¿Aquello en verdad le estaba pasando? Ezio Liberatore, tan educado y calmado como era, olvidó sus bromas y su ácida sonrisa, siendo reemplazadas de inmediato por un ceño fruncido y una pesada cara de confusión ¿en verdad tendría que lidiar con aquello en ese momento?—Poco me interesan tus puros y castos ojos, una estupidez en realidad—Suspiró, juntando en su interior cada pedazo de paciencia que podía, convenciéndose que que aquella no era la peor situación en la que se podría encontrar.— Per l'amor di Dio—Murmuró, antes de soltar un suspiro y salir del baño. De brazos cruzados la miró, con una de sus cejas alzadas, esperando que se moviera.—Señorita, si no deja mi cama en éste momento, tendré que llamar a un oficial y no creo que sea de lo más agradable para usted.—
-Ho no, mis ojos no son castos ni puros, señor hay tanta mierda en el mundo exterior que se sorprendería que aún se pueda sobrellevar la niñez- se encogió de hombros . - Agh!!- bufó hundiendo su cara aún más en la almohada, solo tomando un momento para suspirar y retomar voluntad para sentarse nuevamente en la cama, mirando mejor a su alrrededor... aquel no era su cuarto y en realidad se sentía sumamente apenada, cosa que mostraba en sus mejillas color carmesí - Perdona, pero ¿Sabes lo que es una asquerosa resaca?- le miró con ojos suplicantes, implicando un “por favor no hagas que me mueva” - Hoy es uno de esos días en los que todo sale mal- hundió la cara en sus manos- Disculpa... me iré si, solo que en este momento no me siento bien- y era real pues comenzaba a marearse debido a la fuerte impresión y lo poco que había podido desayunar-















