Periplo sobre la sabiduría
Reciente charla sobre el conocer y el saber nos llevó al siguiente periplo.
¿Qué es socialmente más reconocido, el conocer o el saber? Por supuesto, el saber.
Hay personas que saben sin conocer. Continuábamos saltándonos la pregunta: ¿se puede saber sin conocer? (Conclusión en el último punto).
Luego traíamos el ejemplo de los albañiles que saben hacer muchas cosas ignorando el conocimiento formal sobre ellas.
Poníamos en oposición diametral el caso de los arquitectos que conocen bien todos los motivos y razones de la construcción. El polo opuesto al saber, pues.
Dicha oposición era tajantemente establecida por nosotros (claro, la sabemos un tanto injusta, pero necesaria para nuestra explicación), el arquitecto conoce cosas que el albañil ignora, mientras que el primero desconoce cosas que el segundo sabe.
Hasta aquí nos atrevíamos a trazar un límite entre ambos, pero también aceptábamos que hay construcciones que no le confiaríamos a un albañil (puentes, poníamos por caso).
Aún así, también puntualizamos la dependencia de uno y otro para desarrollar sus actividades en la construcción.
Ahora reconozco otro punto más que no apareció en nuestra charla: el albañil puede edificar casas sin el arquitecto, mientras que éste sólo puede proyectar en papel estas casas en la soledad de su restirador.
Aquí pareciera que la sabiduría (ahora sí, usemos esa palabra) cobrara y reclamara su importancia: el que sabe puede hacer, el que conoce se queda a medio camino.
Ahora pareciera que darle la espalda al conocimiento nos dará por default el acceso a la sabiduría, concluyen algunos. Caso pragmático el de la fotografía (y más hoy con las cámaras de los celulares): “no necesito conocer sobre fotografía, con sólo enfocar y encuadrar será suficiente, ya que mi cámara lo hace todo”.
Error, todo este análisis debería llevarnos a concluir que, entre más conozcamos sobre el tema, mejor sabremos sobre él.
El que conoce no necesariamente sabe, pero no hay sabiduría sin conocimiento.