Dame largos besos, mi partida se acerca y mi viaje es muy largo, toda una vida creo.
No me dejes ir.
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Dame largos besos, mi partida se acerca y mi viaje es muy largo, toda una vida creo.
No me dejes ir.

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La máquina se rompió, un tornillo se zafó. Le debo todo a ese tornillo, porque soy la única ejemplar fuera de estado, ese muñeco que tirarían porque la máquina le puso la pierna donde iba el brazo. Sin embargo, en vez de descartarme, no se dieron cuenta de mi "malformacion", y me dejaron ir. Los demas son hormigas, negras y grises, a punto de coccion. Solo sirven para seguir reglas y cargar pesos en sus bolsillos. No se si soy hormiga, unicornio, oso o humano. Pero soy diferente. No por fuera, el espejo muestra lo mismo, pero adentro, se siente diferente. Veo colores en los grises, blancos y negros. Veo lineas y formas, veo opiniones y aceptaciones. Veo muerte, y siento vida. Escucho musica en una moneda caída, donde los demas encuentran desesperacion y codicia. Veo humanidad en sus ojos, queriendo salir. Veo el esfuerzo por uno al querer ser solidario. Veo que son solo un prototipo de lo que deben ser. Y siento que no deberia ser así. Lo sé. Siento una piel verdadera debajo de sus brazos de madera. Una piel que se eriza, que se calienta, un cuerpo donde circula sangre. Veo todo esto, y sin embargo, todo sigue como siempre. Las hormigas nunca se quejan, y el tiempo sigue. Hasta si lees las normas parecen lógicas. "Si tenes más, vivis mejor". Más dinero, nunca más amor. Nunca más caricias, besos. Miradas. Nunca más nervios, o alegrías verdaderas. No existe el compañerismo, la familia o amistad. La comprension, el ponerse en el lugar del otro. Nunca más humanidad real.
Las luces se apagaron y tras unos minutos de silencio el caos comenzó... “Rebeldes” escuchó a lo lejos, gritos,cuerpos chocando entre sí, pasos agitados y el grito casi sordo de algo explotando. “Maldita sea, maldita sea!” - se repetía mentalmente, pues su vestido se había enganchado con algo mientras se dirigía a la salida; intentó jalarlo, pero parecía que estaba más atorado de lo que suponía. Se hincó en el suelo tratando de que sus ojos se adaptaran a la reciente oscuridad. - ¡Vamos, azafate!- gritaba mientras intentaba liberar el vestido de más cerca. De pronto algo le golpeó el pómulo, el ardor y entumecimiento del área no se hicieron esperar - ¡Agh!- lanzó un grito ahogado mientras movía la cabeza de un lado a otro para que el estupor del golpe no la mareara aún más. En realidad Fayna nunca había huido de alguna pelea, motivo por el cual tenía múltiples marcas en sus piernas pero ninguna había atentado contra la vida misma de alguien. Apretó su puño en el suelo, dudando brevemente si regresar el golpe, pero ¿Quien le aseguraba que el atacante aún seguía ahí? o ¿que no se toparía con algún desprevenido asistente?- “¡Contrólate, contrólate!”- se ordenaba. Era momento de dejar el “heroísmo y el orgullo” a un lado y si existía una pequeña probabilidad de salir sin mayores percances o afectaciones más graves que el verdugón en su mejilla, era ahora. Tomó un poco de aire y comenzó a gritar frenéticamente, esperando a que ninguno de los rebeldes estuviera cerca - ¡Ayuda!, ¡Mi vestido se enganchó!, ¡Ayúdenme!- gritó casi desgarrando su garganta, sin parar de halar la tela del vestido.