El Huaso, parte 17: Bryan
Por fin llegó el viernes y el Huaso estaba muy ganoso. En cada oportunidad que tenía me decía al oído lo que me haría apenas estuviéramos solos.
—Consíguete muletas por mientras —me dijo mientras esperábamos que llegara el profe de nuestra última clase, al medio día.
—Oye ya, ¿pero como tanto? —le pregunte en voz baja—, como tanto si no han pasado ni dos días desde que…
—Si pero dos días desde que tu la pusiste —argumentó—, no te la pongo de hace semanas.
—Mentira weon, la ultima vez fue la semana pasada —me reí por su descaro.
—Bueno, la wea, siento como su hubieran pasado meses. Estoy que te agarro y te llevo a la casa altiro y faltamos a esta clase culia fome —cuando terminó la frase justo apareció el profe y tuvimos que entrar a la sala.
Entramos a la clase y nos aburrimos como ostras. Estuve a punto de quedarme dormido porque había dormido poco la noche anterior porque llegué tarde a mi casa y me tuve que levantar muy temprano.
Al terminar la clase, el Huaso salió altiro de la sala, y yo lo seguí.
—¿Tu casa o la mía? —me preguntó mientras bajábamos a tomar la micro.
—La mía, aprovechando que mis papás van a viajar —le respondí.
—No po wn, la mía más cerca —me rogó.
—Sale, si dijiste que me vay a dejar pa la cagá, ni cagando ando en micro después —lo convencí con mi argumento.
Al llegar a la parada, mientras esperábamos la micro, apareció el Bryan con la Cata, ambos con los celulares en la mano.
—Tan rápido que salieron —nos comentó el Bryan—, ¿se van a divertir sin nosotros?
—Es que el Larry me pidió que lo acompañara a comprarse un polerón —inventó el Huaso—. Aparte, ¿ustedes que hacen acá? Se supone que tienen el lab a la tarde.
—Si, pero la profe mandó un correo diciendo que se cancelaba, y que lo recuperábamos la otra semana —explicó la Cata—. De hecho veníamos a decirles que con los niños pensábamos ir a ver El Conjuro.
—Así mientras hacemos hora, ustedes se van a comprar —complementó el Bryan, ajustando todos los planes. Con el Huaso quedamos sin palabras, y pasaron un par de segundos antes de que él respondiera.
—Es que ando sin plata —dijo poniendo cara de tener ganas de ir, pero no poder.
—No importa, yo te la pago, después me la pagai con una chela —ofreció el Bryan, con una sonrisa en la cara.
—Ya po, vamos —dije yo, antes de levantar más sospechas, y pude ver que el Huaso se enojó.
Esperamos que llegaran los demás y tomamos la micro. Me subí primero y me fui a la última fila de asientos, que estaba vacía, y me senté hacia la ventana de la izquierda; el Huaso venía atrás mío, pero se sentó en el asiento frente al mío, dándome la espalda; luego el Bryan, la Cata y la Claudia se sentaron en orden a mi lado, y el Victor se sentó al lado del Huaso.
—¿Les arruinamos algún plan? —me preguntó el Bryan, preocupado y en voz baja.
—No, ¿por qué? —le pregunté haciéndome el tonto.
—Porque el Huaso anda con el medio caracho po —dijo indicándome con su mentón la nuca del Huaso, que iba mirando por la ventana. El Víctor se había cansado de recibir sus respuestas monosilábicas, así que se volteó para conversar con las niñas.
—Debe ser porque no le gusta que le paguen. Es medio orgulloso —traté de convencerlo.
—Sí, debe ser eso —coincidió conmigo después de pensar un rato.
Al llegar al mall fuimos altiro a comprar las entradas, y luego fuimos al Doggis a “almorzar”.
—Mientras nosotros hacemos la fila, ustedes pueden ir a comprar lo que tenían que comprar —sugirió la Claudia.
Nosotros aceptamos la sugerencia (en realidad fui yo el que aceptó), dijimos lo que íbamos a pedir, pasamos la plata y nos fuimos. Apenas estuvimos lo suficientemente lejos para que no escucharan, le hablé.
—La preguntita —dijo con la mirada al frente, sin mirarme.
—Por lo menos dime qué les debimos haber dicho, porque yo feliz les decía “no podemos ir con ustedes porque tenemos que ir a culiar” —al escucharme decir eso se detuvo y cerró los ojos, conteniendo la ira, al saber que no teníamos otra opción.
—No sé, cualquier wea —respondió después de unos segundos, y volvió a caminar sin mirarme.
Bajamos la escalera mecánica en silencio y nos fuimos a la sección de ropa masculina. Se puso a mirar sin ganas la ropa, lo que me dio una idea. Fui a buscar un pantalón cualquiera y volví donde el Huaso.
—Igual, si querí me podí ayudar a probarme este pantalón —le dije tratando de ser lo mas obvio posible.
—¿Y pa que querí que te ayude a probar esa wea fea? — me preguntó aún enojado, al ver el pantalón de tela rojo 4 tallas más grandes que la mía.
—Pa niuna wea —le dije, un poco sobrepasado por su actitud. Me fui a devolver el pantalón (de verdad era horrible) a donde lo había sacado.
—Éste pruébate —me dijo mostrándome un jeans azul normal, pero una talla mas cercana a la mía. Aún estaba serio—. Te va a quedar bueno.
Lo agarré altiro y un par más, y antes de acercarnos a los vestidores le pasé uno de los jeans al Huaso.
—Vay a entrar conmigo a probarte este también —le dije.
—¿Y por qué querí que entre contigo? —me preguntó. Respiré hondo para evitar gritarle.
—Sígueme la corriente nomas, weon —le respondí ya superado por su lentitud, aunque con mi última palabra pareció entender el plan ya que sonrió un poco.
Al llegar a los probadores yo me encargué de la situación.
—Vamos a pasar juntos —le dije a la señora encargada, quien nos miró con una permanente cara de amargura.
—De a uno por probador —respondió ella.
—Lo que pasa es que mi hermano tiene problemas en las articulaciones de los dedos y necesita ayuda para vestirse —intervino el huaso, y yo agaché la mirada fingiendo vergüenza y escondiendo notoriamente las manos entre la ropa.
La señora se compró la excusa y nos dejó pasar juntos. Nos fuimos lento hasta el último probador y apenas cerramos la puerta, el Huaso me empujó contra el espejo y me besó con tanta pasión que pensé que pretendía dejar su lengua dentro de mi boca.
—Te gusta hacerme sufrir, weon —me dijo aún serio después del beso, mientras me desabrochaba el pantalón, y me daba vuelta.
—No, espera —me resistí. Le bajé el pantalón y el bóxer, revelando su pene completamente erecto. Me senté en el banquillo, lo acerqué a mí y lo metí en mi boca. Con rápidos movimientos intenté inducirle el mayor placer en el limitado tiempo que teníamos, aunque al escucharlo respirar con mayor fuerza, disminuí el ritmo, hasta que se relajó un poco, y luego volví al ataque con un garganta profunda, el cual agradeció presionando mi cabeza por unos segundos, evitando que yo lo soltara, mientras con mis manos apretaba sus glúteos. Al cabo de unos segundos eternos, me soltó y yo me alejé lo mas lento y sin ruido que pude.
Me levanté, me giré y él entendió de inmediato: me bajó el pantalón y el bóxer, y sin previo aviso me lo metió. Me dolió un poco, pero la calentura pudo más, y el se dejó llevar, metiéndola rápido y profundo, pero lo detuve al chocar su pelvis con mis glúteos porque el sonido nos delataría. Volvió al ataque, esta vez con movimientos más cortos, para no chocar, aunque igual de rápido. Estuvimos un par de minutos, y luego le dije que se detuviera.
—No creai que con esta te salvai —me advirtió—, o que se me pasó el enojo.
—Si se te nota que seguí enojado —le dije con sarcasmo, mientras me abrochaba el pantalón, y me acerqué a besarlo.
—Podríamos estar en tu camita ahora —se acercó a mí y me tomó de la cintura—, acostaditos, orando para que recuperes la habilidad de mover las piernas.
—Ya si igual me dejaste un poco tiritón ahora —le dije, mirándome al espejo—. Dejaste la mitad de la pega hecha.
Salimos del probador tratando de no levantar sospechas y nos fuimos sin comprar nada, obvio.
—¿Te gustó? —le pregunté mientras íbamos subiendo la escalera.
—Me encantó —me dijo sonriendo—, aunque hubiera preferido sacarte en silla de ruedas de ahí.
Llegamos al patio de comida con las manos vacías. “No le gustó niuna wea” explicó el Huaso, sin necesidad de ahondar mas, nos sentamos a comer, y todos se dieron cuenta de su cambio de ánimo.
—¿Qué onda Larry?¿le pasaste la raja que volvió tan simpático el weon? —preguntó el Victor a modo de broma. Todos se rieron (incluidos nosotros, que nos hicimos los locos), menos el Bryan, que lo noté nervioso.
Terminamos de comer y nos fuimos al cine. Con el Huaso nos sentamos al final del grupo. Nos tomamos de la mano en la seguridad de la oscuridad de la sala, y lo sentía apretar mi mano en cada escena de miedo.
Al finalizar la película, como a las 6, los niños se pusieron de acuerdo en juntarse donde la Claudia a las 10. El victor subió a pie a su casa desde el mall, y la Cata se fue directo donde la Claudia con ella, y nos quedamos los tres.
—¿Larry te vas en la 4 cierto? —me preguntó el Bryan— vámonos juntos, que tengo que ir donde mi tía a buscar unas weas.
—No, el Larry se viene conmigo —dijo altiro el Huaso—, a buscar unos apuntes que me pasó mi madrina para la prueba.
—Ah ya —dijo el Bryan, un poco incómodo—, no importa, mejor voy otro dia. Me da paja irme solo en la micro.
—Mejor pásame los apuntes el lunes —le dije al Huaso, preocupado por la actitud del Bryan.
—Ya po, el lunes entonces —respondió el Huaso, poniendo altiro cara larga y acercándose a despedirse. Le dio un abrazo al Bryan y una leve sonrisa; a mi me dio la mano y apretó mas fuerte de lo debido, dejándola dolorida. Luego me dio un abrazo—. Vamos a tener que hablar —me dijo en voz baja al oído mientras me abrazaba.
—Dale —le respondí en voz baja también.
Se fue a tomar la micro, y nosotros hicimos lo mismo. Al subir a la micro al Bryan lo llamaron por teléfono, asi que estuvo todo el viaje hablando. Yo por mi parte aproveché de whatsappear al Huaso.
—Te amo, enojón —le escribí.
—Sorry, pero tenía que hacerlo, noté raro al Bryan.
—No sé. Quizás le pasa algo. Voy a ver que onda. Aunque ha estado todo el rato hablando por teléfono.
—Ya de ahí me contai que wea. Te amo.
Al bajarme de la micro, el Bryan seguía hablando por celu, asi que le hice señas de despedida, pero se paró y se bajó conmigo. Ante mi sorpresa, termino de hablar y me dijo.
—Perdona por no pescarte, era mi hermano que tenía dramas.
—Ah —fingí empatía—. Oye ¿y tu tía vive por acá? —le pregunté, aun sorprendido porque se bajara conmigo.
—No, era mentira lo de mi tía —me dijo mirándome serio—. Lo que pasa es que quería hablar contigo, y como que no encontré otra forma de hablar a solas contigo.
—¿Qué pasó? —me empecé a poner nervioso.
—¿Te puedo preguntar algo? —la pregunta más satánica que te pueden hacer. Estuve apunto de salir corriendo, pero después de pensar unos segundos mis opciones (que no tenía), le respondí.
—Sí, dale nomas —traté de fingir tranquilidad.
Despues de un par de segundo, que parecieron minutos, con la ansiedad carcomiendome por dentro, él finalmente preguntó.
—¿Tú tení algo con el Huaso?
Siguiente Capítulo: Confesiones, Fantasmas y Sorpresas