¿Por qué ha perdido el amor esa capacidad de ser vivido con “encanto”, en una entrega total de la razón y el ser? Podríamos conjeturar que la pérdida de tal capacidad para generar creencias románticas es resultado de la racionalización de dichas creencias en tres ámbitos: la ciencia, la tecnología y la política.
El desencanto constituye un proceso fundamental de la modernidad, de naturaleza cognitiva, cultural e institucional, a través del cual las creencias se ven organizadas en sistemas de conocimiento, las conductas se ven determinadas por normas sistemáticas y abstractas, y, como postula Weber, la fe se torna difícil de sostener. Según él, la fuerza cultural más importante que da forma a este desencanto es la racionalización de la actitud frente a la vida: que nos comportemos de una manera cada vez más “metódica”, sistemática e intelectual. El accionar racional está dominado por la conciencia, no por el azar, el hábito ni los impulsos, y la fuente cultural de esta regulación consciente puede ser la religión, la política, la ciencia o la economía. La actitud racional socava el encanto porque, para conocer y abordar un objeto, recurre a normas sistemáticas, independientes del objeto y el sujeto de ese conocimiento, lo que crea una separación entre ambos y a la vez deslegitima el conocimiento adquirido mediante la intuición, la epifanía u otros modos tradicionales. Esta actitud debilita los cimientos de todas las creencias, con la posible salvedad de la creencia en la propia razón. Asimismo, tiende a socavar la idea de trascendencia al definir las acciones como medios para llegar a un fin. Tal racionalización supone un debilitamiento de la creencia en el amor y su intensidad emocional. Se podría afirmar que, a partir de esta definición de lo racional, algunas fuerzas culturales enormemente poderosas, como la ciencia, el contractualismo político y las tecnologías de la elección, han reformulado el sentimiento y la experiencia del amor, además de contribuir con la racionalización de dicho sentimiento y, por lo tanto, con un cambio radical en la manera en que lo vive el sujeto.