El Huaso, parte 20: Cumpleaños Feliz
—Ya, vamos —me dijo el Bryan, acercándose a mí y me tomó del hombro para llevarme a conversar un poco más alejados de la entrada. Nos sentamos en los escalones que bajaban hacia la playa—. Cuéntame, ¿qué pasó?
—El Huaso po, que se enoja por puras weás —le dije, más fuerte de lo que debería.
—¿Tengo que ir a sacarle la chucha? —me preguntó, en tono de broma.
—No —respondí después de un par de segundos—. Es una tontera en verdad —no estaba seguro si contarle sobre las ideas del Huaso—, pero me da rabia que sea tan…
No terminé la frase porque tampoco quería decir cosas malas sobre mi pololo.
—Es por mi culpa. ¿verdad? —me preguntó el Bryan después de un rato de silencio.
Lo miré y estaba un poco cabizbajo.
—Sí. Supongo que te has dado cuenta que como que te odia un poco —le respondí.
—He tenido una leve impresión —dijo con ironía.
—Bueno, lo que pasó es que se enojó por el baile de Shakira… en realidad estaba enojado primero por haber perdido el mister piernas, y después tu baile fue la gota que rebalsó el vaso —le expliqué.
—Ya, pero si somos amigos —se defendió—. No es como que yo te vaya a alejar de él.
Guardé silencio después de su última frase.
—Lo que pasa es que se pone celoso de ti —le dije finalmente—. Piensa que quizás podría pasar algo entre nosotros. Entre tú y yo.
Se sorprendió por lo que le dije.
—Pero si somos amigos —dijo con un poco de pena—. Eres como mi hermanito.
—Si lo mismo le dije yo, pero no entiende. Se enojó caleta.
—¿Te hizo algo? ¿te gritó? ¿te pegó? —me preguntó preocupado.
—No, nada de eso —lo tranquilicé—. Simplemente se enojó y me ignoró, como si no existiera.
—Siento que quiero llorar, pero no sé si es por la pena o por la rabia. O ambas.
El Bryan me acercó a él pasando su brazo por mi hombro para consolarme.
—Si querí llorar, llora. Te ofrezco mi hombro.
—No soy muy bueno para llorar en público —me excusé. En verdad me daba vergüenza llorar.
—Bueno, entonces te ofrezco mi cuerpo para que te desahogues —se puso frente a mi, confundiéndome con lo que decía. me pasé mil rollos en un segundo, pero después aclaró a qué se refería—. Desquítate golpeándome —sacó pecho, para usarlo como pushing bag.
—¡No! No te voy a golpear —le dije.
—Si se oh —se volvió a sentar a mi lado—. Estoy seguro que eres incapaz de hacerle daño a alguien. Por eso siento que no mereces que te trate así el Pato. Me da pena que no se dé cuenta de eso.
—O quizás se da cuenta y por eso es tan weon. Como que le da miedo perderme —traté de pensar.
—No lo justifiques. Debería aprovechar cada tiempo que tiene contigo en vez de celarte y enojarse por weas.
—Si sé. Si por eso me molesta tanto que sea así.
—Yo por mi parte voy a tratar de no afectar en tu relación con él, ¿bueno? —me dijo mirándome a los ojos—, pero acuérdate de lo que te dije la otra vez. Si te trata mal me avisas.
—Bueno —le dije sonriendo—. No más bailes sensuales entonces —puse cara de pena.
—Tienes al Pato para que te los haga —me respondió riéndose—. Cuando estés soltero podría evaluarlo. Para entonces capaz yo esté pololeando con la Cata y te invitamos a un trio.
—Si te avispai sipo. Se nota que igual le gustai a la Cata y tu no haces nada —le dije, cambiando de tema.
Nos quedamos un rato más conversando hasta que le dije que me tenía que ir.
—Prefiero irme antes de que termine el carrete para no cruzarme con el Huaso.
—Bueno, te voy a dejar al paradero —se ofreció.
Subimos a la calle y apenas llegamos a la vereda vimos que venía un colectivo. Lo hice parar y me despedí del Bryan, y él me dijo que le avisara cuando llegara a mi casa.
Al llegar a mi casa le avisé al Bryan y me acosté. En el WhatsApp abrí el chat con el Huaso tentado de escribirle algo, no sabía qué, pero me contuve y apagué el celu, me acosté de lado y dejé que las lágrimas cayeran por mi cara hasta quedarme dormido.
El día sabado me quedé en mi casa, no salí a ningún lado así que me dediqué a estudiar y a hablar con el Bryan y otros amigos. Y cada tanto volvía a abrir el chat del Huaso para ver si estaba en línea o si aparecía “escribiendo…”, pero nada de eso apareció.
El Bryan me invitó el domingo a su casa a jugar play, y yo para despejarme un poco, acepté. Al llegar pude conocer a su hermano menor, del que tanto me había hablado, ya que las veces anteriores que había ido a su casa, estaba en clases. El hermano se llamaba Pedro, y al igual que el Bryan, era muy bonito de cara y delgado, piel blanca y pelo castaño corto; se llevaban por un año de diferencia y apenas lo vi el radar se activó.
Tenía una personalidad muy extrovertida y alegre, que daban ganas de ser su amigo para reír todo el día. Estuvo un rato jugando con nosotros al play hasta que llegó a buscarlo su pololo.
—Es muy simpático tu hermano —le comenté una vez estuvimos solos.
—Es el mejor mi hermanito. A pesar de ser menor que yo, me ha enseñado muchas cosas —dijo con orgullo en su voz—. Gracias a él soy como soy, sin prejuicios ni estereotipos.
—La raja. Ojala yo pueda algún día llegar a ser tan feliz como él —de verdad lo deseaba.
—¿Oye y que vas a hacer pa tu cumple? —me preguntó, cambiando de tema.
—No se, nada yo cacho. Soy re malo pa celebrar mi cumple. Y tampoco digamos que estoy muy de humor.
—Ya, pero demás que pal finde se te pasa.
—No sé. El miércoles mis papás me van a despertar temprano para darme algún regalo y tomar desayuno con torta, como siempre.
—Ah… Bueno si para el finde no tienes con quien salir —haciendo referencia a si seguía sin hablar con el Huaso—, salgamos a celebrar tu cumple.
—Bueno —acordé sonriendole—. Ahí nos ponemos de acuerdo.
Al día siguiente no fui a clases (solo tenía clases teóricas), y fui a cubrir un turno en la pega.
“Donde estas?” me preguntó el Huaso por WhatsApp al ver que no estaba en clases. me alegró ver que se dio cuenta que no estaba, pero igualmente no le respondí.
—¿Y su amigo? —me preguntó mi jefe al verme llegar solo.
—Está en clases. Como me avisó a ultima hora de que viniera hoy, tuve que faltar a clases —inventé.
—¡Que pena! Justo cuando quería hablar con él —dijo moviendo exageradamente las manos, como siempre.
—¿Sobre qué? —le pregunté sorprendido.
—Bueno, es que quería ofrecerle si quería sacarse unas fotos para publicitar la ropa en el Facebook de la tienda —me explicó—. Como tiene muy buen físico, y tu claramente eres muy amigo de él, pensé que podría aceptar.
—Cuando lo veas le dices que le quería ofrecer eso.
—Ya po, yo le digo —le dije a mi jefe, aunque no estaba seguro si decírselo o no.
—El pago lo podemos conversar.
Quedó el tema hasta ahí, durante la pega, y cuando me estaba yendo mi jefe me dice “no se te olvide decirle a tu amigo”. Yo asentí y me fui. Cuando me subí a la micro me habló la Claudia por WhatsApp: “Hola Larry, ¿Cómo estay?”. Me pareció raro que me hablara, porque nunca conversamos por whatsapp, pero igual le respondí.
—Bien, bien —respondió ella—. Oye ¿qué te pasó? ¿por qué no fuiste a clases hoy?
—No me sentía muy bien —era medio verdad en todo caso.
—Ojalá te mejores. Te hablaba para que vinieras a mi casa. Nos juntamos acá con los niños. Está el Victor, el Marcelo y el Huaso —estaba seguro que el Huaso le había dicho que me escribiera.
—Gracias, pero no podré ir. Nos vemos mañana en la U!
Me despedí rápidamente de ella sin extender la conversación innecesariamente. Me daba mala espina que el Huaso estuviera con otros compañeros seguramente tomando, y que uno de esos compañeros haya sido el Marcelo, el ser mas desagradable del mundo.
Al día siguiente teníamos laboratorio, pero yo hablé con el profe para poder ir al grupo de la mañana, para así no toparme con el Huaso en el grupo de la tarde, donde estábamos juntos.
—¿Qué haces acá? —me preguntó el Victor al verme llegar.
—Es que me cambié al grupo de la mañana porque a la tarde tengo que ir al doctor —inventé.
—Aahh… has estado actuando medio raro —me dijo mirándome con sospecha—, como si estuvieras evitando algo…
Me sorprendió lo que me dijo porque el Victor siempre había sido medio volado, y como que no ponía mucha atención a las cosas.
—Na que ver —le dije riéndome, para bajarle el perfil—. Ayer tuve que ir a la pega y hoy tengo doctor. Solo eso —le expliqué.
Medio asustado por la suspicacia del Victor, igual me quedé trabajando en su mesón.
—Oye que lástima que no hayas podido ir ayer donde la Claudia —me dijo mientras trabajábamos—, creo que lo habrías disfrutado.
Me pareció raro su comentario, pero lo dejé pasar. Al terminar el laboratorio me fui para mi casa a descansar, y en la tarde el Huaso me llamaba, pero yo no le contestaba. Estaba siendo demasiado inmaduro, porque por una parte quería que se disculpara y que todo fuera como antes, pero tampoco le daba la oportunidad de disculparse. Errores que comete uno cuando es pendejo y está enamorado: toma decisiones ilógicas.
Al día siguiente mis padres me despertaron temprano, como a las 9 para cantarme el cumpleaños feliz. Entraron a mi pieza con la torta y dos velas, con los números 2 y 1. Me dieron un regalo, y me hicieron bajar a tomar desayuno con ellos. Cuando terminamos de desayunar, golpearon la reja y mi papá salió a ver quién era. Al volver a entrar mi papá, se me detuvo el corazón cuando ví que venía entrando junto al Huaso.
—Hijo, tu amigo Pato te vino a ver —anunció mi papá apenas entró.
—Gracias tío —dijo él—, hola tía —saludó a mi mamá, que aún estaba sentada en el comedor—. Hola Larry —me saludó finalmente, con la voz temblorosa—. Feliz cumpleaños —sonrió con timidez, como esperando lo peor.
—Hola, Pato —respondí nervioso—, gracias…
—Hijo, nosotros nos vamos —me dijo mi papá—, volveremos en un rato.
—Ofrécele torta al Pato po —me dijo mi mamá, acercándose a despedirse de mi—. No desordenen mucho.
Se fueron, y apenas sonó la reja al cerrarse, el Huaso se me tiró encima y me abrazó.
—Perdóname por favor —me dijo con la voz entrecortada—. Te juro que nunca más te voy a volver a gritar. Ni me voy a enojar contigo.
Lo callé con un beso, dándole a entender que lo perdonaba.
—Está bien —le dije al fin, después del beso que estuve esperando por días—. Nunca mas.
—Te traje un regalo —me dijo, sacando una cajita de su bolsillo. Me la entregó y al abrirla había un par de llaveros que formaban un corazón con la frase “Te amo por siempre” — una mitad es para ti y la otra para mi. Feliz cumpleaños, amor.
Nos besamos y nos dirigimos a mi pieza, mientras en el camino él se iba sacando el chaleco que tenía puesto. Al llegar a mi pieza, cerré la puerta con llave y él me tomó por detrás. Me besó el cuello y me abrazó, y luego me acostó en mi cama.
Me siguió besando, y comenzó a sacarme la ropa, primero la polera, y luego la parte de abajo del pijama. Me besó los pectorales y luego bajó por mi abdomen hasta mi pene, que obviamente ya estaba completamente erecto. Se lo metió a la boca y aplicó todo lo aprendido en el año. Luego se desvistió él, sin permitirme levantarme para ayudarlo (“Hoy es tu día, yo haré toda la pega”, me dijo) y se puso encima de mí en posición de 69. Yo con gusto le hice sexo oral mientras recibía lo mismo de su parte, aunque en un momento me enfoqué mas en su parte trasera.
Estaba chupando su pene, y luego comencé a lamerle las bolas y ya después me enfoqué completamente en su ano. Le hice un beso negro como hace rato no lo hacía. Pasaba mi lengua y metía mis dedos jugando con su próstata, lo cual producía gemidos de placer su parte. El placer que le produje con mis dedos fue tan intenso que tuvo que parar con el oral para poder gemir con tranquilidad.
Luego se enderezó y se sentó encima de mí, y acercó su rostro al mío para besarme. Comenzó a menear su cadera mientras me besaba, y eso hizo que me excitara más. Se volvió a enderezar y se levantó un poco para acomodar mi pene en su ano. Poco a poco comenzó a introducirlo, y cuando ya estaba completamente adentro se quedó quieto por un momento, respirando con los ojos cerrados. Luego los abrió y al verme soltó una risa tierna.
—Las cosas que hago por amor —me dijo, y me tomó las manos y las besó. Cuando lo hizo me fijé que tenía los nudillos rojos, como si hubiera golpeado algo con los puños.
Comenzó a mover la cadera de adelante hacia atrás, pero le costó un poco, así que se acuclilló y comenzó a saltar sobre mi pene. Le costó al principio, pero luego agarró la técnica y lo hizo más fácil y rápido. Al rato volvió a arrodillarse y a mover la cadera, y también pudo hacerlo mejor que al principio. Se detenía a ratos para acercarse a besarme, y luego volvía a enderezarse para seguir cabalgando. Se detuvo para hacerme sexo oral nuevamente y tras unos minutos disfrutando sus habilidades lingüísticas, aproveché la ocasión para enderezarme y dejarlo acostado boca abajo en la cama
Me acerqué a su culo y lo lamí ya en una posición más comoda. Abría y apretaba sus cachetes con mis manos mientras mi lengua jugaba alrededor de su ano. Él gozaba lo que le hacía mientras yo ya sentía que la lengua se me cansaba. Me acomodé para tomar el control de la situación y se lo metí lo mas brusco que pude.
Mi cadera se movía con fuerza de adelante hacia atrás, y el Huaso gemía con cada embestida.
—Más rápido —me dijo el Huaso entre gemidos de placer, y yo le hice caso, lo hice lo más rápido que pude por un par de minutos hasta que él acabó con un orgasmo. Yo me detuve rápidamente y lo voltié para ver lo que había hecho. Todo su semen sobre mi cama, pero no me importó. Me acerqué para chupar su pene recién acabado, y probé un poco del semen que aún quedaba en él, provocándole espasmos en todo el cuerpo.
Luego acerqué mi pene a su boca y él de inmediato comenzó a mamar. Lo hizo con gusto haciéndome gemir igualmente. Escuchó como mis gemidos se hacían cada vez mas intensos, y él respondía con mayor entusiasmo, haciéndome acabar en su boca. No me permitió sacarlo, siguió mamando hasta que mi pene quedó flácido, y ahí por fin, se acercó a besarme, dándome a probar mi propio semen.
Se acostó a mi lado y me abrazó.
—Nunca más te haré sufrir ¿ya? —me dijo al oído.
—Yo tampoco te haré sufrir. O al menos intentaré no hacerlo —le prometí.
—Y prometo no ponerme weon por el Bryan. Aunque me caiga mal.
—Tonto —me reí—. Deberían volver a ser amigos.
—¿Qué te pasó ahí? —le pregunté acariciándole los nudillos.
—Ah… es que —comenzó diciendo mientras se acomodaba en la cama, para sentarse mirándome a la cara—, bueno, el lunes le pegue a ese weon del Marcelo.
—¿Por qué? —pregunté sorprendido y acomodándome para sentarme también.
—Es que ese dia se puso a hablar weas… sobre ti, y me enojé y le pegué.
—Ya pero ¿Qué cosas? —me estaba desesperando un poco y sentía el corazón latir a mil por hora.
—Ya, calmate, te contaré todo del principio —tomó aire y luego comenzó—. Cuando yo le dije a la Claudia que te hablara por WhatsApp para que fuerai a su casa, porque quería verte, el Marcelo escuchó tu nombre, y dijo “¿y pa que quieren que venga ese weon?”, y le dijimos que porque erai amigo de nosotros po, pero el weon pensó que como erai nuevo en el grupo podía hablar weas malas de ti. Empezó a decir que le caiai mal, y ahí yo me enojé, pero lo dejé pasar, porque puta me daba lo mismo si le caiai mal po, uno no siempre le puede caer bien a todo el mundo. Pero después el weon siguió, y empezó a decir que —se detuvo, como pensando si decirme o no, pero luego continuó—, “ese weon maraco debe andar ocupao pegándose el sida con algún fleto ahora”, y puta me molestó la wea po, me tire encima de el y le saqué la chucha. El Víctor se acercó a separarme, pero no pudo, porque igual es re flacuchento. La wea es que le grité “el Larry es mi pololo y si seguí hablando mal de él te voy a volver a sacar la chucha” —me llevé las manos a la boca, sin creer lo que me contaba—. El guatón no hizo nada, no se defendió ni nada, agarró su mochila nomas y se fue… y bueno ahí me quedé yo con los puños pa la cagá, me corrían las lágrimas de rabia y el Victor me abrazó y me dijo que me calmara y la Claudia fue a buscar su botiquín —lo abracé y me puse a llorar, no pensé que jamás haría lo que hizo. Yo ya había asumido que viviríamos nuestro pololeo en secreto por siempre.
—Gracias por defenderme —le dije.
—Ahí me di cuenta de que puta que había sido weon —me dijo con la voz temblorosa otra vez—. Te amo y no quiero que nadie hable mal de ti.
—¿Y que dijeron la Claudia con el Victor? —le pregunté después que pasó la emoción de su confesión.
—Puta, dijeron que ya era hora que saliera del closet. Que no eran weones y que se notaba que teníamos algo —se sonrojó.
—¿Viste que no era tan malo? —le comenté.
—Si… bueno igual les pedí que por favor no le dijeran a nadie, y estuvieron de acuerdo. Aunque supongo que al menos la Claudia no se va a aguantar y le va a contar a la Cata. Y en verdad como que no me importa que ellos, los más cercanos se enteren. Yo solo quiero ser feliz contigo.
Nos besamos y nos quedamos un rato acostados, y luego nos fuimos a bañar rápido antes de que volvieran mis padres. Él se fue a su casa a buscar las cosas para ir a la U en la tarde, y yo me quedé en mi casa, aún en el cielo, por saber que el Huaso me defendió de un sacoweas y mas encima se atrevió a asumir nuestro pololeo frente a otras personas. Ese fue el mejor cumpleaños que había tenido.
Siguiente Capítulo: Fuera del Closet