La hicieron tan bien que nos convencieron de que las mismas cadenas que nos esclavizan son las que nos mantienen vivos, amarrados al único barco que está a flote en este mar embravecido.
Rara vez es cierto, y con esa rareza nos atrapan. Pero hoy no. Esta noche festejo que otra vez rompí un eslabón. Creemos que cuesta mucho liberarse porque imaginamos que hay que destrozar toda la cadena, pero alcanza con un eslabón roto para ser libres.
Mi amor platónico es no trabajar. Es una relación hermosa pero ambos sabemos que no podemos estar juntos para siempre, al menos por ahora. Así que cuando estamos juntos nos disfrutamos con énfasis, y esta noche es uno de esos énfasis.
Cada centímetro que piso de esta sombra me lleva a ella. Nos juntamos, cenamos el eslabón roto bien cocido con el fuego de rabia que fue creciendo cada vez que tuve que despertar antes del mediodía. Cada vez que envejecí viendo el amanecer cara a cara. Cada vez que tuve que decir “sí señor” por un sueldo que no alcanzaba para nada.
Cuando trabajo no tengo plata y encima trabajo. Ahora me gasté mis últimos billetes que me llevaban de viaje por el capitalismo en un Jack Daniel’s doble sin hielo, ya no tengo plata, pero al menos tampoco tengo que trabajar.