Al principio pensamos que era un mosquito, una picadura levemente infectada, una herida que no lograba curarse ni cerrarse, pero con los días comenzó a sentir que algo se movía dentro. No necesitábamos ir al médico porque los lugareños nos habían explicado sin dar muchos detalles. Lo picó "la mosca de Rocha", dijo la almacenera y atendió a otra pareja. Critters. ¡Esos dípteros de mierda! Tenía que poner tocino sobre la herida y sujetarlo con una cinta aisladora unos días, casi una semana, porque cuando uno tapa el agujero, el bicho atraviesa el tocino para salir a respirar, quedando incluido dentro de la grasa sabrosa. Así es mas facil sacar la larva. El bichito quiere salir, escapar, no pierde el tiempo comiendo el manjar condimentado, quiere respirar, respirar mucho y vivir para volverse mariposa, volar libremente y depositar sus larvas inmundas en todos los mamíferos de la Tierra. Era solo cuestión de esperar a que estuviera completamente dentro del tocino, porque si se lo tironea desde la herida, saca unas púas y se aferra más a la piel. Es muy doloroso y se puede romper. Quedás con media larva adentro. Él no se aguantaba, quería sacársela a toda costa. Un asco. Se convirtió en un huésped trampa, porque las moscas estúpidas no saben que en los hombres no pueden completar el ciclo y mueren. Piensan que uno es ganado. Él tampoco lo sabía; pensaba que la larva iba a estar allí para siempre y que iban a venir unos estudiantes a hacer un documental sobre el hombre que vivía con una larva dentro de su cuerpo.
"Ese verano nos enfrentamos a una metáfora, una moraleja muy obvia para nuestra relación. Estábamos acostumbrados a retóricas mas complejas, asociaciones libres, actos fallidos y detalles más lacanianos"













