No me gana nadie en esto
Así iba acumulando botellas vacías en un rincón de mi casa, como si algún día pudieran servir para algo.
Como si fueran algún tipo de reconocimiento.
Pero tenerlas ahí era, en cierto modo, conservar un recuerdo. Un souvenir.
No de alguna victoria, sino de derrotas acumuladas.
Las copas rotas eran mis medallas.
Y las resacas del día siguiente, los récords que iba superando.











