Un poco de vieja literatura
Debo reconocer que he dado muchas vueltas para escribir estas letras y ruego, sepa disculparme. Pero como usted muy bien sabe, mi querido amigo, las palabras fluyen como violentas vertientes y no he encontrado mejor manera de compensar mi indiscreción, con un poco de vieja literatura.
Aquí la mañana se proyecta tranquila y nublada. El perro de la familia portuguesa que vive al lado de mi departamento, ladra lastimosamente a los primeros voleteos de gaviotas que encienden la mañana en cracks. Caen chispas de agua. Hay olor a tabaco y a café.
Creo comprender que su invitación a las líneas, más que una estructura delimitada, es una puerta a lance donde despuntará inevitablemente el cuento como un canto de sirenas seductor. Mas si es cierta mi suposición, me faltará aún plantear mi inconveniente con el propósito de que usted, mi querido amigo, me ayude a aplacar la imagen que ronda por mi cabeza y que no me está permitiendo dormir por las noches.
Una serie de carteles (estoy segura que están hechos en tipografía), aparecieron, últimamente. En ellos decía algo así: Se critica en privado y se felicita en público.
Estoy segura que los ha visto y le pido como poeta y amiga, que me lo confirme cuanto antes. Si es esto correcto, le aseguro que ayudará a tranquilizar mi perturbada alma. De esta duda que me asoma como flashes de que he sido yo quién los ha puesto, usted ahora es mentor. De esta posibilidad de que exista un otro-yo, totalmente autónoma y contraria actuando de criminal, ¿usted es árbitro o cómplice?
Infrarrealista y maliciosa,
Señorita Marof. @vanessamartazaccaria