"EL CUENTISTA. En un reportaje que le hiciera por una emisora rosarina, Ayala Gauna me explicaba cómo llegó al cuento: “En forma casi diríamos casual —afirmó—; cierta vez que me hallaba en la ciudad de Santa Fe, comentaba con un amigo un cuento aparecido en el suplemento literario de un diario, donde el protagonista, perdido en la selva y agobiado por la sed, distingue una planta de caraguatá, va hacia ella y, según el autor, «cortó la flor, la estrujó y bebió el líquido que caía», lo que es un soberbio absurdo, puesto que el vegetal aludido conserva el agua al unirse al tallo. Yo expresé mi descontento y el amigo, en tono burlón, me respondió: «¿Y si sabés esas cosas tan bien, ¿por qué no las escribís?» Era como un desafío a mi habilidad y le respondí escribiendo un cuento sobre gente del litoral. Lo envié a una revista porteña y tuve la suerte de que no solamente lo publicaran, sino que me pagaran por el mismo. Entonces seguí enviando, y sin casi quererlo, me vi convertido en cuentista...”"














