"El libro de las hermanas", de Amélie Nothomb

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"El libro de las hermanas", de Amélie Nothomb

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"Brooklyn Follies", de Paul Auster en la #LíneaB
"La llamada", de Leila Guerriero en la #LíneaC
When I was around 17 years old, I learned about this book through the coordinator of a writing group for teenagers that I was a part of. She said that she reread it every year. I tried to read it at the time (in Spanish) but didn't make it very far. I still haven't read it. But I became obsessed with this cover art and have thought about it ever since. Only I always misremember it: I always think that the woman in the chair is weeping into her hands. Well, maybe she is weeping. We can't see for sure. Maybe it doesn't matter.
I can't recall now why I felt so transfixed by this image originally. I doubt I would have connected it with my own experience. I found it haunting and expressive of something important, maybe the most important thing of all. This sounds very dramatic of me but I'm not sure I've ever felt more like this image than I do right now.
La superioridad estética de Anagrama es indiscutible

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"Las partículas elementales", de Michel Houellebecq en la #LíneaB.
Título: Harvey Autora: Emma Cline Editorial: Anagrama Soporte: Físico Resumen: 24hs previas a su veredicto nos metemos en la mente de Harvey Weistein. Delirio místico, de grandeza, negación, juegos de poder y narcicismo. Una visión en primera persona del hombre blanco rico cis heterosexual en su máxima expresión. – C. lo recomendó por Leer desde el punto de vista de los malos, el antihéroe y me pareció interesante. Lo pedí en una lista de cumpleaños creo que del 2021 y alguien me lo regaló, creo que Pili o Lula. – Quiero usar palabras grandes, casi clínicas, para describir científicamente a este tipo de personas —como Harvey Weinstein—, catalogarlos como pacientes dignos de un psiquiátrico aunque sean perfectamente funcionales a la sociedad. Y después caigo en la cuenta de que, en realidad, es la sociedad la que los moldea así.
Por lo tanto, me voy a limitar a decir que es un fascinante caso de un hijo sano del patriarcado en un ambiente ya de por sí capitalista que sobrevivió tanto tiempo porque era funcional para la industria.
Lo que me gustó muchísimo de este libro es que, más allá de que lo defenestra, se anima a abrir un poco la cabeza e imaginar cómo funciona por dentro alguien que claramente cree que lo que hace está bien, o al menos es normal. Y lo que construye se siente exactamente así: como si fuera tal cual lo que pasa adentro de esa cabeza.
Recuerdo terminar el libro y comentarlo con Mora. Ella tuvo que preguntarme: “Pero pará… ¿quién lo escribió? Porque no fue él”. Y yo: “Oooobvio que no. Solo que —Dios— es la única lógica posible para que él funcione.”
Esa fue mi sensación. La autora supo transmitir la incomodidad que generaba en los otros al imponerse ante ellos. Eso, para mí, fue brillante.
Es cortito. Lo leí en dos sentadas.
–
“-Oye, dime una cosa. Dime cuál es tu mantra. Ella se removió en su asiento, incómoda. -Vamos - respondió, intentando soltar una risita - Se supone que no deber decir nunca tu mantra.
-Ah, por favor, no te creerás esas cosas. Creo que tendrías que decírmelo.
-No debería, de verdad- respondió ella. Pero la cosa era esta: ambos supieron, tan pronto formuló la pregunta, que ella acabaría diciéndole su mantra. Solo quedaba saber cuánto tiempo llevaría, como serían los momentos entre la demanda de él y la capitulación de ella. Al final, para él, en último término, sería lo mismo, como cualquier otro triunfo. Solo el entretanto sería distinto, compuesto por una secuencia distinta de concesiones, as caractéristicas peculiares de cada persona. Alguna gente se resistía, otra no. Alguna gente se quedaba parada, inmóvil; otra se echaba a reír, de incomodidad. Las disfrutaba todas, incluso las victorias más triviales: eran como los dintintos sabores de helado. Y al final, él termianaba siempre saciado, la otra persona resoplando, entornado los ojos, removiéndose inquienta, una vergüenza nueva asomando en su cara.“ “Nadie quería reconocer lo débil, lo fácil de doblegar que era. Mucho mejor fingir que estabas de acuerdo, salvar la cara, incluso ante ti mismo.“
Título: Bajo este sol tremendo Autor: Carlos Busqued Editorial: Anagrama Soporte: Digital Resumen: Javier (aka Cetarti) Duarte y Danielito forjan una cierta camaradería delictiva gracias a una serie de eventos medio desafortunados que de azarosos tienen poco y nada.
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Veo pasar de tanto en tanto esos retuits de Busqued y siempre me pareció fascinante la oda a este chabón que veo en mi tl. No sé si por falta de contexto o por mera proyección lo catalogué en un levrero un poco más politizado pero no.
Lo bajé en uno de mia tantos episódios maníacos de descarga de libros de la biblio secreta.
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El libro, en cuanto a temática, no me gustó por cómo me hacía sentir. Lo que retrata de la gente es justamente eso que me hace perder un poco la fe en la humanidad. Más que por las atrocidades en sí, por la falta de culpa frente a ellas. Todo era cruento, violento, sucio, desagradable, medio esquizo y miserable.
De todas maneras, no solo se dejó leer por lo bien narrado que está, sino que lo leí en tres sentadas seguidas.
Siento que es una temática muy “chabón”, que interpela a ciertas masculinidades porque toca situaciones a las que los hombres suelen estar más expuestos que las mujeres en sus vidas. Hay algo de familiaridad en escenas del tipo: “esto me pasó una vez que mi primo me mostró…”, “el hermano mayor de mi mejor amigo nos dijo…” y etc.
Más allá de esto —que me hace saber que no soy el público ideal—ya a esta altura creo que puedo reconocer buena narrativa cuando la leo. Creo que en otro momento de mi vida lo hubiera abandonado en el primer tercio, pero estoy con ánimos raros y me sirvió para explorar algo denso que quiero escribir en algún momento.
Busqued no era para la Jula pre 2020, sin dudas.
Dicho esto, y sin quedarme en el registro reduccionista de “me hizo sentir cosas feas y no puedo salir de ahí”, también digo:
Más allá de que hay más malos que buenos —o, si se quiere, parecen ser todos malos en esta historia— hay distintos niveles de maldad, de vicio y de condena. Si bien los personajes hacen cosas horribles, hay un cierto dejo de asombro o de pena por lo que deben hacer o mejor dicho la naturalidad de las cosas hace que parezcan estar desensibilizados. A veces parecen más amables, o sentir más compasión, por los animales que por las personas.
Podría decirse que la crudeza a la que han tenido que enfrentarse en sus vidas los hizo así. Se lee entre líneas una condena social en los pagos del interior del país que parece decir: “estas realidades no son para los débiles” y “el frágil acá es papilla para los que aguantan”.
Termina retratando una supervivencia primitiva de la supuesta humanidad que tenemos. Sabemos que el NOA, las sierras y esas zonas más hostiles del interior no perdonan, y al parecer parte de sus habitantes tampoco.
Ese subtono atraviesa toda la historia y la vuelve algo entre gore e hipnótica. Es, en parte, una arista de la naturaleza humana que no podemos negar.
Me gusta que el libro no traiga moralina ni crítica explícita al respecto. Solo dice: esto también sucede aquí. Esto también somos nosotros.
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No recopilé pasajes dignos más como es mi costumbre preferida dejo un extracto donde aparece el título de la obra y también un guiño al arte de tapa.
“–Pobrecito, todos estos años bajo este sol tremendo.
Cavó con aprensión. La tierra era blanda pero no tenía ningún impulso de apurar los movimientos. Estaba empapado de sudor. Alrededor del cementerio había una isla de descampado y cien metros después el monte cerrado. Recordó el documental sobre los elefantes del Mal Bazaar. Se imaginó uno de esos elefantes saliendo de la selva. Imaginó que los encaraba. Un cuerpo complejo y poderoso que hacía vibrar la tierra a cada paso. Pero el elefante no lo atacaría, pensó. Se acercaría a ellos con calma y cierta curiosidad. Se quedaría al lado de ellos tocándolos suavemente con la trompa. Y después caería al piso. O se desvanecería en el aire. O cualquier otra cosa. Pero no les haría daño. <Casi todos los mahuts son alcohólicos>, recordó. Qué bueno ser alcohólico, pensó, qué bueno ser asesinado por un elefante. Cualquier otra cosa”.