Confesión
Antes de la extinción de mi ser (el fin de mi existencia planificado), secreto muy guardado para que se supiera cuando ya hubiera pasado, escribí las cartas: mensajes que parecían superfluos y devaneos, pero que en lo profundo escondían un acertijo, el de volver a nacer en la oscuridad, esa que me consume poco a poco y me debora.
Dichas cartas contenían la escritura más profunda de mi ser, seleccionada para cada quién que le correspondía. Me tomé el tiempo de escribirlas y entregarlas con un regalo personalizado para cada persona en especial. Simples, no muy largas, pero poderosas.
Habiendo experimentado la secreta extinción, volví a la luz, luego de una profunda oscuridad, una suerte de nacer para ver la luz, tenue, de mi dormitorio en la mañana, o la tarde, no lo tengo claro. Todo parece borroso y una bruma inunda mi mente. Sin embargo, como siempre, lo primero que hago es tomar el celular. Aparentemente había enviado un mensaje a una persona con la que poco contacto tengo, un audio indescifrable. Lo escuché y lo envié al resto de mis amistades como un devaneo de la realidad, como algo superfluo, gracioso y sin importancia. Las reacciones fueron varias pero solo una amiga llamó preocupada para saber si estaba bien.
Únicamente le confesé la realidad a una compañera de trabajo, se ocupó de que estuviera bien, el resto lo guardo para mí. Sin devaneos, sin mentiras, me dormí esperando no despertar y sin embargo ahí estaba, la noche había pasado y la vida me había regalado otra oportunidad.
“Si seguís acá es porque tenés que continuar” me comentó una gran amiga.
Por ahora no tengo intención de buscar nuevamente la extinción de mi ser. Ahora tengo un pequeño sueño, que puede parecer un nuevo reverdecer. Con la esperanza de que al momento en que la vida decida que llega el momento de mi extinción, lo tenga todo hecho y haya amado sin medida pero con cordura. Quizás es muy codiciosa mi intención, pero la adrenalina de saber que sigo existiendo a pesar de haber tocado lo más profundo de la oscuridad me impulsa a seguir adelante. Ya tengo un norte, solo tengo que moderar la energía.
















