Vendí a mi corazón y lo cambié por el vacío, la nostalgia y el hastío. Los días son una transfiguración de lo que solía ser la vida y el arrítmico caminar cansado de mi pecho, me acompaña en el melifluo de las horas como una larga cadena disfrazada de libertad. Una melancolía que no me impide ponerme el antifaz de felicidad y cordura, pero que envenena aquella herida de cansancio mental que no se cierra, que me infecta el alma y apaga el brillo de mis ojos.
Estoy cansada. Ya no quiero estar aquí.















