Nos metimos a la iglesia porque pensamos que allí Dios nos protegería.” Ernesto Ortiz, quien en Bojayá perdió a su esposa y a dos de sus cuatro hijos. “¡Dios mío!, ¿qué hemos hecho?”. Exclamación, de rodillas, en Bojayá, de joven guerrilera, combatiente ... . Negros, ya no vivos, – niños y grandes - vuestra sangre, aguas abajo por el Río Atrato, ha llegado a los confines de los mares y de los lejanos cielos. En las playas del África, en la cresta ahora rosada de las olas, la ven y la sienten vuestros hermanos negros. Lloran y, bravos, tocan duro sus tambores amarillos. Negros y blancos, ya no vivos, de los pueblos de Colombia –niños y grandes, inocentes y culpables- vuestra sangre, hermanada con las aguas, ha pintado las nubes. Ha tinturado los hilos de la lluvia. Como en los perennes aguaceros del Chocó, agua-rosa caerá sobre la tierra entera y con la algarabía roja de los loros verdes y azulados nos recordarán el horror de las masacres y la tristeza del caudaloso río ensangrentado. - Gabriel Ruiz A.