Advertencia: mención de acoso y obsesión.
Aviso: Sé que no es San Valentín y que falta para este mismo, pero se me ocurrió esto, así que ahí tienen.
13, un día antes de San Valentín, donde las parejas se entregan regalos y pasean juntas, todos preparándose para mañana; algunos despejando sus agendas y otros verificando las reservas que hicieron para ese día.
Mientras que otros lo tomaban con más calma, no fijándose en el dónde, sino en el con quién.
Donde se celebraba el nuevo amor y el viejo amor.
Aunque esto pudiera ser demasiado empalagoso para algunos por tantas muestras de cariño, algunas más explícitas que otras, para los románticos empedernidos esto era el paraíso, y para los negocios era la época perfecta para aumentar sus ingresos.
Lo que nos lleva a ti. Con el día de San Valentín prácticamente a la vuelta de la esquina, el café estaba a reventar, lleno en su mayoría de parejas y amantes, cosa que, aunque fuera exhaustiva por tener que atender a tantas personas, aun cuando no estuvieras solo seguían siendo muchas. Las propinas que dejaban hacían que valiera completamente todo el esfuerzo.
Por suerte te habías librado de la avalancha de trabajo que te esperaba mañana al haberle pedido el día libre a tu jefe con meses de anticipación; ya tenía a alguien para que ocupara tu puesto ese día.
A medida que pasaba el día se te fue haciendo raro no ver a Pierrot ni a Harlequín por ningún lado, pero decidiste no darle importancia. Tal vez estarían tan sobrecargados de trabajo como tú o, quién sabe, tal vez incluso estarían pasando el día con alguien.
Ese pensamiento te sacó una sonrisa pícara, imaginándote a Pierrot y a Harlequín estando como idiotas enamorados de alguien. Cómo te gustaba el chisme y, para ser sincero, ver a Harlequín como un bobo detrás de alguien se te hacía muy divertido.
Después de una larga jornada de trabajo ya podías irte a tu casa. Hoy el café cerraría temprano después de haber recibido a tantos clientes, por lo que no tendrías que cerrar.
Sin nada más que hacer, ahí tomaste tus cosas y te fuiste. Mientras caminabas podías ver las calles y las tiendas todas decoradas para la ocasión.
Mientras caminabas de regreso a casa aprovechaste para comprar algunas cosas para mañana y, una vez con todo listo, lo guardaste en tu mochila.
En eso escuchaste el sonido de un cascabel, por lo que levantaste la vista. Frente a ti estaban Harlequín y Pierrot, ambos viéndose más felices que de costumbre.
-Ma'dam. -saluda Harlequín con un gesto dramático.
-Hola, Arle. -saludas cuando notas una sombra arriba de ti, por lo que levantas la vista.- ¿Qué tal, grandote? -dices ahora viendo a Pierrot, quien tiene un leve rubor al tener tu atención en él.
-Vaya, ¿y todo eso, mi señora? -dice, refiriéndose a tu mochila abultada.
-¡Oh! Solo son unos regalos y algunas cosas que compré. Y hablando de eso, tengo algo para ustedes. ¡Esperen!
Una mirada sombría se posó en el rostro de Pierrot al oír que habías recibido regalos, pero rápidamente cambió por una alegre al oír que tenías algo para él, sintiendo su corazón retumbar con fuerza en su pecho.
Con cuidado fuiste sacando cosas de tu mochila, queriendo encontrar lo que tenías para los dos artistas.
-Veamos... esto no... tampoco... no, no, no... -murmurabas mientras sacabas diferentes cajas de chocolate de tu mochila, incluso algunas con forma de corazón.
Pierrot y Harlequín solo podían observar en silencio, sintiendo el segundo algo de molestia ante tantos regalos que recibiste, mientras que Pierrot prácticamente hervía de ira pensando que intentaban separarte de su lado.
-¿Dónde dejé...? ¡Ajá!... ¡Aquí! ¡Tomen! -logras encontrar lo que buscabas cuando notas que tu termo está mal cerrado, sacándote un chillido, por lo que rápidamente les entregas a los artistas sus regalos, tirándolos en sus manos mientras te apresuras por cerrar el termo y verificar que no haya manchado nada ni roto nada.
Ambos atrapan rápidamente lo que les diste, casi como un reflejo. En las manos de Pierrot había un pequeño paquete con gomitas de naranja y, para Harlequín, una cajita de dulces ácidos. Ambos no pueden evitar sentirse algo decepcionados, esperando algo más acorde a las fechas.
Arlequín rápidamente se aclara la garganta, sacando su boleto verde. Pierrot, al ver esto, intenta quitárselo, pero el gremlin verde es más rápido, alejándose de Pierrot y poniendo el boleto frente a tu cara.
-Mi dulce dama, espero que mañana pueda ir a ver mi espectáculo con mi entrada. -dice haciendo un gesto dramático.
-¿Eh? Lo siento, Arle, pero no, gracias. -dices apartando el boleto con una mano suavemente.
Pierrot, ante eso, sonríe feliz y saca su boleto para dártelo, solo para que lo rechaces cuando te lo ofrece.
-Perdón, grandote, pero eso también es para ti. -dices con lástima al ver su expresión de tristeza.- Perdón, pero ya tengo planes y no puedo posponerlos.
-¿Planes? ¿Acaso tendrá una cita, ma'dam? -pregunta con burla y un poco de intriga.
Ante eso inflas el pecho con orgullo.
-Sí, de hecho sí tengo una cita con una belleza.
Ante tus palabras, Pierrot se quedó de piedra, sintiendo cómo los celos, la ira y la preocupación empezaban a emerger en su interior. Solo quería despedazar a cualquiera que fuera con quien ibas a salir, mientras se preguntaba cuándo había pasado, cuándo se le escapó ese detalle.
Harlequín también se quedó perplejo e igualmente empezó a sentir cómo los celos comenzaban a burbujear en su interior, también queriendo saber más del tema y con quién ibas a salir.
Pero antes de que alguno pudiera hacer algo, tú ya habías acomodado tus cosas en la mochila, por lo que, una vez verificaste que no te estuvieras dejando nada, te acomodaste la mochila en los hombros y te despediste de ambos artistas, dejándolos atrás.
El 14 de febrero finalmente había llegado y, con eso, el día de San Valentín.
Con buen humor saliste de tu departamento rumbo a la tienda para completar lo que te faltaba y, después de unas horas, finalmente tenías todo lo que necesitabas. Volviste a tu departamento, donde sacaste todos los chocolates del refrigerador, tanto los que recibiste como los que compraste ayer. Habías visto una receta de chocolate que en serio querías probar y ahora ibas a intentarlo. Era una pena que no hubieras encontrado piezas más completas, como esas que usan las reposterías, pero ya no importaba.
Después de unas largas horas finalmente habías terminado, por lo que dejaste el postre en el refrigerador y abriste tu otra bolsa de compras rumbo al baño. De ahí sacaste velas aromáticas y unas mascarillas, entre otras cosas para el cuidado de la piel. Tanta belleza se debía tratar con cuidado después de todo.
Una vez la tina tuvo la temperatura perfecta, te quitaste la ropa para entrar, no sin antes encender las velas y acomodar algunas cosas para no tener que levantarte. Te pusiste la mascarilla y colocaste tu canción favorita sonando en tu celular.
Así estuviste hasta que consideraste que era suficiente, por lo que saliste en toalla hacia tu habitación, donde te pusiste una sexy lencería y, encima, tu pijama. De tu armario sacaste una manta de peluche.
Con eso fuiste a la cocina para sacar el postre y finalmente anidarte en el sofá, viendo tus películas favoritas, como otras que te habían llamado la atención, o escuchando buenas reseñas.
Sin duda, el día perfecto.
Claro, todo esto sin saber que habías tenido un espectador la mayor parte del día.
Pierrot te había visto cuando saliste a comprar, pensando que te estabas preparando para cuando te vieras con alguien más, pero no pudo quedarse hasta el final porque aún tenía un espectáculo que dar, por lo que con pesar tuvo que irse.
Una vez terminó su acto, fue inmediatamente a buscarte. Cuando vio que estabas tomando un baño, se relajó y a la vez se tensó, pensando que te estabas arreglando para verte con alguien más.
Cuando vio la lencería que te pusiste, pudo sentir su lujuria y su ira crecer al pensar en los ojos no dignos que te verían esa noche.
Pero cuando te colocaste tu pijama y te acomodaste en el sofá, pensó entonces que no sería una velada romántica, sino algo más íntimo. Pero, al ver que el tiempo pasaba y nadie llegaba, el desconcierto empezó a llenar su mente.
No parecía que te hubieran dejado plantado. ¿Sería posible que le hubieras mentido respecto a tu cita? ¿Pero por qué? Esas y más dudas llenaban la cabeza de Pierrot, mientras el alivio se instalaba en su pecho al ver que no estarías con alguien más.
En eso recordó tus palabras con cuidado.
"¿Una cita con una belleza?"
¿Sería que era una cita contigo?
Entonces todo empezó a cobrar sentido. No le habías mentido, solo malinterpretó tus palabras. Con eso, Pierrot, más tranquilo, se pasó el resto de la noche escondiéndose en las sombras mientras te observaba disfrutar tu película y tu postre.
Este no era el San Valentín que él hubiera esperado, pero no se quejaba. Mientras estuviera contigo, él sería feliz.
Bueno, eso sería todo por hoy. Espero que tengan un lindo día, tarde o noche.