+1 a la épica odisea del chocobollo. Espero impaciente la segunda parte de la saga.
(…) A la mujer, el platazo de ostras le sorprendió pero cuando cogió la primera ostra y la abrió… ¿Sabéis que encontró dentro?
¡¡EL CHOCOBOLLO!! :D
Y, como es normal, la pobre se sintió confusa… tan confusa que se hirió a sí misma. Un golpe crítico y K.O. de un golpe.
El novio, asustado, tuvo que llevar deprisa y corriendo a la sala de urgencias de un hospital a la que quería que fuese su prometida. Pero, eso sí, se llevó el chocobollo consigo por si le daba algo de hambre.
La espera en la sala de espera (que se llaman “salas de espera” porque es donde se espera, en general. Lo digo porque, aunque no lo parezca, el nombre de la sala no es fruto ni del azahar, ni del azar) fue eterna.
Al cabo de diecisiete días y quinientas noches, el cirujano llamó por megafonía al muchacho y le dió la noticia:
- Hemos hecho lo que hemos podido, pero debido a los recortes de presupuesto, no contamos con las suficientes SúperPociones. Lo siento, la hemos perdido…
El “noviudo” -que viene de “novio + viudo”, no de “novio + suertudo”- cayó, justo en ese momento, en una depresión de caballo pero, justo en el momento de después de el otro momento, el “noviudo” recordó que el chocolate, por las cosas que lleva por dentro, te levanta la moral. Además tenía un poco de hambre, por lo que decidió comerse el Chocobollo.
El proceso de digestión siguió su curso por ese parque acuático de carne al que llamamos “Sistema Digestivo” y, cuando llegó el final del tobogán, quedaba la piscina final. O sea, el váter.
Y allí estaba el muchacho, con tño el apretón, pantalones por los tobillos y apretando como si se fuese a convertir en Supersayano cuando soltó todo lo que tenía que soltar.
Cuando se levantó a mirar su obra, como el que mira un pañuelo después de sonarse… ¿Sabéis qué encontró?
¡¡LA BICICLETA DEL NIÑO DEL CHOCOBOLLO, CON SU TIMBRE, SUS FLECOS EN EL MANILLAR Y SU CESTA!! :D










