“La base de cualquier relación laboral debería ser un pacto de confianza”
“Tu responsabilidad laboral también forma parte de tu responsabilidad como persona, y eso forma parte de tu educación. La cultura del esfuerzo, del respeto, de trabajo, de la tolerancia….son valores que a mí me han inculcado mis padres y que nosotros en nuestra casa trabajamos día a día para inculcar a nuestros hijos. El trabajo hay que disfrutarlo.”
Amparo es un torbellino. Es energía, fuerza, perseverancia, valentía y un poco de locura. Probablemente también esa cordura incompleta sea necesaria y muy útil para, a sus menos de 40, llevar adelante una casa con tres niños de entre 3 y 8 años y trabajar incansable. A veces a base de madrugones intempestivos y a veces con jornadas maratonianas que, en el caso de los periodistas, nunca acaban cuando salen por la puerta de la redacción.
Y con conocimiento de causa, y de sufrimiento, habla esta valenciana de conciliación laboral y familiar. No es solo una cuestión de concienciación empresarial, el inicio del cambio está en la base. “Es necesario avanzar en otros aspectos como la educación, los valores para lograr esa confianza entre la empresa y el trabajador para alcanzar el ítem de la responsabilidad por ambas partes de forma que fluya de manera natural la conciliación de la vida familiar y laboral.” La responsabilidad por ambas partes. Empresa y empleado. Recalca mucho esta dualidad en sus respuestas.
Ella se levanta bien temprano todos los días para acudir a su puesto de trabajo como periodista en el departamento de Comunicación de un Hospital. Como muchos, ha tenido que reenfocar, y se ha formado para ello y ha atendido gritos, lloros y logros de sus niños mientras hacía mil llamadas y enviaba curriculums. Pero no la escucharás quejarse. “Me gusta trabajar. Necesito salir de casa, ampliar mis conocimientos, enfrentarme a nuevos retos diariamente, conocer gente nueva. Necesito el trabajo para vivir pero no concibo una vida sin trabajar”
Da vértigo pensar en su día a día. En sus carreras, y las de su marido, para atender todo lo que conlleva una familia numerosa. Y probablemente lo que más duela al escucharla es que esa pasión por su trabajo no se vea recompensada con unos ritmos de trabajo más flexibles, con medidas laborales que le proporcionen la “libertad” para asistir al festival escolar de sus hijos. Lo que duele en su discurso es el “pero”. “Siempre he dicho que aunque me tocara la lotería, seguiría trabajando porque me encanta mi trabajo. Me quitaría la presión y lo disfrutaría. ‘Pero’, buscaría un trabajo con un horario que me permitiera una mejor conciliación de la vida familiar y laboral.” ¿Por qué no puede encontrar fácilmente ese trabajo sin tener que ligarlo a una comodidad económica externa? La respuesta la da ella misma: “Creo que en España aún nos queda mucho camino por recorrer y tardaremos en llegar a ver este tipo de empresas no como una excepción sino como lo común”. Pero confía “Si nos lo proponemos, lo conseguiremos. Simplemente se trata de avanzar cada día un poco más”