella lona mandada a hacer por algunos de sus patrocinadores. In Memoriam.
Siente su presencia, su fría mirada etérea. Erick Woodgate se estremece mientras los espectadores comienzan a llegar, los ve a lo lejos. Están vestidos de negro. Están de luto por la partida de un gran líder, y en ese momento… se siente culpable. Se siente culpable de sus actos y agradece que hayan terminado. Perdió millones de dólares, eso es claro sin embargo si hay algo cercano a una redención es aquello. Toma el micrófono entre sus manos y siente la pesadez. Calcula la distancia entre sus labios y el aparato para no saturar el audio. Intenta distraerse de los pensamientos que caen como un torrente de sensaciones. Y en mitad de aquella prueba de audio mira por primera vez a aquella mujer en el publico.
El flash se dispara y Dakota Kirkson aparta la cámara de su mirada con una sonrisa. Sus dedos vagan entre el obturador y la forma pesada. Mira la foto y sonríe ante el enfoque. “Ángela estará complacida” se dijo con una sonrisa. En últimos días, Dakota había pasado por un proceso de cambio que se sentía como una metamorfosis. El cáncer estaba abandonando su cuerpo, estaba soltera, había tomado un pequeño trabajo en The Pink Floyd como fotógrafa. Parecía prometedor y ella podía sentirlo, lo reflejaba a cada sonrisa y a cada mirada, sus ojos azules sentían más brillantes. Sus carnosos labios se antojaban mas sonrientes. Fue de las primeras en aquella ceremonia, pronto los asistentes comenzaron a llegar. Algunos acarreados del gobierno, algunos en luto por la muerte de aquel hombre mas Dixon y otros mas como ultima alternativa debido al bloqueo vial. La chica que llegó tras de ella fue una de estas ultimas. Era rubia, su cuerpo era frondoso y todo parecía bien colocado. Dakota se encontró raramente incomodada por la compañía mas no dijo nada.
—¿Quién es ese?—preguntó Blythe a la chica que tomaba fotografías.
—Es Erick Woodgate—contestó una acida Dakota.
—¿El que detuvo el trafico?
—Tendré que matarlo—las palabras de Blythe hicieron volverse a una sorprendida Dakota que sonrió al encontrarse con la risa cínica de su inesperada acompañante—Estoy jugando, no te asustes.
Dakota soltó una pequeña risa también y con ella derribó aquella pared que tan insistente sostenía.
—Blythe Kingston—sonríe mirándola y extiende una mano que Dakota estrecha con confianza. Ambas se sonríen mientras a su alrededor la plaza comienza a llenarse de invitados, sobre el rabillo del ojo Dakota puede ver algunos carteles de protesta que atraen la dispersa atención de su Flash debido a los coloridos mensajes entre los cuales se lee.
“WOODGATE ES ALGUIEN PARA CONFIAR?”
Dakota no sabe la respuesta, sin embargo sigue tomando las fotografías con Blythe a su lado y la lluvia como testigo.
Los pasos se vuelven una marcha. Los susurros se vuelven gritos con tanta rapidez que a Dakota le cuesta notar el súbito cambio antes de encontrarse inmersa en el alboroto. En el escenario un hombre camina, mocasines recién lustrados, camisa correctamente abrochada y un ligero rubor que se hundía en las arrugas que correctamente colocadas en su rostro no mostraban solo sabiduría, mostraban severidad. En ese momento Dakota se encontró mirando a un verdadero líder mientras a su lado Blythe intentaba no amontonarse con el resto. Erick Woodgate se quitó los lentes y los lustró mientras esperaba que una multitud enardecida terminara de juntarse en aquella plaza, bajo una lluvia veraniega. Se estrujó el cabello correctamente coloreado con uno de esos tintes para el cabello que Dakota encontró muy bueno pues variaba su intensidad dependiendo de cuanto se acercaba a las raíces.
Su teléfono interrumpió la observación. Tomó el pequeño aparato y se lo llevó al oído mientras seguía disparando su flash.
— Dakota, soy Ángela—dijo aquella voz en el auricular— ¿Cómo va todo?
—Todo va perfecto, espero estar de regreso en unas cuantas horas, creo que el discurso está por empezar.
La rueda gira. Absorbe el impacto y la fricción de un camino falto de buena pavimentación, las manos de Max Alexander Blackstone se cierran en torno a los manubrios, sus nudillos empalidecen de la fuerza mas sigue pedaleando en aquella bicicleta rodada color azul con franjas rojas. El audífono Bluetooth en su oído deja escapar un ligero quejido. Un carraspeo leve y apagado que se extiende como un eco de su conciencia. Max contesta con un movimiento simple.
—Firewing al habla—dice divertido con una sonrisa. Megan ríe del otro lado.
—Deja de llamarte Firewing, Max, nadie te dice Firewing.
—Todo el mundo me llama Firewing—responde Blackstone, el ruido del caucho pasando sobre los guijarros es un eco único en aquella callejuela que parece abandonada de la mano de dios. Una ciudad fantasma que se extiende frente a él como una sombra, sobras de aquella ciudad esmeralda. Los sonidos de los televisores son las únicas voces, son lo mas alegre en el lugar, presentadores varios que hablan acerca de el dichoso primer discurso de Erick Woodgate acerca de su compañía desde la muerte del antiguo líder. Mathias Dixon. Max nunca había confiado en Woodgate, varias veces se había sentido atrapado y asfixiado por organismos de ese lugar, desde entonces los evitaba. Entre las voces que sonaban lejanas, encerradas en las televisoras estaban las de Angela Floyd y Eileen Shepherd.
Salta sobre uno de los reductores de velocidad y mantiene la bicicleta en el aire unos segundos sosteniéndola con su propio cuerpo y una fuerza de gravedad que parecía ausente cuando él lo deseara.
—¿A dónde te diriges? Dame tu estado.—pidió Megan causando un par de risas en Max.
—Voy a casa por la calle Madison pero adivino que tardaré un poco, Meg. Está esa cosa del tributo a Woodgate o eso…
—No tardes tanto, recuerda que tenemos que jugar Halo 4 hoy…
—Halo 4, lo tengo—dice Max demostrando aquellos leves jadeos en su voz al avanzar. Megan se marcha dejando en su oído una ligera estática que se apaga tras algunos minutos. Max sigue avanzando bajo los cerezos rojos que sueltan sus hojas rojas sobre su andar, pequeñas chispas de fuego de la naturaleza que se alzan en el viento con un soplido de oxigeno. Mientras baja por la avenida las figuras como sombras se quedan atrás, manifestantes, personas de clase económica baja que llamados por lo más parecido a un sacerdote manchan sus pies y los queman para llegar a un llamado de la sociedad. El número de personas va en aumento como la marea mientras va bordeando el lugar de la reunión. Algunos reflectores se han alzado al cielo atrapando la lluvia en un portal blanco, no falta mucho para que empiece y espera poder evitar el desastre.
Intenta no tocar el parque principal de Seattle subiendo por la 12° avenida y luego bajando de nuevo en la 14 avanzando sobre la calle E Pike. Pedalea de nuevo por Columbia y vuelve a bajar por la 16, dejando detrás una lluvia de gritos. Bordeando los autos que estacionados y con el trafico detenido bajan a ver el espectáculo. La calle esta cerrada y Max ve en ello una oportunidad, ¿El objetivo? Un guardián con sobrepeso que evita que los autos pasen. Sonríe y acelera.
Las ruedas absorben la tierra y el aire rompe contra los oídos de Firewing impidiéndole oir el grito del oficial cuando tiene que apartarse para no ser arrollado, la placa de Skychild le roza la sien. Lo deja atrás con notable velocidad y ríe introduciéndose en calles desiertas que parecen abandonadas hace años. Una rueda de la fortuna de la feria de la ciudad que gira por el aire y lágrimas del cielo que lo rozan.
—A tiempo para jugar Halo 4—dice riendo.
Dobla por la calle Jefferson y es en esta intersección cuando debe detenerse de manera súbita. Las camionetas frente a él le bloquean el paso, una compañía de fumigación que de lado a lado de la calle impiden a Max seguir, al menos de manera habitual. Baja de la bicicleta y trepa por una de las camionetas. Se aferra a la orilla y mira con una risa el trailer de “Bluebird fumigaciones” con las siglas “SC-1” marcada en rojo. Una compañía de fumigaciones en un evento publico? Seattle era raro, mucho mas raro que Long Island y mucho menos interesante.
—Oye, tu—dice una voz que suena como un trueno a su espalda haciendo a Max casi perder el equilibrio. —No puedes estar aquí.
—Solo estoy viendo, amigo. Tranquilízate un poco—responde Max y la risa palpable en su voz enfurece al hombre cuyo rostro parece distorsionarse levemente en un movimiento de piel.
—Dije que bajaras—Max lo escucha cortar cartucho. Desabrocha el cierre ligeramente y el cañón de un revolver comienza a ser bañado por la lluvia en dirección a Max.
Los ojos de Firewing se abren de manera desmesurada mientras bajo una gorra oscura el exterminador calcula su tiro en caso de ser necesario.
El micrófono suelta una ligera estática y el mundo guarda silencio. La sonrisa de Erick Woodgate se percibe aun en el silencio más absoluto. Se acomoda los lentes de montura y toma un papel que desarruga frente al micrófono causando algunas risas y quejas de los detractores que siguen alzando sus carteles que Erick está seguro salieron de la nada. Su voz es fuerte como la marea mas furiosa golpeándose contra las filosas rocas. Resuena igual, tiene el mismo impacto:
—“Han pasado dos meses… y aún es difícil dimensionar el hecho de lo ocurrido. No son, no son las perdidas materiales, si no las perdidas humanas. El dolor, el escarlata que manchó al esmeralda en febrero. Personalmente…tuve que firmar tantas cartas de desaparecido, tuve que tomar mi sombrilla e ir a mas de 30 hogares de exempleados y decir: No volverá. Es un sentimiento que no le deseo a nadie y ese día no solo perdí un edificio central, no solo perdí a 30 de los mejores hombres y mujeres que pude conocer. Ese día también perdí a un miembro importante de mi familia.”—Dice y se vuelve hacia el cartel tras de el, mira el rostro en perfil de su sobrino y toma un respiro que todos pueden oir por las bocinas—: Matt no fue un hombre perfecto, no fue un santo, pero fue alguien que a cada paso de su vida luchó por lo que deseaba y eso es algo que siempre encontraré admirable de él, la manera en que aún al filo de la muerte… como el mas capaz de los marinos, se hundió con su barco. Hemos pasado tiempos difíciles antes y es inevitable el cambio que Woodgate experimentará en años venideros… pues lo que aconteció en ese complejo de investigación no se olvida. Muchos han creado teorías de conspiración, bombas colocadas en el edificio estratégicamente, incluso se baraja la posibilidad de haber visto a un mito alzar el vuelo desde las cenizas. ¿Un…como lo llamaron?—cuestiona retóricamente y conforme avanza su voz se vuelve dura, severa. Un escalofrio recorre a Blythe y a Dakota—¿Hombre polilla? Eso es ridiculo, totalmente ridiculo. Lo que ocurrió aquí fue un acto terrorista, un cobarde acto de destrucción y llegaré hasta las ultimas consecuencias para hacer pagar a los culpables. Es mi primera acción como director de Woodgate, encontrar a los asesinos de mi sobrino, y hacerles ver las consecuencias de sus actos… hacerlos pagar. Jhon F. Kennedy dijo una vez, y lo recuerdo pues en mi profesión leí sobre el buen Kennedy, el dijo: “Olvida a tus enemigos, pero nunca olvides sus nombres”.
Estoy enojado, tanto como ustedes por el hecho de que los criminales causantes de tanta desgracia sigan impunes. Criaturas repugnantes. Pero pase lo que pase, en los momentos por venir para esta compañía, quiero que recuerden una cosa… todos esos detractores, todos aquellos que han ensuciado el nombre de mi sobrino, quiero dejarles en claro una cosa: MATT DIXON ERA ALGUIEN PARA CONFIAR!! WOODGATE ES ALGUIEN PARA CONFIAR!!
Una detonación en la distancia.
El disparo corre la voz como un eco de ultratumba. Una persona comienza a gritar…
Max cae de rodillas sobre el polvoriento suelo. Puede escuchar de fondo aquél discurso como un soundtrack malo. El fumigador le golpea el cráneo con el cañón.
— ¿Qué diablos, hombre? Si solo estaba explorando.
—Tienes suerte de que esté tan ocupado justo ahora.—responde el sujeto. Suspira y susurra en voz que Max apenas puede oír. —Todo está listo.
Es ante estas palabras que Matt alza la mirada por primera vez y se pregunta en que demonios se metió. Mira los rifles colocados en fila sobre soportes durante todo un pasillo del edificio, el metal caliente y las balas cayendo en un carrillo enrojecidas. Sin embargo no había un solo tirador. ¿Qué era todo aquello? El frío metal del cañón le obligó a bajar la mirada lentamente y a la son de la frase “Alguien para confiar” los rifles comienzan a disparar uno por uno dejando una estela de muerte. Max suelta un pequeño grito.
Cuando el primer disparo suena, Dakota se acuclilla echándose al suelo con Blythe a su costado. Las personas o la mayoría de ellas repiten este movimiento, luego los disparos se prolongan. Se vuelven un repiqueteo seguido, como granizo disparado al nuevo líder de Woodgate. Su camisa pulcramente planchada refleja sangre y dolor, una mancha roja que se extiende como veneno por su pecho haciéndolo caer hacia atrás mientras los miembros de seguridad saltan para protegerlo. Dakota ve morir a uno. Ve morir a dos. Los gritos de pánico que se han desatado son callados de manera repentina con balas que parecen bajar del cielo para castigar. La gente comienza a correr en dirección a la salida dejando a los muertos atrás. Los disparos se prolongan haciendo caer a algunos en el camino. Supervivencia del mas apto en su nivel mas básico se dice, Dakota.
Empuja a una mujer y sigue corriendo mientras las detonaciones la aturden dejándola en un estado de sordera temporal, Blythe corre pegada a ella mientras a sus lados la muerte aprovecha para llevar a algunos ingratos al hacerlos caer.
Max cierra los ojos con fuerza. Respira profundamente mientras los gritos se propagan en su mente, se graban a fuego en su memoria, desea tener un lugar para esconderse o para huir pero el cañón le presiona la sien. Su paciencia se resquebraja como un cristal que estalla en su interior, alza la mirada y las armas siguen escupiendo balas, se sacuden y vibran sobre su soporte, Max puede ver con claridad el metal al rojo vivo del cañón, aprieta los dientes y entonces lo logra con una gota de sangre escapando de su nariz como prueba. Los cañones comienzan a derretirse, a resbalar como Jalea recién untada por las protecciones de la ventana, a su espalda el exterminador suelta aire. Dice palabras que Max no distingue pues su furia es demasiada, salta sobre sus piernas y se impulsa contra el cuerpo del hombre derribándolo, ambos caen sobre el suelo polvoriento que dibuja sus siluetas. El corazón de Max late con la fuerza de un tropel de caballos mientras patea el arma lejos del atacante. Golpea con todas las fuerzas que le permite su cuerpo al hombre en el rostro, sus nudillos crujen lastimados mas lo golpea nuevamente. Una y otra vez hasta que el sujeto cae fulminado al suelo.
—¿Qué es esto?—se pregunta poniéndose de pie, recoge el radio y abre la puerta de aquel elevado apartamento saliendo por el vestíbulo a grandes zancadas. Los nudillos le sangran. Empuja una puerta y después otra buscando como un poseso la salida. Se siente aturdido y llega aquel momento en que no sabe si la sangre que le roza los dedos es suya. Es una ráfaga de momento la que convierte el aparentemente exitoso escape de Max en un desastre, el muro cede ante una fuerza destructora que lo hace volar entre pedazos de escombro que golpean a Firewing en el cuerpo tirandolo, las partículas de polvo lo hacen toser y la lámpara lanza chispas sobre él mientras aquélla Land Rover se detiene con un derrape dejando salir exterminadores, al menos 3. Desarmados, según puede ver Max entre las olas, voces vivas de ira.
—Vallan a buscar a Dom, nosotros nos encargamos de este niño—dice uno de los hombres.
—Vamos a llevárnoslo por —dice otro con una risa odiosa.
Max intenta apartarse mas las manos callosas le toman por los brazos y lo ponen de pie. Lo golpean en el estomago, sofocándolo y una patada le deja el ojo palpando. La sangre le golpea los dientes y tiene que escupirla pues le arde en el interior. Se siente en peso y cae sobre el fondo oxidado de la furgoneta. Las puertas se cierran sumiéndolo en la oscuridad y Max aspira el miedo de al menos 8 personas metidas junto a él en aquel lugar.
El golpe de los pasos parece lluvia, se dispersa el pánico como una epidemia que le presiona el pecho a Dakota Kirkson. Se detiene en medio del correr de un rio de personas y saca la memoria de la cámara, la guarda en el bolsillo trasero de su pantalón y sigue corriendo. Ha dejado de ver a Blythe, se encuentra por su cuenta. Corre hacia la rejilla y da un salto sosteniéndose del hilar de acero, la trepa con destreza y cae del otro lado absorbiendo el impacto con sus pies. Corre introduciéndose en el callejón, rodea la multitud con el corazón golpeándole el pecho aunque los disparos se han detenido. Corre y corre hasta que los pies le duelen y cuando se siente libre los escombros volando le afirman que esta en una utópica fantasía. Una camioneta que le muestra su defensa pasando entre los cimientos la alumbra, Dakota retrocede y farfulla algo inaudible. El disparo atruena en el cielo y la obliga a retroceder lo suficiente para oír el derrape a su espalda, otra camioneta del mismo tipo que se estaciona tras de ella, rodeándola. ¿Camionetas de exterminación?
Tienen potencia de fuego, rifles y escopetas que le apuntan desde todas direcciones.
—Sube a la camioneta, niña—ordena una chica de la camioneta a sus espaldas. Corta cartucho.
Dakota cierra los ojos y siente ese dolor en el pecho. Alza las manos y cuando escucha el primer tiro siente que ha llegado la hora sin embargo se equivoca. Toma aire a bocanadas mientras la sombra grácil se desplaza sobre las camionetas, se adhiere a las paredes esquivando los tiros y con un resplandor desactiva los motores. Sus ojos verdes miran a Dakota y es entonces cuando la reconoce: Blythe.
Da un salto y asida a la escalera de incendios cae sobre la última chica encajando su tacón en la mejilla. Le da un golpe y aspira mirando a Dakota:
—Hay camionetas de esto por todo el sitio. Tenemos que salir de aquí antes de que algo mas suced…
Sus palabras son súbitamente interrumpidas por el automóvil que se estrella contra una de las camionetas empujándola a ella con fuerza homicida. Dakota salta y gatea por debajo de la Land Rover, Blythe hace lo mismo por el aire y aterriza sobre el capote.
El cartucho de una ametralladora impacta el metal, y sale del otro lado callendo a modo de una bala abollada al lado de Dakota que jadea con fuerza. Blythe salta de las balas, las esquiva con facilidad doblando su cuerpo, flexionandolo, se impulsa en el capote y en el aire es que las balas impactan contra la piel, le da en el hombro. El sonido le recuerda a Dakota al de un gancho para carne industrial contra una res. La bailarina cae con una mueca de dolor y se impacta contra el cristal frontal de la camioneta rompiendolo con su espalda. Suelta un alarido de dolor.
Dakota da un grito de panico cuando la chica que Blythe había derribado se levanta, la piel de su mejilla de un verde escamoso se tensa en una sonrisa de colmillos afilados.
—Sube a la camioneta, es una orden—Sus manos antes de piel blanca y sedosa se tiñen de verdes y unas garras negras se extienden de sus uñas recortadas. Le sisea mientras tras de ella ve por primera vez a la mujer de la capucha...
Mientras Max intentaba recobrar el aliento muchas cosas pasaban por su mente: ¿Qué pasaba? ¿Dónde estaba? ¿Qué sería de él? Escuchaba llantos, rezos y susurros. La puerta se abre iluminando su rostro con franjas y otra chica cae en la camioneta. Max no puede verla en la oscuridad pero esta tosiendo y de su brazo resbala una sustancia pegajosa, calida. Sangre. Max se acerca mirándola, con su dedo palpa la herida, una herida de bala… a pesar de nunca haber visto una estaba bastante seguro que así lucía.
La chica gruñe y suelta un grito de dolor que asusta a los niños y a los adultos en ese lugar.
—¿Estas bien?—pregunta Max, Blythe intenta ponerse de pie mas el constante movimiento de la camioneta se lo impide. El mundo le da vueltas. Escupe un poco mas de sangre antes de intentar ponerse de pie nuevamente, se adhiere a la pared para mantener el equilibrio con la mano y siente la mano de Max ayudándola.
El vehiculo se detiene de nuevo y la fuerza al detenerse lanza a Max de nuevo al suelo golpeándole la mejilla. La puerta se abre nuevamente, dos niños suben llorando. ¿Estaban secuestrando gente al azar?
—Vamos a averiguarlo—Dice Max. Corre y golpea la puerta, su mano ardiente se hunde en el metal y toma el candado, lo reduce a líquido entre sus manos y abre la puerta. El sol y la carretera mientras dejan Seattle atrás es lo único que puede ver. Una caravana de camionetas que los siguen, el conductor de la que va tras de ellos susurra algo a su copiloto que desenfunda una 9 milímetros.
—Quizá eso no fue tan buena idea.
La detonación del arma del enemigo rasga el cielo y Max tiene que echarse al suelo para esquivar la munición que le arranca la vida a una mujer que cae fulminada ante la mirada asustada de sus niños. Firewing jadea y mira al rival que dispara. Blythe no retrocede, esquiva las balas y da un salto, Max se prepara para verla deshacerse contra el asfalto mas la chica se aferra al techo y alza su cuerpo con fuerza, sus tacones resuenan en el techo de la Land Rover.
—¡Ayudenos!—pide una mujer a su espalda. Max asiente y cierra la puerta con fuerza, las balas se estrellan contra el metal.
—Piensa en algo, Firewing, ¡Mierda!
Blythe Kingston nunca luchó por nada en su vida. Nunca se esforzó mucho, se quedó mirando mientras los demás hacían planes. Solo dos veces había sido parte de la vida, solo dos veces algo la preocupo. El día que conoció a Prudence Queen y en ese momento. El viento le golpea el rostro y sus dedos delgados como ligeras varas se introducen en los orificios de bala. Las camionetas a su espalda aceleran y siente los tiros rozarle, su brazo sangra. La camioneta de en la que va Dakota les Rebaza por la izquierda, la reconoce por la abolladura en el costado. Blythe mira mientras el mundo parece detenerse. Toma un gran respiro y mide el tiempo, el asfalto corre bajo sus ojos y salta. Cae de costado con la velocidad empujándola a una muerte segura mas sin embargo se sostiene antes de caer. Los hombres de la camioneta del lado comienzan a disparar y Blythe tiene que rodar sobre su cuerpo para esquivarlos. Se sostiene del costado y suelta un gran suspiro mientras el metal y el esfuerzo hacen sangrar su herida de bala. Sube adherida al metal y alcanza la puerta, golpea el cristal hasta que este estalla y toma al conductor de la corbata estrellándolo en los vidrios sueltos. Escucha su cuello ser penetrado por cristales rotos, lo escucha atragantarse con su propia sangre y también escucha un ultimo grito de dolor. La camioneta pierde el control. Serpentea por la carretera. La llanta se desgaja, lanza chispas y hace la camioneta volcar, la hace saltar y describir círculos en el aire hasta caer a un lado del camino.
Blythe reza por que todos estén bien, incluida Dakota.
Los ojos de Max están cerrados con fuerza. Aspira mientras la oscuridad parece apropiarse de él, siente la mano de un niño enroscándose a la suya y entonces sabe que llegó la hora. Aprieta los dientes y carraspea. Aquí vamos Firewing, se dice. Mira a sus espaldas solo como un recordatorio que arde como una aguja incrustándose en la piel. Los tiros siguen estrellándose contra el metal.
Se vuelve a las personas asustadas y le sonríe. Les habla de la manera mas tranquilizadora que puede con disparos dirigidos hacia él estrellándose en las puertas.
—Firewing, no lo olviden—dice con una sonrisa que se congela en el viento. Un sentimiento que se destruye al escuchar el metal golpearse contra el suelo, los frenos que no funcionan y una pequeña explosión. Por alguna razón sabe que Blythe no está bien. Max Blackstone corre contra la puerta y salta a la nada, sus pies se quedan en el aire mientras todo a su alrededor se vuelve un dejo borroso. Aterriza sobre el vidrio de la camioneta que les sigue, ve la telaraña extenderse y romperse cuando una bala sale de la recamara interior hacia su pierna. El dolor ardiente se extiende en el músculo. Sus manos se encienden en fuego que alcanza a los ocupantes. El cuero se quema, la piel burbujea mas sin embargo Max no escucha ningún grito de dolor. Se aferra a los espejos para no caer y espera.
—¿No estan muertos?—su pregunta tiene una respuesta repentina. El cuerpo salta del interior en llamas y lo alcanza, derrumba su equilibrio y lo tira contra el asfalto a 150 kilometros por hora. Su cuerpo rebota en el asfalto y la velocidad le quebranta tanto la voluntad como el brazo que se rompe. Parte de su rostro se quema y su piel arde. Algo irónico para alguien de fuego. Entre sangre y llamas ve la Land Rover detenerse al chocar contra uno de los señalamientos. Los rehenes comienzan a salir y sonríe. Lo logró.
La silueta de su atacante se presenta entre las llamas. Ligeramente esbelta, guantes de cuero ajustados a las manos y ligeramente quemados al igual que el resto de su ropa. Mechones rojizos cayéndole sobre una mirada fría. Cubierta por una capucha que sin embargo deja ver una sonrisa burlona.
Alguien que sobrevivió a un lanzallamas viviente no puede ser humana, se dice Max. La mujer se adelanta a él y lo toma del cuello con una mano fría como el hielo cubierta con guantes de cuero algo quemados. Le presiona la traquea y lo alza mientras otras 3 camionetas dejan atrás el desastre llevándose a los secuestrados. Las sirenas de policía es lo ultimo que escucha Max antes de perder la conciencia falto de oxigeno. Cae sobre la hierba, con el tacón de la mujer presionándole la mejilla.
Las patrullas siguen el camino trazado mas dos se detienen, toman el desvío y caen sobre terracería. Se detienen de manera repentina frente a la mujer y un desmayado Max. Los oficiales salen con un arma por delante.
—Alejate del chico, ¡Ahora!—sus ordenes son claras. La mujer de la capucha no los obedece. Sonríe y se acerca a ellos.
Los despedaza junto a sus vehiculos.
Mientras Blythe se arrastra por el suelo lastimada, herida y ligeramente noqueada no piensa en muchas cosas, lo hace principalmente en Prudence Queen, su unica amiga. ¿Qué hará ella si muere? Se pone de pie y se acerca a la camioneta volcada, usa su radioactividad para quemar el candado mas se detiene al ver una patrulla explotar lanzando fragmentos de metal al aire. Blythe toma un aliento y abre la puerta encontrando a los pasajeros sobrevivientes que corren desorientados para salir de su encierro. Muchos han muerto en el impacto mas le alegra que Dakota no se encuentre entre ellos. La chica gatea desde el fondo y sale tosiendo, Blythe se da cuenta de que le cuesta reconocerla.
—¿Qué haces aquí?—dice Dakota tomándose la garganta que le arde a causa del humo.
—Intentando que no te maten.
Ambas sonríen. Mas el sonido de los tacones interrumpe el propio hilo de sus cavilaciones. La miran acercándose a ellas. Es una mujer encapuchada, parte de su ropa esta quemada y en los guantes de cuero un ligero rastro de sangre ajena resbala, su piel es blanca y destila sensualidad. Pero no del mismo tipo que Blythe, es de esos placeres asesinos…
—¿Y esa quien es?—Dice Blythe confundida.
—Creo que vamos a averiguarlo.
La mujer cruza la calle con cuidado. Empuña las manos y apenas se vuelve a los autos o al desastre de dos de sus vehículos.
Comienza a correr y el corazón de Dakota se paraliza. Alcanza primero a Blythe, le hunde el puño de un golpe en el rostro lanzándola contra el asfalto sin apenas poner resistencia. Sonría al mirarla caída. Avanza sin darle mucha importancia y Kirkson siente la mirada de aquella extraña mujer directo al alma. Le toma del cabello jalándolo hasta hacer sangrar el cuero cabelludo.
—¿No pensaste que te irías tan fácil, cierto?—dice con una voz cargada de malicia. Dakota no tiene con que defenderse, nunca lo ha tenido.
Se doblega a malas ganas ante aquella mujer y escucha los helicópteros que les sobrevuelan.
—Ahí esta nuestro autobús…
El crepitar de las llamas resuena en el oido de Blythe Kingston aun entre sueños. El sonido de huesos quebrándose; El sentir del asfalto contra su rostro y rompiendo su cuerpo. Se fuerza a si mismo a ponerse de pie, la luz le daña los ojos. Tiene parte de la ropa deshecha. No tiene celular, no tiene nada. Se pone de pie en mitad de la hierba quitándose hojas secas de encima; La habían alejado de las sirenas de ambulancias que se sentían tan cercanas. Tose un poco y se mira la mano, los dedos están deshechos, quebrados uno por uno. Cierra los ojos con fuerza dejando una lágrima caer. ¿Quién era esa gente? Camina con el dolor inundando cada una de sus terminaciones nerviosas y alcanza el boulevard. Detiene un Taxy y sube en la parte de atrás.
—¿Esta bien, señorita?—cuestiona el conductor. Es latino a juzgar por su tono.
—A Kleamer por favor—pide con voz rota. Tanto como sus huesos.
Max despertó en una cama de hospital. Su aliento empañaba la mascarilla de oxigeno, su mano estaba vendada y enyesada. Y a su lado se encontraba su amiga. Megan le miró y Max pudo saber que un poco de preocupación se iba de su rostro. Le quitó la mascarilla solo para escuchar su voz.
—Casi un día, pensé que estabas muerto.
—No tienes tanta suerte, Megan—se ríe.
—Primero lo pensé cuando escuche del tiroteo y no contestabas tu teléfono, luego cuando te hallaron al lado de la carretera. ¿Qué sucedió?
Max se queja. Cierra los ojos y se moja los labios.
—Es una gran historia, en realidad. Pero habrá tiempo para contarla, Tenemos que encontrar a la chica de la herida de bala… puede estar en problemas.
—¿Chica de la her…? ¡Max! No eres un héroe. Esto es peligroso.
—Yo no, pero he escuchado de alguien que podría serlo, es la unica que he podido localizar.
—¿Recuerdas el ataque a Woodgate? Creo que no fue tan despiadado como ellos lo hacen ver y esta chica…—Tose un poco—…Ella estuvo ahí, y la necesitamos ahora, porque parece que esto tiene que ver con todo lo que sucedió en la sede. Dime loco pero esto es grande, Meg. Dime loco pero creo que esta vez puedo hacer algo mas que jugar al superhéroe.
—¿Puedes buscar el numero o lo hago yo?
Megan resopla de mala gana y toma su telefono.
Se sentía fuera del mundo. Privada de la realidad. Caminaba con dificultad. Mientras caminaba apenas pensó en Dakota Kirkson, aquella chica que había intentado rescatar fracasando. Los voceadores ya lo gritaban:
—Mas de 24 secuestros en el tiroteo contra Erick Woodgate— Subió los escalones de piedra y se recargó en la puerta intentando recobrar el aliento. Tomó su dedo índice y lo presionó hasta que crujió regresándolo a su lugar, lloró unos minutos y con la punta de su tacón comenzó a golpear mas la puerta se abrió al primer toque. Blythe Kingston miró al interior de su departamento con el miedo inundándole los ojos, se volvió a la chapa mas solo encontró un seguro derretido. Empalideció de solo pensarlo.
—¡PRUDENCE!—Gritó. Le dolieron las cuerdas bucales. Con las fuerzas que tuvo se introdujo al vestíbulo.
El mensaje era claro, pintado con sangre que seca brillaba bajo la mirada del sol. Escurría. Las letras trazadas toscamente.
Los labios de Blythe se secaron agrietándose.
Una mano yacía cercenada en el suelo. Reconoció en sus uñas el color preferido de Prudence. No paró de llorar. Tomó el teléfono con desesperación y marcó con la voz temblorosa mientras la sangre se expandía por el suelo como una rama que arañaba la vida:
—Sarah, Sarah tienes que ayudarme…
A su espalda las palabras eran claras:
“…WOODGATE ES ALGUIEN PARA CONFIAR…”