Uff, esto duele. Pero hay que hablarlo. Vamos con la Hipocresía del Orden Absoluto. Hoy la vemos clarísima en el choque entre el Discurso de Transparencia Corporativa y las Prácticas Comerciales Reales.
Fíjate cómo funciona. Las grandes tecnológicas, los bancos, las corporaciones, salen en público con un discazo. "Somos éticos", "Lo nuestro es el usuario", "Respetamos el medio ambiente". Montan una cortina de humo de perfección.
Pon un ejemplo. Una empresa gigante de tecnología. Lanza campañas súper emotivas diciendo que tu privacidad es sagrada, que tus datos están blindados. Todo bonito, ¿no?
Pero luego, detrás de la cortina, está el otro lado. La hipocresía sale a la luz con las prácticas ocultas. Esa misma empresa, para ganar más, filtra tus datos con terceros. O usa métodos raros de recolección. O su cadena de producción está destrozando el planeta.
¿Qué significa esto? Pues que el Orden Absoluto de la empresa, su supuesta autoridad ética, se cae. Ellos mismos incumplen sus propias reglas. Venden pureza, pero por dentro guardan verdades que no cuentan.
Y ojo al impacto en tu mente. Esto te genera un Disonancia Cognitiva de la buena. Por un lado, tú quieres creer en su discurso. Te da seguridad, te da confianza pensar que son perfectos. Pero por otro lado, ves los escándalos en las noticias, lees filtraciones, o tú mismo lo sufres en tus carnes.
¿Qué haces entonces con esa contradicción? Tu cabeza tiene que decidir. Opción A: mirar para otro lado. Por comodidad, sigues usando la app, compras el producto, y te olvidas. Eso es sumisión al sistema. Opción B: intentas racionalizarlo. "Bueno, son malos, pero es que los demás son peores", "Tienen fallos, pero son necesarios".
Y mientras tu mente está en ese lío, pasa algo importante. Se te agota la energía para cuestionar el sistema. La hipocresía te cansa, te confunde. Y al final, sin darte cuenta, te empujan a la aceptación. Te callan la crítica. ¿A ti qué te pasa cuando te enteras de estas contradicciones? Telegram, Spotify